El strobing toma su nombre de las luces estroboscópicas y del efecto óptico que producen al iluminar objetos en movimiento mediante destellos. 

Esta técnica deja atrás las sombras y se centra únicamente en la luz. Su objetivo es iluminar ciertas áreas del rostro para lograr un equilibrio de rasgos muy natural. Si lo es tuyo es el menos es más, continua leyendo. Esta es la más indicada para ti.

Las herramientas son corrector e iluminador, preferiblemente en textura fluida, para conseguir un efecto más fresco y jugoso. Conviene especificar que corrector e iluminador son artículos distintos, a pesar de que a menudo las palabras se utilicen indistintamente.

Mientras que la finalidad del corrector es cubrir áreas con distinta pigmentación para igualar el tono (sobre todo las ojeras); el iluminador tiene partículas que reflejan la luz para acentuar esa zona. Dicho en otras palabras: si aplicamos directamente iluminador sobre las bolsas de los ojos, lo único que haremos será marcarlas más.

Los pasos a seguir son los siguientes: en primer lugar, previa aplicación de una base ligera o BB cream, procede a corregir aquellas regiones con desigualdades. Tras esto, échate iluminador en el hueso de la ceja, en el lagrimal, en la parte alta del pómulo, en el nacimiento y la punta de la nariz y en la barbilla. ¿El toque maestro? Coloca un poco del producto sobre la yema de un dedo y date ligeros toquecitos en el arco de Cupido o parte superior del labio.



El único riesgo que puede presentar esta técnica es que el exceso de iluminador te haga brillar en demasía. Recuerda ser prudente en su uso y matifica con polvos sueltos o espray de fijación. Además, si tienes la piel grasa o tienes tendencia a sudar, opta por su versión en polvo, para evitar que los destellos pasen a inundar todas tus facciones.