Empezó construyendo una plaza de doscientos metros y acabó creando un pueblo castellano al que se ha sumado un pequeño parque infantil. Territorio Artlanza es la mayor escultura del mundo realizada por una sola persona y está ubicado en Castilla y León.

Esta obra del escultor y ceramista Félix Yáñez es un parque temático a la castellana que ofrece al visitante un viaje en el tiempo. Es un pueblo dentro de otro pueblo, el burgalés Quintanilla del Agua. No tiene alcalde pero sí creador, un artista que ante la crisis de 2008 y la decadencia de las ferias ambulantes decidió poner un nuevo rumbo a su vida.

Las manos inquietas de Félix empezaron creando una pequeña plaza castellana de 200 metros con los materiales que recogía en las escombreras. Y ahora, Territorio Artlanza cuenta con 20.000 metros cuadrados de exposición en los que se integran tanto fachadas que recrean edificios como museos que albergan obras de gran valor.



Taberna, zapatería, escuela, fragua, bodega... No falta detalle para que la mente pueda imaginar cómo vivían los castellanos y leoneses en una época pasada. Félix se ha inspirado en la comarca del Arlanza y el Camino del Cid para crear su imperio arquitectónico. Una construcción que no está hecha sobre plano porque las directrices de la edificación han estado marcadas por los materiales que se han cruzado en su camino.

Toda su obra está elaborada con tesoros hallados en las escombreras condenados a desaparecer. Según el artista, ésta es la tarea más laboriosa, encontrar los materiales y trasladarlos hasta Territorio Artlanza para darlos vida. “Lo más difícil es conseguir los adobes, baldosas, maderas... que forma la escultura. Y especialmente complicado era al principio. Ahora, son los albañiles de la zona quienes me llaman para que vaya a recoger los materiales”, afirma.

Han pasado ya doce años desde que empezó a crear esta obra que se sitúa a 50 kilómetros de Burgos, a 9 de Lerma y a 13 de Covarrubias. Junto al pueblo castellano también ha engendrado un área para los más pequeños. Empezó con una escultura Mafalda y sus amigos, y ahora hay un poblado de niños con casas de colores, juegos, dragones y un castillo que nada tiene que envidiar al de Walt Disney. Una nota de color que triunfa entre el público más joven.

Aunque en el año de la pandemia, las restricciones de movilidad han reducido el número de visitantes, Félix se siente satisfecho y orgulloso por las visitas recibidas en Semana Santa a su pueblo. “En 2019 llegamos a recibir 25.000 personas porque ese año Lerma acogió las Edades del Hombre”, apunta. 

Aunque apenas queda espacio y en los años venideros tendrá que dedicarse al mantenimiento, la mente inquieta de Félix anhela crear un río que simule al Arlanza y más monumentos reseñables de la comarca. A sus sesenta años asegura que no dejará de buscar en desvanes y escombreras diamantes en bruto a los que dar forma.