Que no nos confundan

que no nos engañen

a por más recortes

tras la deuda vendrán



Indudablemente la disposición de los recursos del fondo europeo va a suponer un importante aumento de la deuda pública española que puede alcanzar el 115% del PIB nacional. Un aumento en lo inmediato que no se puede rechazar porque de lo contrario agravaría las consecuencias para la población y el país. No es erróneo en sí mismo que un país recurra a endeudarse en determinadas condiciones como las de la pandemia. El problema está en que este enorme endeudamiento no se convierta en una hipoteca para varias generaciones y que no se utilice en lo que interesa a la inmensa mayoría, sino que sirva para garantizar y ampliar los negocios de la oligarquía y el capital extranjero.

“Todos recordamos la respuesta dada por las instituciones europeas a la crisis financiera de hace 10 años: austeridad, hombres de negro y exigencias de recortes sociales que provocaron la asfixia de los países del sur y una grave crisis del proyecto europeo. El acuerdo alcanzado en Europa no va todo lo lejos que a algunos nos gustaría, pero va en una dirección diametralmente opuesta a lo que vinos en la última década” (de un vicepresidente del Gobierno de España en las redes sociales).

Sin embargo, para España, el llamado nuevo sistema de “recomendaciones” de obligado cumplimiento es ya un viejo conocido de la crisis anterior. Y no son solo exigencias del pirata holandés, también lo son de la UE, del FMI y de la OCDE, a los que se suman el llamado Banco de España, la retransmitida en directo asamblea de la oligarquía y el capital extranjero convocada por la CEOE y los disfrazados hombres de negro de la AIReF. Todos ellos lo han exhibido obscenamente sobre la mesa: hay que mantener y profundizar la reforma laboral; hay que realizar nuevas reformas de las pensiones (incluyendo la versión “mochila austríaca”) medidas todas ellas que abren el camino a su privatización, y nada de revalorizarlas con el IPC; hay que efectuar subidas del IVA reducido y nuevos impuestos de los llamados “verdes”.

“El acuerdo tiene un alcance histórico y sin precedentes en la UE: el conjunto de los países que componen la Unión se endeudará conjuntamente para financiar un estímulo fiscal de una dimensión muy importante” (de un vicepresidente del Gobierno de España en las redes sociales).

Veamos los datos. Lo primero que se ha resuelto es que el fondo de Reconstrucción va a conceder 750.000 millones de euros, tal y como proponía el presidente del Consejo Europeo avalado por Alemania y Francia. Pero solo 390.000 millones de euros serán concedidos como subvenciones, transferencias directas a los países necesitados, y otros 360.000 millones serán préstamos. No solo las subvenciones se han reducido en 110.000 millones de euros respecto a la propuesta inicial, sino que las subvenciones no son “ayudas a fondo perdido”, por lo que habrá que devolverlas como los créditos, aunque sus intereses sean menores. Y España deberá devolver los 140.000 millones de euros que puede recibir del fondo.

Pero como las subvenciones deberán ser pagadas de forma conjunta por todos los Estados de la Unión Europea a través de los Presupuestos durante los próximos 30 años, hay que descontar los actuales 12.000 millones de euros anuales que aporta España al presupuesto europeo. Lo que da pie y es excusa para un aumento de la contribución española al Presupuesto de la Unión imponiendo medidas como establecer nuevos impuestos “verdes” y subir los tipos del IVA reducido, así como recortar en gastos sociales.

Porque se imponen duras condiciones para el acceso a las ayudas. El derecho de veto que reclamaban los llamados “frugales” se ha convertido en lo que ahora se llama “el freno de mano” y el “botón nuclear”, un mecanismo de intervención que permite que un país pueda bloquear los fondos que ha de recibir otro país si no se ajusta a las reformas exigidas por la UE. Es decir, un veto de hecho.

Un solo país podrá detener o retrasar las ayudas si plantea objeciones a los planes de reconstrucción de otro país, elevando la decisión al Consejo Europeo que tendrá tres meses para decidir. Es decir, los desembolsos de las ayudas se dejan a merced de decisiones políticas cuyo objetivo no es otro que poder imponer las consabidas “recomendaciones” como son impedir la derogación de la reforma laboral, revisar el pacto por las pensiones, imponer la “mochila austríaca” y exigir nuevos recortes en gastos sociales.

“No obstante, debemos destacar algo clave para España: el acuerdo alcanzado no solo no impedirá que el Gobierno de coalición continúe aplicando su programa, sino que significará un enorme estímulo para continuar con las transformaciones” (de un vicepresidente del Gobierno de España en las redes sociales).

Pero en los hechos, los mecanismos de control del fondo de Reconstrucción van a poder impedir cualquier intento por derogar la reforma laboral, como estaba en el acuerdo del gobierno de coalición firmado por PSOE y Unidas Podemos. Y cualquier "halcón del norte" podrá utilizar ese mecanismo para bloquear o impedir en su momento la aprobación de unos presupuestos que considere “demasiado sociales”.

Estos cuatro días, aparentemente se han enfrentado dos bloques. Por un lado, los insultantemente llamados países “frugales”: Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca, encabezados por el primer ministro de holandés Mark Rutte, y con la inclusión a última hora de Finlandia; y por otro, los dos grandes países del Sur y más afectados por la pandemia y la crisis, Italia y España, con el apoyo de Francia, bajo la presidencia de la canciller alemana Ángela Merkel.

Pero, en realidad, la contradicción que ha movido todo el proceso no es la Norte-Sur, sino los representantes de los intereses en Europa del proyecto global norteamericano, con el primer ministro holandés Mark Rutte como ariete, y en una contradicción con los intereses imperialistas de Alemania y Francia, contra los justos intereses y necesidades de las burguesías, los pueblos y países del Sur de Europa.



¿Por qué no nombrar a la bicha?

Ciertamente Alemania y Francia han logrado su objetivo de reactivar el mercado interno europeo, donde se juega gran parte de su propia recuperación y de las multinacionales alemanas. Y ello con los instrumentos necesarios para financiar reformas e inversiones que sirvan a sus propias necesidades económicas.

Pero la superpotencia estadounidense, con sus inmensas multinacionales, entidades financieras y fondos buitre, es, en última instancia, la más beneficiada de los resultados de esta cumbre. La reducción de las subvenciones favorece los intereses de los fondos norteamericanos en países como Italia y España, ya que tendrán mejores condiciones para seguir aumentando sus opciones de compra de empresas, y ampliará las perspectivas de los fondos buitre en el mercado de la vivienda y en la privatización de la Sanidad. Además del control sobre la reforma laboral para rebajar salarios y derechos que garantice los beneficios de sus multinacionales.

Al servicio de tales intereses estadounidenses ha trabajado Holanda como ariete (y conocido paraíso fiscal en el seno de la UE), encabezando a los “halcones del norte” y asumiendo un nuevo protagonismo, tras el Brexit y la salida del Reino Unido, como auténtico Caballo de Troya de EEUU en el seno de la Unión Europea.