Esta es la historia de Ángel Gómez, un hombre que en la actualidad tiene 50 años y que nació en la capital de España, en Madrid. Pasó allí un total de 30 años para marcharse después hasta Alicante y recalar, años más tarde en Castrejón de Trabancos, una localidad vallisoletana.
Amante de la naturaleza, de la vida tranquila en el pueblo y de los toros, nuestro entrevistado es un claro ejemplo de esas personas que dejan atrás su pasado para alejarse del mundanal ruido de las grandes urbes y disfrutar del aire más puro en el medio rural.
Concretamente, vive desde hace seis años en el municipio pucelano de Castrejón de Trabancos, un pueblo que, en la actualidad y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), cuenta con una población de 176 habitantes.
Una localidad que surge en el valle del río Trabancos, ya que la presencia del curso del agua y la facilidad defensiva motivaron una temprana ocupación del territorio.
Ahora es el hogar de Ángel, nuestro protagonista, que nos cuenta su historia.
Su vida en Madrid
“Soy una persona tranquila que valora la familia, las raíces y la vida sencilla. Me encantan los toros y todo lo que está relacionado con la naturaleza”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Nació en Madrid. Su madre lo hizo en Castrejón de Trabancos, pero con 12 años decidió mudarse a la capital de España. Ángel recuerda su infancia con “mucho cariño”. De pequeño le “encantaba ir al pueblo con los abuelos” y “disfrutar del campo”.
“Lo que más recuerdo de pequeño, a pesar de que viviéramos en Madrid, son esos días en el pueblo, la libertad, el aire puro y los toros”, añade, orgulloso. Pese a vivir en una gran ciudad, ya le tiraba la vida del campo.
Cuando fue creciendo buscó “nuevas oportunidades y experiencias” para “estudiar y conocer otras formas de vida. Vivió 30 años en Madrid hasta que se fue a Alicante y, posteriormente aterrizó en Castrejón de Trabancos.
“Viví en varias ciudades durante todos estos años, pero me di cuenta de que echaba de menos la calma y la gente cercana del pueblo por lo que tomé una decisión”, añade.
Esa fue la irse a vivir al medio rural.
Ángel delante de la iglesia de Castrejón de Trabancos
De la ciudad al pueblo tras 44 años
“Me fui con 44 años al pueblo, pero, ya desde hace mucho tiempo atrás empecé a sentir que quería disfrutar del mundo rural”, añade nuestro protagonista, que afirma que la ciudad le dio “responsabilidad, independencia y valorar mucho más el pueblo y las tradiciones”, afirma.
Decidió dar un giro radical a su vida dejando la ciudad y “buscando tranquilidad” y una “vida más cercana” a sus raíces. Allí nacieron su madre y abuelos. “Siempre he sentido que este es mi sitio”.
Añade que le “encanta la gente del pueblo” porque es “acogedora, cercana y siempre está dispuesta a ayudar”.
Está claro, como nuestro protagonista confiesa, que es “feliz” en el lugar.
“Mi corazón está aquí”
“El pueblo me da paz, tranquilidad y esa cercanía con la gente. Poder seguir disfrutando de tradiciones como son los toros. Solo volvería a la ciudad si fuera necesario. Mi corazón está aquí”, explica Ángel.
Castrejón de Trabancos es, para él, un lugar “con historia y acogedor” que cuenta con “muchas tradiciones vivas”. Añade que “está muy orgulloso” de estar en el lugar.
Ángel en el municipio vallisoletano
Sobre si apostaría por dar una mayor visibilidad al mundo rural para que la gente cimentara su proyecto de vida allí asegura que “sí” apostando por “facilitar la vivienda para parejas jóvenes con niños” con el propósito de que “los pueblos no se mueran” y que exista “un futuro y vida” para ellos.
“Las administraciones también tienen que mejorar los servicios. El transporte y dar oportunidades para que los jóvenes quieran quedarse y hacer su vida aquí”, explica Ángel.
Sobre él, y su futuro, quiere “seguir disfrutando” de su vida en Castrejón de Trabancos y también “mantener su conexión con los toros y la naturaleza” para “ayudar a que el pueblo siga siendo un lugar vivo, acogedor y agradable para todos”.
