¿Recuerdas esa vez que visitaste el piso nuevo de tu amigo y al entrar en su salón ultramoderno, con paredes blanquísimas y muebles minimalistas en negro, te invadió cierto desasosiego? ¿O aquella habitación de hotel, decorada en tonos rosas, en la que te sentiste como en casa, a pesar de que tu dormitorio es azul y beige? Seguro que has pasado por estas experiencias u otras similares al pisar un espacio por primera vez y, aparte de los gustos personales, de la decoración y de la arquitectura del lugar, existe una razón muy básica de que te sientas así: los colores de ese espacio en cuestión pueden modificar tus emociones.

Si cuando entras en un sitio te sientes a gusto o, por el contrario, te entran unas inexplicables ganas de irte, la explicación está en tu cerebro. Al percibir un color, además de identificar de qué color se trata, la mente produce otros dos tipos de experiencias relacionadas con él. En primer lugar, experimentas una sensación según las características objetivas del tono: si es frío o cálido, si está más o menos saturado, etc. Por otro lado, cada color provoca una emoción que, aunque personal, encuentra sus raíces en la cultura y en la educación, por lo que son comunes a todos los miembros de una misma sociedad.

Conociendo qué efectos produce cada tono sobre el ser humano, los colores se pueden utilizar para conseguir un objetivo. Algunos campos, como el marketing y la publicidad, se benefician desde hace mucho del factor cromático para predisponer al consumidor hacia un comportamiento. ¿Por qué no emplear esta estrategia en tu hogar y lograr que el colorido de cada habitación de la casa potencie la función para la que ha sido creada?

Los tonos cálidos crean espacios más acogedores. Foto: Westwind.

TONOS FRÍOS Y TONOS CÁLIDOS

Para empezar a diseñar el ‘pantone’ de tu casa, debes conocer las sensaciones que producen los dos grupos en los que está dividido el círculo cromático: colores fríos y colores calientes. La primera sección está formada por todos los tonos de azul, verde y violeta. Cuando los muebles de una habitación están tintados en alguno de estos colores, su tamaño disminuye visualmente en el conjunto. Pero si se trata de las paredes, el techo, el suelo o una pieza de mobiliario grande, como una estantería, los percibes más grandes de lo que realmente son.

Las infinitas versiones del rojo, el naranja y el amarillo forman el semicírculo de los colores cálidos. Estos tonos atrapan al ojo y producen un efecto visual contrario a los fríos. Así, un sofá rojo, por ejemplo, parece de un tamaño mayor al que tiene en realidad, pero si son las paredes de una habitación las que están pintadas de naranja, el volumen de este local se reduce a la vista. Otra diferencia que se aplica en la decoración es que los colores cálidos, en general, dan energía y crean espacios más acogedores, mientras que los fríos tranquilizan y relajan. En este sentido, puedes utilizar la decoración contra el estrés.

UNA EMOCIÓN PARA CADA COLOR

Si los efectos del colorido se redujeran a los anteriores, sería bastante sencillo decorar un espacio. Sin embargo, al percibir un color, el cerebro va más allá de sus características físicas y de la sensación que estas provocan, y acompaña la experiencia fisiológica de un sentimiento, una emoción. La psicología del color estudia la relación entre los colores y las emociones, así como el límite entre la experiencia objetiva y la subjetiva en la percepción de un tono.

En 1810, el poeta y científico alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749–1832) publicó la Teoría del Color. Para Goethe, la percepción del color era puramente subjetiva porque cada tono provoca unos efectos psicológicos diferentes en cada persona, una serie de sensaciones individuales. En su momento, esta teoría generó una gran polémica, puesto que se opone a los principios científicos de la óptica desarrollados por Isaac Newton y significaría que cada uno percibe los colores de manera distinta.

Los colores fríos, como el azul y el gris, transmiten tranquilidad. Foto: Maisons du Monde.

Hoy, la Teoría del Color de Goethe sigue resultando­ cuestionable, lo que no ha impedido que sea el punto de partida de otras tesis más respaldadas por la comunidad científica. Es el caso de la investigación que la psicóloga Eva Heller (1948–2008) plasmó en ‘Psicología del color. Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón’ (puedes comprarlo aquí), la obra más leída sobre el tema.

En esta publicación, Heller trata de explicar los sentimientos que provoca cada color. Se opone a la Teoría de Goethe con un argumento fundamental: es la cultura, y no cada persona, la que añade unas connotaciones concretas a un color determinado. Cada individuo crece en el marco de una sociedad e interioriza el significado tradicional de los colores. Y esta es la razón de que, tanto tú como todos aquellas personas que conoces, relacionéis el verde con la esperanza, el rojo con la pasión o el negro con la muerte.

Además de a través de la cultura, algunos psicólogos defienden que el significado subjetivo de cada tinte es producto del aprendizaje. Si te parece una locura, piensa en por qué relacionas el rojo con una situación de peligro (¿de qué color era el rotulador con el que tu profesor corregía tus exámenes y redacciones?) o por qué el azul te transmite tranquilidad (¿tendrá algo que ver con el mar, el cielo de verano, las vacaciones…?).

Sea a causa de la tradición cultural o de las experiencias de la infancia, está claro que cada color tiene unas connotaciones compartidas, al menos por todos los individuos de una misma sociedad. Estas relaciones ‘color–emoción’ que explora la psicología se aprovechan en campos tan diversos como la colorterapia, la moda o el arte. Y, combinadas con los distintos efectos visuales que producen los tonos cálidos y los fríos, sirven para fines tan prácticos como el que sigue: encontrar el color perfecto para cada espacio de tu casa.

El color amarillo da energía y el rojo abre el apetito. Foto: Maisons du Monde.

EL COLOR PERFECTO PARA…

- TU DORMITORIO: Siempre se ha dicho que el color verde es el color más adecuado para dormir bien porque favorece la tranquilidad y transmite bienestar. Sin embargo, es posible que sea mejor elegir otro color de la gama fría, el azul. Según un estudio llevado a cabo en 2013 por Travelodge (puedes verlo aquí), las personas que más horas duermen de media son aquellas cuyo dormitorio está protagonizado por tonos de esta última gama, 7h52 de sueño, frente a las 5h56 de las que descansan en espacios púrpuras. 

A esto, hay que sumarle otro dato igualmente interesante: quienes tienen un dormitorio azul practican sexo todos los días. Por el contrario, y contra todo pronóstico, las personas que duermen rodeadas de rojo solo mantienen relaciones sexuales una vez a la semana. ¿Eligió mal el color de su habitación secreta Christian Grey?

Por lo tanto, para lograr una habitación de ensueño, deberás pintar las paredes de azul, a no ser que sus dimensiones sean muy reducidas. Entonces, será mejor relegar el color del mar a las piezas de mobiliario y a los detalles decorativos, y que tanto los paramentos verticales como el techo sean blancos, porque así ganarás amplitud visual.

- EL DORMITORIO DE LOS NIÑOS: Junto al azul o el verde, las tonalidades más suaves de rosa pueden ser una buena elección, porque dicho color relaja. De hecho, las celdas de algunas cárceles están pintadas de rosa para tratar de mantener a los presos tranquilos. Por el contrario, el color que siempre deberás evitar en la habitación de tus hijos es el amarillo, porque provoca ansiedad y, según se ha demostrado, hace llorar a los niños (puedes verlo aquí)

Las paredes blancas amplían visualmente el espacio, además de transmitir pureza. Foto: Zara Home.

- LA COCINA: Para uno de los espacios que primero visitas al levantarte, en busca de un desayuno que te dé energía, deberías escoger un color igualmente vigorizante. El amarillo, en este caso, resulta perfecto porque pone en funcionamiento el metabolismo e impulsa tu energía, además de dar luz a un espacio que generalmente suele ser más pequeño de lo que te gustaría. Si no te atreves a pintar las paredes de tu cocina de amarillo chillón, ¿qué tal una cafetera de este tono para que el primer café te despierte de verdad?

- EL SALÓN: En primer lugar, deberás plantearte sus dimensiones. Si tu salón es pequeño, opta por tonos claros y fríos para las paredes: blanco roto, gris muy suave, azul claro… Si, por el contrario, es demasiado grande o tienes muy pocos muebles, puedes utilizar colores más vibrantes, tanto en las paredes como en grandes piezas de mobiliario, para controlar la escala del espacio. Si eliges el color lavanda, además, tu salón será el lugar de tranquilidad que necesitas al volver del trabajo, porque la gama de los tintes morados calma los nervios.

- EL COMEDOR: Para decorar el entorno en el que vas a comer resulta especialmente interesante aliarse con la psicología del color, porque cada tono tiene un influjo directo sobre el apetito. Si quieres comer con ganas, opta por el rojo porque abrirá tu estómago, pero si estás a régimen, haz que domine el azul, especialmente en tu vajilla.

- EL ESPACIO DE TRABAJO: De nuevo, el color preferido de la mayoría de la gente, el azul (puedes ver más información aquí), es el ganador ya que, además de relajar, se relaciona con la concentración. Si te dedicas a una profesión artística, tal vez deberías pintar las paredes de tu taller de color violeta, porque es el tono que más incita a la creatividad.

PÍLDORAS DECO DE COLOR

 

- Una cafetera amarilla de Nespresso… para empezar el día con doble dosis de energía. Puedes comprarlo aquí. 

- Una butaca azul de Kave home… para concentrarse en la lectura. Puedes comprarlo aquí. 

- Una lámpara blanca de Zuiver… para ampliar con luz un espacio pequeño. Puedes comprarlo aquí. 

- Un plato pintado en colores pastel de Guille García-Hoz… para controlar el apetito. Puedes comprarlo aquí. 

- Una foto con tonos lavanda de Arthur Elgort… para relajarse en el salón. Puedes comprarlo aquí.