Los logros de Donald Trump en su segundo asalto democrático a la Casa Blanca empiezan a notarse. Lo que no sabíamos, y quizá ni siquiera esperábamos, es que la nueva oleada de trumpismo desaforado e histriónico fuera a ser tan tremendamente efectiva fuera de Estados Unidos. El tiempo dirá si el órdago desmedido y temerario al que está sometiendo a la economía mundial terminará fortaleciendo a medio plazo su querida América. De momento, se le empiezan a hundir las bolsas y a caer los multimillonarios.
La administración Trump quiere hacer resurgir a Estados Unidos de sus cenizas. Pero no de las cenizas de la era Biden, sino del incendio provocado por los propios republicanos antes de cumplir siquiera cien días de mandato. Y el terremoto político, diplomático y económico que sufrimos desde el mismo veinte de enero tiene milagrosos efectos secundarios. Estamos en mitad de una carrera armamentística de la que resultará un nuevo orden mundial (y kits de supervivencia en cada trastero), en una contienda de diplomacia sin protocolo donde el bloque occidental se resquebraja por Washington y enfangados en una guerra arancelaria que anuncia recesión. Aun así, por ahora, los efectos políticos de este Trump enloquecido no son daños, sino beneficios colaterales en cascada.
Los desprecios del trumpismo a Europa, con su amiga Meloni incluida, están obrando el milagro en la Unión Europea, que abandona el buenismo de las últimas décadas para apostar por el rearme sin eufemismos y por una política de seguridad que no tema dejarse pelos en la gatera woke del progresismo estético. Es gracias a Trump que la economía comunitaria esté buscando casi por consenso nuevos mercados para sus exportaciones y una mayor protección de sus productores (aquello que reclamaba el campo y la industria europea).
Pero también llegan a España los prodigios del millonario que hizo un “late show” del despacho oval. Puede que sea Trump el que provoque esa gran coalición PSOE-PP que hasta ahora era un unicornio. El que acabe de hundir a Sumar y resucite a Irene Montero y a su Podemos de siempre. Y hasta el que dé la puntilla a Vox, que ha encontrado en la ola reaccionaria la madre de todas sus contradicciones definiendo al patriota antiespañol.
Pero donde los efectos curativos de Trump son más evidentes es en la política de Castilla y León. El desafío de los aranceles ha conseguido el acuerdo de gran parte del hemiciclo autonómico. Así se lo han ido trasladando los portavoces al presidente Mañueco (excepto Vox, que renunció a asistir, y el procurador Igea, sumido en su espiral de rabia desde 2022). Acuerdo en los aranceles, en sacar adelante la Ley de Violencia de Género y quién sabe si esta vuelta de la política de encuentro terminará en nuevos presupuestos. A pactar se aprende pactando.
Estamos a un paso de que la antipolítica de Donald Trump consiga hacer “great again”… la política en Europa. Qué pena que para unirse haga falta siempre un enemigo.