La Aldeia Histórica de Trancoso celebra una nueva edición de la Fiesta de la Historia – Recreación de las Bodas Reales, que transcurrirá los días 29 y 30 de junio. Organizado por la Câmara Municipal, es la celebración de las boda real entre D. Dinis de Portugal y Doña Isabel de Aragón, que se casaron por carta y sin conocerse cuando la que sería reina y santa sólo tenía 12 años, un hecho histórico acontecido en 1282. Considerada una de las mayores recreaciones históricas/medievales del país, el evento contará con cortejos, músicos ambulantes, torneos de armas, teatro de fuego, conciertos, saltimbanquis, mercado y cantinas de época, entre otras actividades.

"Es un orgullo para Trancoso haber sido testigo de este importante acontecimiento histórico", comenta el alcalde de Trancoso, Amílcar Salvador, el principal impulsor de este evento que, 737 años después, el municipio recuerda el evento, en sus calles del casco histórico siendo una de las principales juderías de Portugal, con todo tipo de recreaciones, como la llegada de Don Dinis e Isabel de Aragón.

La Boda Real, un enlace en las relaciones ibéricas

Séquito real por las calles de Trancoso./ FALCAO

Don Dinis, con 21 años, e Isabel, emancipada con sólo 12 años, protagonizaron uno de los enlaces que más influyó en el devenir de la península ibérica. Isabel de Aragón, nieta de Jaime I 'El Conquistador', decidió alojarse los días anteriores a la boda en la villa española de San Felices de los Gallegos (Salamanca), un pueblo fronterizo de raíces medievales.

La historia de Portugal recoge que la boda se ofició en la extinta iglesia de San Bartolomeu de Trancoso, tras la entrada triunfal del rey Dinis I por la muralla de la localidad, hoy llamada Puerta del Rey. Desde aquella boda, oficiada el 24 de junio de 1282, el papel de la reina Isabel fue clave en el devenir de la historia de Portugal, hasta el punto de que, tras su muerte, fue beatificada y canonizada por su enorme entrega a los desfavorecidos.

Su afán pacificador, su vivencia religiosa y su acción social marcaron la vida de una piadosa reina, dueña de una ingente fortuna, que no tuvo reparos en repartirla entre los necesitados, tras la muerte de su esposo en 1325. Ese año fue el punto de inflexión para la reina de Portugal, que decidió peregrinar a Santiago de Compostela para ganar el jubileo el 25 de julio, día del Apóstol. Fue entonces cuando acabó de despojarse de todo su halo de realeza, al donar al Apóstol su corona de reina y su manto real con bordados de oro y plata.

A su regreso, Coimbra fue la ciudad que eligió para pasar el resto de sus días, y decidió retirarse al Convento de Santa Clara que ella misma había fundado años atrás. Allí tomó el hábito de las clarisas, aunque no profesó los votos de la orden, con el fin de seguir administrando toda su fortuna, que dedicó a las obras de caridad. La muerte le llegó cuando tuvo que mediar en el campo de batalla, esta vez entre su hijo y su nieto Alfonso XI de Castilla. Falleció en Estremoz (Portugal), en el camino de vuelta a Coimbra, el 4 de julio de 1336, tras sufrir una indisposición que no pudo superar.

Trancoso medieval

Trancoso fue una de las más importantes villas medievales portuguesas, ya que, debido a su posición estratégica, constituye uno de los puntos más avanzados en la reconquista cristiana por el sur. La posición dominante del actual castillo, con sus casi novecientos metros de altitud, hace pensar que, desde siempre, esa situación fue tenida en cuenta por los pobladores de todas las épocas.

Naturalmente que Trancoso sería un pequño poblado y no debía superar el espacio intramuros, que se circunscribía con seguridad al lugar ocupado hoy por el castillo y poco más. Después de la invasión de los romanos y los godos, la población habría evolucionado, pero ningún documento permite deducirlo, cuál era la dimensión de esa evolución. Y así hasta la época medieval con D. Dinis. Pero esto ya queda para vivirlo el sábado y el domingo.

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