El camino era tortuoso, árido, duro pero sólido, previsible, seguro, no era una senda querida y, con la ayuda de unos y otros, por la necesidad de los tiempos, y el ansia de todos, construimos, sobre ese camino,  una autovía de seguro caminar, de doble vía, con todas las señalizaciones precisas; a unos les hubiera gustado menos rápida, a otros más recta, a otros de asfalto negro y líneas blancas y a otros de pago, pero todos estaban a gusto y contentos porque, tras muchos años del camino de piedra y asfalto, se conseguía una línea de alta velocidad.

Al poco de comenzar a circular, como las limitaciones de velocidad eran molestas, se desmontaron muchas de esas limitaciones y parecía que todo seguía bien.

Más adelante, como la Guardia Civil ponía muchas multas y no se podía retirar del camino, a unos se les ocurrió que mejor que ellos dijeran qué guardias estarían en carretera y cuáles no.



Poco a poco, esa magnifica autovía que tenía unos controles bien definidos y marcados, por intereses de unos y cobardías de otros, que cuando podían nos los reestablecían, comenzaron a surgir accidentes, baches, etc.

Como no pasaba nada, unos quitaban y otros disfrutaban, unos provocaban baches y los otros ni zahorra les echaban; pero, los accidentes seguían siendo menores, hasta que un grupo de la esquina decidió que el trabajo realizado era una porquería, que los esfuerzos realizados no habían servido para nada, que esa autovía no era de calidad.

Los coches cada vez eran más rápidos y sus conductores menos expertos, los daños provocados eran cada día más patentes y, curiosamente, los peores conductores estaban empeñados en cambiar la carretera y diseñar la nueva ellos, si bien jamás mostraron los planos, la hoja de ruta de construcción, ni los beneficios que se obtenían, más allá de grandes manifestaciones e inconsistentes formulaciones.



estas alturas, en lugar de comprender que, además de reparar la autovía, hay que reestablecer los controles, modernizar las normas de circulación y exigir más solvencia, preparación y seriedad a los conductores impidiendo que los niños circulen por ella, dejando claro qué tipo de vehículos pueden circular y a cuáles les está impedido, por ser de cadenas y dañar el asfalto, seguimos dejando que se reduzcan los controles, perdiendo calidad en la conducción, que circule cualquiera sin respetar el asfalto, el tipo de vehículo, y nos precipitamos en la destrucción de la autovía.



Algunos dicen que el que avisa de la ruptura es una alarmista, pero ellos ahondan la brecha e incrementan la velocidad de conducción, otros que el camino está agotado, pero no cuentan cuál es la alternativa.



Cuando llega un nuevo conductor todo son recelos, alegrías, disgustos, miedos, pero sólo podremos valorar su conducción con el tiempo, si bien mal empieza el que lo primero que hace es quitar los controles, controlar a los controladores y profundizar en el descrédito de los conductores, de la autovía y de su bondad. La calidad de la autovía es proporcional al nivel de control del conductor y, en el presente, se empieza destruyendo controles y manipulando la judicatura, la fiscalía y, por tanto, el poder de máximo control…. ¡Qué poco me gusta como caza la perrina!