La organización armada Euskadi Ta Askatasuna (ETA), que sembró el terror en España entre 1968 y 2011, también dejó su sangrienta impronta en el territorio de Castilla y León. En total, fueron 13 los atentados cometidos por la banda en la Comunidad en sus más de 40 años de crímenes, dejando tres víctimas mortales: dos militares y un agente de la Guardia Civil. Especialmente trágico para Castilla y León fue el año 1992, en el que la región fue testigo de dos atentados en la localidad burgalesa de Lerma y en Salamanca.

Además, un 16,1% de las 857 víctimas de ETA hasta el cese de la actividad armada del 20 de octubre de 2011 tenían su origen en Castilla y León. En total, 138 personas procedentes de la Comunidad fueron asesinadas por la banda, aunque en la mayor parte de los casos se trataba de ciudadanos que residían y trabajaban en otras partes de España. El número de víctimas con origen castellano y leonés queda solo por detrás de las víctimas de procedencia vasca, 178, suponiendo un 20,7%, siendo el segundo lugar de origen más golpeado por la violencia de ETA. Una violencia que también dejó su sangrienta huella sobre el territorio de Castilla y León.

León, 15 de mayo de 1979: el asesinato de Emeterio de la Fuente

El primer atentado de ETA en suelo de Castilla y León, que, además, se cobró una víctima mortal, se produjo en León el 15 de mayo de 1979. En un momento de especial virulencia de la violencia etarra ese año ETA asesinó a 86 personas y en 1980 a 93, el mayor número en un solo año, la organización terrorista abatió a tiros al brigada retirado de la Guardia Civil Emeterio de la Fuente Aller, que quedó gravemente herido.

Un individuo le disparó por la espalda en la calle Daoiz y Velarde de la capital leonesa cuando regresaba a su casa, sobre las 14:15 horas de la tarde, y dos de los proyectiles le alcanzaron en la parte posterior del cráneo. Fue trasladado a la Residencia Sanitaria Virgen Blanca de la ciudad, aunque terminaría falleciendo menos de dos meses después al no poder recuperarse de la gravedad de sus heridas, el 1 de julio de 1979.

Burgos, 18 de octubre de 1983: bomba a la Guardia Civil

Poco antes de las 0:00 horas de la noche del 18 de octubre de 1983, ETA hizo estallar más de 12 kilos de material explosivo junto a la comandancia de la Guardia Civil en Burgos, ubicada en la calle de Vitoria.

Por suerte, la explosión no provocó daños personales, y el único damnificado fue un agente de la Guardia Civil que sufrió algunos cortes provocados por cristales. Se produjeron daños también en ventanas de edificios próximos y en un vehículo aparcado cerca de la comandancia, aunque la explosión pudo ser controlada por la Guardia Civil ya que un viandante había alertado sobre las 20:30 de la presencia de un paquete sospechoso.

Burgos, 17 de agosto de 1990: voladura de la Comisaría de Policía

En la tarde del 17 de agosto de 1990, ETA dejó destrozada por completo la Comisaría Central de la Policía Nacional en Burgos con una gran explosión. El artefacto, compuesto por 60 kilos de explosivo plástico, causó una onda expansiva que afectó a 200 metros a la redonda. El hecho de que se produjera por la tarde y no por la mañana evitó una desgracia, ya que se trataba de la sede de renovación del DNI y durante la mañana la afluencia de civiles en el edificio era habitual.

En esta ocasión, no se produjeron víctimas mortales aunque 48 personas resultaron heridas leves, fundamentalmente por la lluvia de cristales que provocó la onda expansiva de la bomba. Una onda expansiva que afectó a alrededor de 500 viviendas ubicadas en los alrededores de la comisaría.

La campaña contra las vías férreas del verano de 1990

Ese mismo 17 de agosto de 1990, ETA colocó un pequeño artefacto en las vías férreas entre Sanchidrián y Arévalo, en la provincia de Ávila, sin causar daños de gravedad. Solo tres días antes, el 14 de agosto de 1990, había colocado otro artefacto similar en una vía de tren en la provincia de León y el 19 de agosto hizo lo mismo en una línea férrea cercana a la localidad abulense de Adanero, provocando escasos daños. Todo ello en mitad de una campaña terrorista generalizada de ETA durante ese verano contra las infraestructuras ferroviarias españolas.

Lerma, 3 de junio de 1992: ataque a la Guardia Civil

ETA puso su objetivo en la localidad burgalesa de Lerma recién empezado el mes de junio de 1992. La explosión de 25 kilos de amosal camuflados en dos mochilas causó importantes daños a la casa cuartel del municipio y generó destrozos también en los edificios colindantes a la sede del Instituto Armado en Lerma.

Durante la madrugada, los centinelas que vigilaban la casa cuartel se percataron de la presencia de las dos mochilas y se procedió a desalojar a la docena de guardias civiles y los nueve familiares que habitaban el edificio. Aunque se avisó al equipo de desactivación de explosivos, los efectivos no pudieron llegar al lugar antes de una explosión que no causó daños personales.

Salamanca, 2 de septiembre de 1992: asesinato del coronel Antonio Heredero

El 2 de septiembre de 1992 ETA acabó por segunda vez en su historia con la vida de una persona en Castilla y León. La víctima fue el coronel del Ejército de Tierra Antonio Heredero Gil, que murió por la explosión de una bomba lapa colocada en los bajos de su coche, al salir del garaje de un bloque de viviendas en el número 38 de la calle de la Estación de la localidad.

Imagen del atentado en el que perdió la vida el coronel Antonio Heredero en Salamanca, el 2 de septiembre de 1992. ICAL

El coronel Heredero, que en ese momento contaba con 55 años de edad, estaba casado y dejó tres hijos huérfanos. El método utilizado por ETA para activar la bomba fue el del péndulo, que se basa en que cualquier movimiento del vehículo lleva al cierre del circuito eléctrico del artefacto explosivo, causando inmediatamente la explosión.

Salamanca, 10 de noviembre de 1995: la mutilación de Juan Aliste

ETA repitió el mismo procedimiento tres años después en la capital salmantina provocando la mutilación de las dos piernas del capitán del Ejército Juan Aliste Fernández, de 40 años de edad. Aliste volvía de dejar a su hija y a dos amigas de esta en el colegio cuando una bomba adosada a los bajos de su vehículo explotó, amputándole las dos piernas.

Imagen del vehículo destrozado del capitán Juan Aliste tras el atentado en Salamanca el 11 de noviembre de 1995. ICAL

 

En este caso, el método utilizado por la banda fue el de la activación del explosivo por medio de un temporizador. Además, Aliste sufrió heridas en la mano izquierda y en el párpado derecho. El capitán, que llegaría a ser presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Castilla y León, falleció en junio de 2020 a los 65 años de edad.

Una ofensiva de baja intensidad el 18 de diciembre de 1995

El 18 de diciembre de 1995 la organización terrorista colocó dos pequeños artefactos explosivos en Castilla y León que, por suerte, no causaron daños personales ni materiales de gravedad. El primero de ellos se localizó en la vía férrea a la altura de la localidad burgalesa de Briviesca y el segundo en una gasolinera del municipio vallisoletano de Cubillas de Santa Marta. En ninguno de los casos hubo que lamentar heridos.

León, 22 de diciembre de 1995: el asesinato de Luciano Cortizo

El 22 de diciembre de 1995, dos días antes de la Nochebuena, ETA asesinó en León al comandante de Artillería Luciano Cortizo, de 44 años, y dejó herida de gravedad a su hija Beatriz de 18 tras hacer estallar una bomba lapa colocada en los bajos de su vehículo. El coche había salido del garaje del domicilio del comandante en la calle de Álvaro López Núñez, en el centro de la ciudad. Cuando llevaban poco más de 100 metros avanzando con el vehículo, ante un semáforo de las calles Ramón y Cajal y Renueva, la bomba se accionó, destrozando por completo el vehículo.

La onda expansiva de la explosión afectó también a tres viandantes que se encontraban en la zona, un hombre de 56 años y dos jóvenes de 25 y 16 respectivamente, que fueron trasladados al Hospital de León. Además, varios edificios colindantes sufrieron graves desperfectos. El etarra Sergio Polo, que había participado también en la mutilación de Juan Aliste en Salamanca el mes anterior, fue condenado a más de 200 años de prisión por ambos atentados en 2015 y 2018. Además, en febrero de 2021 el Tribunal Supremo confirmó 122 años de prisión para la entonces dirigente de ETA Soledad Iparraguirre 'Anboto' por ordenar el atentado.

El secuestro del burgalés Ortega Lara en enero de 1996

El 17 de enero de 1996 el funcionario de prisiones burgalés José Antonio Ortega Lara fue secuestrado por ETA cuando regresaba de terminar su jornada laboral en el Centro Penitenciario de Logroño. 532 días después, el 1 de julio de 1997, un espectacular rescate de la Guardia Civil le liberó de su reclusión en el zulo insalubre de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 de alto en el que había pasado retenido más de un año y medio.

El rescate de Ortega Lara se convirtió en un símbolo de la lucha contra ETA y la organización, en venganza por este golpe policial, planificó el secuestro y asesinato de otra de las figuras más simbólicas de la lucha antiterrorista, Miguel Ángel Blanco, solo diez días después del rescate del burgalés.

Ágreda, 16 de julio de 2000: ataque contra la Guardia Civil

El 16 de julio de 2000 la provincia de Soria fue testigo por primera vez de un atentado de ETA. Un Peugeot Partner que transportaba una carga de entre 25 y 30 kilogramos de explosivo estalló poco antes de las 15:00 de la tarde junto a la casa cuartel de la Guardia Civil en la localidad soriana de Ágreda. 

La onda expansiva provocó heridas leves a la esposa de un agente del Instituto Armado, Estrella Ruiz, de 31 años de edad. La explosión afectó a las ventanas del edificio y de bloques de pisos colindantes, además de al puesto de primeros auxilios de la Cruz Roja, que se encotnraba pegado a la casa cuartel. En febrero de 2013, el etarra Francisco Javier García Gaztelu 'Txapote' fue condenado a 30 años de prisión por este atentado.

Briviesca, 14 de agosto de 2003: una maleta con explosivos

El 14 de agosto de 2003 la Guardia Civil encontró una maleta con 20 kilos de cloratita en un descampado cerca de la localidad burgalesa de Briviesca. La carga iba dirigida a un comando y en la maleta se encontró un mensaje en el que ponía "Ahí tenéis el material. Dad caña". La Guardia Civil acudió al lugar tras recibir el aviso de un particular de que había una maleta sospechosa en el descampado.

Valladolid, 6 de diciembre de 2004: atentado en el bar La Banqué

El 6 de diciembre de 2004, día en que se conmemoraba el 26 aniversario de la Constitución Española de 1978, ETA realizó su último atentado en Valladolid. La organización colocó un artefacto explosivo en el bar La Banqué de la Plaza Mayor de la ciudad. La explosión, que se produjo alrededor de la 13:30 del mediodía, no causó daños personales ya que ETA avisó de la colocación de la bomba y la Policía Local desalojó el establecimiento.

Imagen del estado en que quedó la cafetería La Fortaleza en Ávila tras el atentado de ETA el 6 de diciembre de 2004. ICAL

Ese mismo día, ETA hizo estallar otros dos artefactos explosivos de escasa potencia en las ciudades de León y Ávila. Concretamente, los atentados se produjeron en la cafetería Lleras de la calle Burgo Nuevo de la capital leonesa y en la cafetería La Fortaleza de la calle de los Reyes Católicos de Ávila, siendo desalojados ambos establecimientos y provocando las explosiones escasos daños materiales.

Ávila, 24 de septiembre de 2005: bomba en el polígono Vicolozano

Alrededor de las 22:00 de la noche del 24 de septiembre de 2005, ETA hizo explosionar una bomba en el polígono industrial Vicolozano, a cinco kilómetros de Ávila. La onda expansiva no provocó heridos, aunque sí que causó importantes daños materiales en tres naves industriales situadas que se encontraban al lado del coche que transportaba el artefacto explosivo.

Burgos, 29 de julio de 2009: voladura de la casa cuartel

El 29 de julio de 2009 se produjo el último atentado de ETA en Castilla y León, en un momento en el que la organización daba sus últimos coletazos, ya que quedaban tan solo dos años para que anunciase el final de la violencia. Ese día, los terroristas cargaron una furgoneta con 200 kilos de amonitol y le aparcaron en un descampado colindante a la casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos. 

Estado en el que quedó la casa cuartel de Burgos tras el atentado de ETA el 29 de julio de 2009.

La explosión destrozó por completo el edificio y causó heridas leves a 66 personas. En ese momento, se encontraban en el edificio 117 personas, 41 de ellas niños. ETA no avisó con anterioridad de la colocación de la bomba por lo que las autoridades consideraron que fue un atentado fallido y que la organización pretendía causar una matanza. La onda expansiva causó daños también en los edificios colindantes. Una terrible despedida para una organización que dejó su sangrienta huella en Castilla y León durante tres décadas.

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