Es la comida anual que cada feria comparten los galenos de la plaza de toros; en esta ocasión hubo un fondo hermoso de despedida: la retirada definitiva del doctor Mateo tras 50 años al frente de la enfermería.

Si a él le dio el beneplácito el doctor Palencia en los años 70, ahora le toca al cirujano jefe darle los poderes al nuevo responsable de la enfermería del coso del Paseo de Zorrilla, que aún no está determinado.

                

El doctor Mateo, Antonio María Mateo, mi amigo, buena gente, buen cirujano y siempre pensando en el bien de la tauromaquia por la vía de la medicina. O lo que es lo mismo: porque cada plaza de toros, fija o portátil, tenga un equipo médico en condiciones para atender las múltiples necesidades que se presentan a la hora de un percance. Son los ángeles salvadores de los toreros.

                             

Así lo predican desde la Sociedad Española de Cirugía Taurina (SECT) que preside mi paisano albaceteño el doctor González Masegosa, y cuya vicepresidencia de la zona II Bis (Oeste) ostenta el doctor Mateo. Una sociedad que continuamente vela por la cirugía taurina a través de cursos de formación, congresos y otros actos.

Todos los componentes de la enfermería de la plaza de toros en activo y alguno jubilado como el hematólogo Valentín Ortiz, además de mis compañeros de Grana y Oro, Carlos Martín Santoyo y Manolo Illana, acudieron al entrañable acto en la Brasería Molino Rojo que gerencia 'Perico', y cuya comida consistió en un sabroso y abundante cocido.

Se podía repetir, insistía 'Perico', que en realidad se llama Angel San Juan, pero el apodo puede más; de hecho, tiene otro establecimiento en pleno Paseo de Zorrilla con el nombre de “Periquete”. De bebercio se tomó un tinto ribereño (“Pradorey”), mientras que mi “jefe” Carlos y yo degustamos un frío rueda (“Carrasviñas”). El mío llevaba gaseosa, como norma habitual. Rematamos con unas deliciosas natillas, café y chupitos. A 21 euros per cápita.

Los galenos vinieron acompañados de sus respectivas parejas y la comida se celebró en la terraza del citado restaurante. Fue una velada muy agradable, donde a los postres el doctor Luis María fue el encargado de dirigir unas palabras a su colega y entregarle una placa de reconocimiento. Detalle que el doctor Mateo agradeció emocionado.

En la placa se recordó a los compañeros fallecidos recientemente: los doctores Zósimo de Gregorio y Pepe Rabadán.

Tras el copioso almuerzo nos dirigimos al coso para presenciar el final de feria en una gran tarde de rejoneo, donde Sergio Galán y Pablo Hermoso de Mendoza salieron en volandas. Guillermo Hermoso, una figura en ciernes e hijo de Pablo, salió por su pie tras fallar con los aceros.

Una feria un tanto descafeinada, pero con mucho interés artístico. Y lo más importante es que los galenos no se movieron de su burladero porque, afortunadamente, no ha habido que lamentar percances, salvo el susto de ayer de Rufo.

Enhorabuena doctor Mateo; tus años de actividad médica y académica han sido fructíferos. Has dejado un camino de rosas. Ahora, a tus 80 primaveras, empieza a dar lecciones de humanidad. Porque, al margen de vuestro juramento hipocrático, tú estás lleno de humanidad…y de amistad.

"Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo.” Benjamín Franklin.