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    Una boda que parecía perfecta (pero no lo era)

    El 19 de mayo de 2018 medio mundo dirigió sus ojos hacia el Castillo de Windsor donde Harry y Meghan pronunciaron el solemne 'I do' -'Sí, quiero'- ante las personalidades más importantes de Reino Unido y Estados Unidos. Los recién casados posaron a la salida de la capilla San Jorge y se fundieron en un bello beso con el que sellaban su enlace de cuento de hadas. Sin embargo, no todo lo que se veía en imagen era tan bonito como parecía.

    Han tenido que pasar tres años para que los protagonistas desvelaran la realidad detrás de esa idílica estampa. La propia Meghan ha confesado que días antes de su boda lloró sin cesar por un 'desplante' de su cuñada, que las dificultades con la Familia Real era cada vez mayores y que la sonrisa que mostró en todo momento no era real.

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    Una reforma con fondos públicos

    Frogmore Cottage sigue siendo a día de hoy la residencia oficial en la que los duques de Sussex residirían al volver puntualmente a Reino Unido -de hecho, es donde Harry guardó la cuarentena en su vuelta para el descubrimiento de la estatua en homenaje a su madre-. El inmueble, lugar elegido para tomar las fotografías de su compromiso, también se convirtió en centro de una gran polémica cuando se conocieron los detalles de la reforma que la pareja había llevado a cabo en ella.



    Los duques siempre han tenido el deseo de vivir alejados de la gran ciudad y criar a su hijo -entonces Lilibet no había nacido- en un entorno natural. Esta fue una de las razones por las que eligieron esta residencia, pero para adaptarla a sus necesidades acometieron unas obras invirtiendo 2,7 millones de euros, algo que sufragaron con dinero público. Tal fueron las feroces críticas que en septiembre de 2020 Harry y Meghan decidieron devolver el dinero al Fondo Soberano. Este también fue el lugar donde se tomaron las fotografías de su compromiso.

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    Thomas, el polémico padre de Meghan

    Desde que se hizo público el compromiso de Meghan Markle con el príncipe Harry el objetivo del padre de esta siempre ha sido sacar partido a la privilegiada posición de su hija. Esto queda comprobado al revisar cómo se ha conducido en sus actos: días antes de la boda intentó vender imágenes privadas de sus hijas a los 'paparazzi' y después vinieron las cartas a los tabloides para pedir públicamente que su hija le deje retomar la relación con sus nietos. Pero el que fuera trabajador de Hollywood ha ido más lejos. Recientemente ha concedido una entrevista a Fox News, en la que ha admitido que, gracias a la labor de la justicia, podrá ver y abrazar a sus nietos "en un futuro muy cercano". De esta manera, el abuelo de Archie y Lili deja en el aire la posibilidad de poner este asunto en manos de los tribunales.

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    La factura de la 'baby shower'

    Meghan Markle ha nacido y ha crecido en California y, a pesar de la constricción de palacio, no ha querido renunciar a algunas de las tradiciones más arraigadas de su país. Estando embarazada de Archie, voló a Manhattan durante cinco días para disfrutar de la 'baby shower' -este es un evento de origen americano que celebra la llegada de los bebés cuando la futura mamá está embarazada- que algunas conocidas amigas le habían preparado. Entre este grupo se encontraban la tenista Serena Williams, la diseñadora Misha Nonoo y la abogada Amal Clooney. La duquesa se desplazó al otro lado del océano en 'jet' privado, y según publicaron algunos medios americanos la escapada ascendió a medio millón de dólares, algo que Meghan pagó en términos de críticas provenientes de la opinión pública. 

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    Su propio equipo médico y una 'doula'

    Según informaron las tabloides británicos, Meghan quiso marcar las normas que iban a regir su primer parto y esto significaba alejarse de lo que habían sido los alumbramientos de la Casa Real británica hasta entonces. Meghan rechazó ser asistida por el equipo médico de palacio, constituido por Alan Farthing y Guy Thorpe, los ginecólogos que han asistido a Kate Middleton en sus tres partos y contrató a su propio equipo. En este primer parto se rumoreó que la duquesa planeaba un parto en Frogmore Cottage, su residencia, sin embargo, el retraso en la fecha prevista para el nacimiento de Archie llevó a la duquesa a dar a luz, por recomendación médica en el centro privado Portland, en Londres. Además, tanto en este primer parto como en el de Lilibet -en el segundo caso, vía telefónica- contó con el apoyo de la 'doula' Gowri Motha, esta es una profesional que ofrece apoyo físico y emocional en este proceso a las futuras mamás.

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    Rompiendo tradiciones: el posado con Archie

    Meghan Markle estuvo decidida desde que puso un pie en Buckingham Palace a hacer las cosas a su manera. Sobre todo cuando se trataba de su maternidad y de sus hijos. La duquesa supuso un soplo de aire fresco para las arraigadas tradiciones de la corona británica y una de las normas no escritas que decidió no seguir fue el posado para presentar a su primogénito. Tanto lady Di como Kate Middleton siguieron la costumbre de hacerlo a las pocas horas de vida del recién nacido en las puertas del hospital. Sin embargo, Meghan y Harry esperaron a estar en el palacio de Windsor para presentar en sociedad a su primer hijo.

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    El viaje a Sudáfrica que detonó la bomba

    Fue en septiembre de 2019 cuando Harry y Meghan iniciaron una extensa gira por Sudáfrica acompañados por su primogénito, Archie. Durante esta estancia se pudo ver a la duquesa visiblemente cansada y, en un documental emitido por la cadena ITV, con los ojos llorosos agradecía al periodista que le preguntara cómo estaba pronunciando una frase que simbolizó el estado en el que la esposa de Harry se encontraba: "No muchas personas han preguntado si estoy bien. Pero mi lucha es algo muy real que sucede detrás de las cámaras", sentenció.

    Antes de este viaje, ya existían rumores que afirmaban que Harry y Megha planeaban mudarse al país africano tan amado por Lady Di con el objetivo de conseguir su ansiada tranquilidad. Meses después se descubriría que aunque equivocaron el destino, estas informaciones tenían algo de cierto.

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    El mal llamado 'Megxit'

    En noviembre de 2019 los duques, en una decisión sin precedentes, anunciaron que no pasarían la Navidad con la reina Isabel, sino que lo harían en California con la madre de Meghan. Tras esto, en enero se produjo el comunicado oficial que hacía público su deseo de dejar de ser miembros sénior de la realeza británica y ser económicamente independientes. La opinión pública y la prensa local no dudó en cargar todo el peso de la 'culpa' sobre Meghan separando al príncipe Harry de toda responsabilidad en la decisión. De hecho, el sobrenombre que se le adjudicó a esta etapa de transición, Megxit, es una fusión entre 'exit' -salida, en inglés- y el nombre de la esposa de Harry.

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    La última y tensa celebración

    Una vez conocido el deseo de los duques de Sussex de independizarse, a petición de la Reina, volvieron una vez más a Reino Unido para presenciar la celebración de la Commonwealth en marzo de 2020. Este fue el último acto oficial en el que se pudo ver a Meghan y la tensión entre los duques de Cambridge y los duques de Sussex era palpable. La esposa de Harry a su llegada solo pronunció un tímido 'hi' -hola-, que fue muy comentado por la prensa. La frialdad reinó durante todo el acto y no hubo ningún gesto de cariño entre Harry, Guillermo, Meghan y Kate.

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    La entrevista a Oprah Winfrey

    Tras meses estando en centro del huracán mediático, los duques de Sussex decidieron romper su silencio en una entrevista concedida a Oprah Winfrey a principios de 2021. Estas descarnadas palabras que pronunciaron tanto Harry como Meghan dieron la vuelta al mundo. Entre todas las declaraciones concedidas por la duquesa a su amiga y vecina, las palabras de Meghan sobre el poco asesoramiento que recibió a su llegada a palacio, el cuestionamiento sobre el color de piel que tendría Archie y sus pensamientos suicidas a raíz de la situación "casi imposible de soportar" que vivió como miembro de la corona, fueron algunas de las primicias que pusieron a la Casa Real británica en el punto de mira y acentuaron el distanciamiento de los duques con la institución.

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    Guerra abierta con Kate Middleton

    A pesar de que la corona se ha afanado en mostrar una relación idílica entre Meghan Markle y Kate Middleton es evidente que las esposas de Harry y Guillermo de Inglaterra tienen caracteres muy dispares. Algunos medios publicaron que la tensión entre las cuñadas llegó a su punto álgido durante el enlace de Meghan y Harry. En esos momentos se dijo que Meghan había hecho llorar a Kate por un asunto relacionado con el vestido que lucía Charlotte. Sin embargo, la duquesa de Sussex ha desmentido esta versión y durante la entrevista concedida a Oprah Winfrey afirmó que los acontecimientos sucedieron al contrario. Según Meghan fue Kate la que le provocó las lágrimas a ella e incluso, arrepentida, tras el incidente se disculpó enviándole un ramo de flores acompañado de una nota. 

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    Batalla judicial con el servicio

    Fue a principios de 2021, tras la explosiva entrevista que los duques concedieron a Oprah Winfrey, cuando salieron a la luz las denuncias que algunos integrantes del personal de servicio del palacio de Kensigngton interpusieron contra el trato recibido por Meghan Markle en octubre de 2018. Actualmente la investigación por supuesto acoso e intimidación está abierta y el proceso "en curso". Esta pesquisa, que comenzó en marzo de 2021 de forma oficial, está siendo realizada por un bufete de abogados independiente tras ser calificada como "altamente sensible" hacia la Casa Real Británica.

    Aunque los resultados trazados por la investigación se esperaban para el mes de junio, coincidiendo con la publicación del informe anual de Sovereign Grant, lo cierto es que todavía no se ha producido. Este veredicto podría aplazarse y trasladarse hacia el próximo 2022, lo que podría responder a la llegada de nuevos puntos de vistas y declaraciones.

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    Sin foto de Lilibet Diana

    La ausencia de los duques de Sussex de los compromisos oficiales también se ha reflejado en su vida privada. Nada ha tenido que ver la manera en que Harry y Meghan han gestionado el embarazo, parto y nacimiento de su segunda hija respecto a la opinión pública, comparado con el del pequeño Archie. Y es que casi no han trascendido detalles, ni fotografías de cómo ha sido la gestación de la pequeña Lilibet Diana desde que se hiciera oficial el segundo embarazo de la duquesa. De hecho, a día de hoy no existe una fotografía pública mediante la que el pueblo británico pueda poner rostro a la persona que ocupa el octavo puesto en la línea de sucesión al trono de Reino Unido.