J.M.A. / ICAL

La representación del auto sacramental de La Loa volvió este martes a encandilar a propios y extraños en el salmantino municipio de La Alberca, en plena comarca de la Sierra de Francia, con motivo de las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de La Asunción. La cita, celebrada tras la misa, congregó a decenas de albercanos y visitantes en el Solano bajero junto a la Iglesia Parroquial de la localidad.

Costó que llegara el público, pero recién rebasado el mediodía, toque de campanario mediante, el espacio comenzó a acercarse al lleno. ‘Sin billetes’ en la escalinata del templo desde un buen rato antes, ningún hueco en las zonas umbrías y tan sólo algunos claros en los lugares más castigados por el sol, que tampoco apretó de lo lindo, y con peor visibilidad.

Ocho minutos pasaban de las 12 cuando el primer personaje, el narrador de La Loa, hizo acto de presencia en escena ante los primeros aplausos. Aún con cierta falta de caudal vocal, el joven despertó a más de uno en la improvisada tribuna a golpe de mazo sobre las tablas. Desde las alturas descendió, poco después, el mismísimo Mal entre cánticos a viva voz para la siguiente secuencia que estalló, como es habitual, en generosa y ruidosa pirotecnia, que dejó un aroma inconfundible dando paso a una nueva ovación.

Posteriormente, y después del breve interludio en el que el narrador y dos jóvenes, ataviados con trajes tradicionales de la zona, departieron sobre la fiesta de la Virgen de la Asunción, quien hizo su aparición en el escenario es el Bien, representado por una joven vestida de ángel acompañada de siete angelitos a los que interpretan niños de la zona, para combatir y vencer al demonio y sus siete diablillos.

Así, una vez derrotado el Mal, y ante el aplauso de las decenas de vecinos de La Alberca y los visitantes de otros pueblos de la zona y de otros puntos de la provincia que cada años asisten esta tradición centenaria de la localidad salmantina, La Loa se despidió hasta el próximo 16 de agosto.

El auto sacramental, que se remonta a la época medieval, y que es una de las tradiciones más arraigadas en la Sierra de Francia, fue declarado hace poco más de un año en el seno del Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial, condición que estrenó hace ahora doce meses y que lució por segunda vez en esta edición.