El entorno del lago de la ribereña Laguna de Duero fue el lugar de la grabación para Grana y Oro, donde nuestro protagonista nos contó sus vivencias desde que empezara muy niño en la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, su tierra de adopción. Ahora residente en Laguna donde vive con su familia.

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Nacido en Alemania, desde muy pequeño vivió en la salmantina Aldeanueva de Figueroa y allí se inició en el toreo a través de la escuela salmantina, nos comenta Daniel entusiasmado:

Fueron años muy interesantes desde los 8 años hasta los 16 que debuto sin caballos en Boada. La escuela me enseñó todos los valores de la vida y del toreo. Gané casi todos los bolsines y certámenes donde me presentaba, como el de Ciudad Rodrigo y el de La Rioja. En Bouget (Francia) fui segundo. Tengo la satisfacción de ser el alumno que más novillos ha matado durante mi aprendizaje en la escuela.



Un 5 de julio de 2004 llega el debut con los del castoreño en Fuentesaúco. Y ahí, nos dice Daniel, es cuando te encuentras con la realidad del toreo. Me costó muchísimo, fue una etapa muy dura porque sales de la escuela donde te lo dan todo hecho y luego tienes que empezar a luchar y a buscarte las cosas. Tuve un parón hasta que logro torear una temporada doce novilladas y esto me permite ir a Madrid al año siguiente.



Su debut en Las Ventas fue en el ciclo de novilladas nocturnas del año 2007. Luego vendrían seis tardes más donde en una de ellas cortó una oreja, siendo triunfador de la novillada dedicada a los encastes minoritarios. Esto le permitió abrir puertas como la de Bilbao (perdió la oreja por la espada), Dax, (vuelta y oreja) ,Istres (2 orejas), Salamanca, etc. Fue también triunfador en Galapagar, llevándose el premio “Peña José Tomás” tras cortarle cuatro orejas a una novillada de Adolfo Martín. En 2010 cruzó el charco para torear en la Monumental de México.

Años difíciles y muy duros los nueve años de novillero con caballos, como ha reiterado anteriormente Daniel con una sinceridad pasmosa. Y por fin, en 2013, llegaría la alternativa.

Sí, tras varias promesas fallidas de alternativa, -nos dice escuetamente Daniel- por fin pude tomarla en El Burgo de Osma un 17 de agosto de 2013 con Eduardo Gallo y Damián Castaño ante un encierro de Cambronell Hermanos.



Daniel, a sus 37 años, casado y con dos niños, no tira la toalla y seguirá aspirando a torear cuando pase todo esto.

A día de hoy -continúa Daniel- sigo luchando, preparándome y compaginando con otras cosas de la vida. Lo primero que me enseñaron es a tener los pies sobre la tierra y a buscarme la vida para sacar a mi familia adelante, tengo dos hijos y hay que luchar por ellos. Con la ilusión puesta de seguir toreando y mantener esa esperanza e ilusión. Me siento y vivo en torero y mientras tenga esa ilusión y ganas voy a seguir intentándolo.



Y finalizábamos con la pregunta obligada sobre ¿Qué le ha dado el toreo?:

Me lo ha dado todo, -nos dijo Daniel- me ha enseñado a forjarme en la vida y en sus valores, hacerme persona; te amuebla la cabeza, te enseña educación, disciplina, luchar, sacrificio y a afrontar los problemas que te van surgiendo en tu vida. Por otra parte, me ha enseñado la dureza que conlleva el ser torero: muchas cogidas, roturas de huesos; cornadas, como una muy grave que me fracturó toda la mandíbula. Además de las “cornadas” que te pega lo que lleva rodeado el mundo del toro.



Suerte, torero.