He asistido en las ultimas semanas a eventos en los que los participantes eran empresarios, dos de ellos tenían ámbito nacional y se celebraban en Madrid con presencia en uno de ellos del pujante empresariado del arco mediterráneo español y en los otros con predominancia castellana y leonesa. En dos de ellos iba con una buena amiga empresaria segoviana que lo es de raza y de espíritu peleón, un buen ejemplo de mujer empresaria.

Miraba a mi alrededor y todos eran hombres, tanto en los de Madrid como en el de Valladolid, de cada fila de diez en algunas como mucho dos mujeres y en otras ninguna. Comenté con mi amiga la situación y convenimos en que no hay mujeres apenas en la representación empresarial, y muchas son acompañantes del empresario titular.

Las leyes hablan de igualdad

Y mientras la normativa europea y nacional obliga a que en los consejos de administración de las empresas al menos el 40% sean mujeres. Nos hemos pasado 45 años dictando leyes acerca de la presencia de las mujeres en las listas electorales. Señalando la obligatoriedad de que fueran tantas mujeres como hombres las que concurrieran a las elecciones. Y en este terreno si se ha avanzado, cada vez hay más mujeres en los parlamentos.

Y en los gobiernos han tenido la voluntad de nombrar tantas mujeres como hombres en los puestos de dirección pública con la finalidad de conformar gobiernos paritarios, ahora bien, se trata de acciones voluntariosas que no en todos los casos se dan. Recientemente tuvimos en Castilla y León en la pasada legislatura un gobierno con solo tres mujeres de 12 miembros.

Las mujeres siguen sin estar en los máximos puestos de responsabilidad de las empresas. Sigue siendo una aspiración sobre el papel. Las mujeres están en puestos intermedios, como directoras de recursos humanos, financieras, marketing, calidad, etc pero no están en las primeras posiciones. Solo hay que asistir a un acto al que se convoca a los dueños de las empresas, y ahí es donde se ve de manera palpable que son mayoritariamente los hombres los que siguen ocupando esas posiciones.

Políticas públicas

Tenemos un Ministerio de Igualdad dotado con 573 millones de euros de presupuesto y que en nada ha avanzado en lo que realmente las mujeres queremos avanzar. Queremos ocupar posiciones de decisión en el máximo nivel, pero para eso hay que resolver un problema fundamental que es la conciliación de la vida laboral y personal.

Las mujeres siguen diciendo no a ocupar posiciones en las que no tienen tiempo para atender a su familia. Llevamos en nuestro ADN el cuidado de la familia, la evolución humana nos lo ha imprimido a fuego, eramos las que cuidabamos de la prole, y eso sigue ahí. Necesitamos tener resuelto adecuadamente la atención de los nuestros para aceptar un puesto de trabajo de máxima implicación y dedicación.

A esto es a lo que debería dedicarse el Ministerio de Igualdad. A arbitrar medidas de apoyo a las mujeres para que puedan desempeñar puestos de trabajo sin poner en riesgo su estabilidad emocional que va ligada directamente a poder atender a su familia.

Este Ministerio de Igualdad que se creó como el adalid del avance de las mujeres en la sociedad solo nos ha generado perjuicios, con una Ley que ha puesto en libertad a los violadores, humillando y victimizando doblemente a las mujeres agredidas en lo más preciado que tenemos después de nuestra vida. Y en esto no ha conseguido frenar el numero de mujeres muertas a manos de la violencia machista. Ha conseguido lo contrario, se han incrementado el número de mujeres asesinadas.

Populismo

Me sorprende que todavía haya quienes dicen que la Ministra cesada, que hace mucho que debería de haberlo sido, después de los garrafales errores que ha cometido, ha sido la que más ha apostado por la igualdad de la mujer en nuestro país.

Me gustaría saber en que datos se basa esta afirmación. Vivimos en un tiempo en el que parece que si una mentira se repite muchas veces acaba convirtiéndose en verdad.

Queda mucho por hacer por la igualdad de las mujeres en los puestos de decisión en el ámbito público y privado. No me extraña que la ONU señale que aún faltan 140 años para alcanzar una representación equitativa de las mujeres en posiciones de poder y liderazgo en el trabajo.