Castilla y León continúa marcando hitos en el campo de la investigación cardiovascular, y ahora lo hace de la mano de un estudio europeo, que colidera con la Comunidad Valenciana, y que podría transformar el tratamiento del infarto agudo de miocardio, una de las principales causas de muerte en Europa y en el mundo.
El trabajo, denominado COPERNICAN, evalúa ya una estrategia innovadora basada en el uso de balones farmacoactivos frente al implante tradicional de stents, con el objetivo de tratar la arteria obstruida sin dejar una prótesis permanente en el corazón, es decir, implicaría, de forma simplificada, pasar de reparar la arteria coronaria a curarla.
El proyecto, que ha obtenido una financiación de 3,1 millones de euros de la convocatoria europea ERA4Health, dentro del programa Horizonte Europa, lo lideran Ignacio Amat-Santos, cardiólogo intervencionista de la Unidad de Hemodinámica del Hospital Clínico Universitario de Valladolid e investigador del Instituto de Ciencias del Corazón (ICICOR), y su homólogo Jorge Sanz Sánchez en el Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia.
Se trata de una convocatoria altamente competitiva, orientada a impulsar la investigación colaborativa transnacional en áreas prioritarias de salud pública, que les ha permitido pasar de contar con el apoyo de 14 centros españoles en un estudio nacional sin financiación, a sumar seis hospitales más y a ampliar el estudio a Francia e Italia, que participan con cinco centros en cada caso.
Con esta red de 30 centros, el ensayo clínico desea reclutar en sus cuatro años de duración a más de 1.400 pacientes y comparar los resultados entre el uso de balones farmacoactivos frente al implante de stent en pacientes que presentan infarto agudo de miocardio. El objetivo del ensayo es evaluar una alternativa al tratamiento estándar, la implantación de stents para mantener abiertas las arterias coronarias obstruidas.
“Cuando un paciente sufre un infarto, es una situación grave, en la que puede fallecer”, explica Amat, que detalla que en esta situación el manejo se basa en un “cateterismo urgente, con el que se ve la arteria coronaria del paciente que se ha obstruido bruscamente causando el infarto agudo de miocardio, y para resolverlo, la desobstruimos”.
“En la práctica clínica habitual, ese procedimiento se completa con la implantación de un stent, como un muelle metálico que asegura que esa arteria no se vuelva a cerrar”, señala a Ical, para precisar que ese abordaje, que ha salvado muchas vidas y ha mejorado mucho la supervivencia del infarto, implica dejar una “prótesis metálica dentro de una coronaria” con algunas limitaciones a largo plazo.
“El stent, aunque ha mejorado el pronóstico de los infartos, tiene sus limitaciones: se puede volver a estrechar y se puede trombosar causando un infarto, porque es un cuerpo extraño que dejamos en el corazón”. De hecho, precisa, diversos estudios arrojan una tasa anual del tres por ciento de reestenosis intrastent, y de entre el uno y el cinco de trombosis. “El objetivo de este estudio es no dejar una prótesis, sino dilatar sólo con un balón que lleva un fármaco antiproliferativo que impide que esa arteria se vuelva a estrechar”, sostiene Amat.
Se trata de fármacos similares a los que se utilizan en Oncología, con efectos distintos al stent. “Cuando ponemos un stent nos aseguramos de que la arteria queda bien dilatada y que la sangre pasa normalmente. Pero a lo largo de los años se va produciendo cicatrización por dentro del stent que va estrechando el vaso”, analiza.
Frente a ello, cuando la arteria se dilata con “un fármaco antiproliferativo, gana diámetro, en lugar de ir perdiéndolo a lo largo del tiempo, y al no haber un material protésico en contacto con la sangre se reduce el riesgo de que se produzca una trombosis”.
Primeros resultados, en 2028
En estos momentos, el ensayo se centra en comparar de manera aleatorizada las dos estrategias y ya ha incluido un total de casi 700 pacientes. El objetivo es alcanzar los 1.400 a principios de 2027, para un seguimiento clínico inicial de un año, que continuará en siguientes ejercicios. La previsión es que a principios de 2028 puedan conocerse los primeros resultados.
De confirmarse la hipótesis, el impacto clínico podría ser relevante. “Podría suponer un gran cambio porque consiste en curar, por así decir, la arteria que estaba enferma”, en contraste con el tratamiento actual. “Ahora cuando ponemos un stent no la curamos, la arreglamos y dejamos un material protésico”.
Para el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, el liderazgo del estudio Copernican supone un salto cualitativo. “Es un proyecto fundamental que nos ha dado una proyección internacional todavía mayor”. La financiación se ha canalizado a través del Instituto Biosanitario del Hospital La Fe, pero a juicio de Amat, este proyecto puede ser clave para el desarrollo de la investigación en Castilla y León, y un impulso para el recién nacido Instituto de Investigación Sanitaria Biosanitaria de Valladolid (IBioVALL).
“La investigación es un fin en sí misma, es lo que hace que avance la civilización”, afirma. Además, destaca su efecto multiplicador en el territorio: “Cuanto más gente tienes dedicada a esto, más proyectos puedes generar, más financiación consigues, y más talento se retiene en nuestra región”.
