La 'deseada' ya está aquí. El Real Valladolid anhelaba su primera victoria en este inicio turbulento de LaLiga 20-21 y ha sido ante el Athletic Club, en el templo blanquivioleta, cuando ha llegado. Un triunfo que sirve para comenzar a cambiar la dinámica después de haber anotado dos goles y haber sabido sufrir una vez encajado el 2-1 desde los once metros a falta de casi diez minutos de partido.

Comenzó el choque de esta jornada 9 con un equipo local ambicioso. Esa misma presión, ese inicio intenso, con el que llegaron los primeros acercamientos a la portería rival al igual que había sucedido en encuentros anteriores. No obstante el rival ganó metros y equilibró ese empuje, con ocasiones tímidas por parte de unos y otros. Sin embargo, y aquí sí llegó el cambio respecto a lo vivido anteriormente, la primera jugada clave cayó del lado pucelano: un error de Unai Simón fue aprovechado por Marcos André para forzar el penalti que transformó Orellana en el minuto 18.



Los de Sergio González se ponían por delante, como ya lo hizo ante el Huesca, y tocaba afianzar esa ventaja. Seguros en la zaga, y con iniciativa en la faceta ofensiva, se frenó la reacción de los vascos e incluso se dispuso de llegadas para aumentar la renta, como el tanto anulado a Guardiola por fuera de juego previo o la ocasión que tuvo el propio delantero, quien no logró culminar en el segundo palo una bonita jugada colectiva. En el tramo final de esta primera mitad el Athletic se volcó y tuvo numerosos saques de esquina para buscar las tablas, que no llegaron gracias al buen hacer del equipo en defensa.

Premio al sufrimiento



No tardó ni cinco minutos el Real Valladolid en lograr, tras el paso por vestuarios, ampliar la diferencia en el marcador. Una jugada por la banda izquierda que condujo Plano para sacar un centro raso, atrás, para Alcaraz, quien se revuelve y encuentra en el otro lado del área a Orellana, que deja atrás a Hervías cuyo disparo es repelido por Unai. Pero ahí apareció, con la caña, Marcos André para firmar el 2-0 y estrenarse en Primera División.



La primera parte del trabajo, complicada labor, estaba hecha. Con dos goles de desventaja el Athletic asumió el control y se encontró a un rival correcto, firme, sin fallos, que supo mantenerse en pie y dejar que el tiempo pasase sin recibir daño. 

Y aunque el equipo de Bilbao aún tenía mucho que decir se estrelló, en sus llegadas más claras, con Jordi Masip. El portero sacó con buenos reflejos en el 62' un peligroso cabezazo de Villalibre, y un minuto después achicó espacios para evitar el gol de Williams en un mano a mano.

Quedaba mucho partido, y sufrir, para lograr el merecido premio de los tres puntos. Fue en la recta final cuando el Athletic anotó, desde el punto de penalti, el 2-1 que comprometía la victoria pucelana. Más el descuento, restaban casi diez minutos para mantener eso que tanto ha costado obtener en este inicio de competición, ante un equipo con poderío aéreo que trató de lograr el empate con insistentes balones colgados a cuyo remate, incluso, se sumó el portero. Pero la defensa blanquivioleta volvió a ser esa que ha permitido la permanencia las dos últimas temporadas, y que este domingo 8 de noviembre ha puesto la primera piedra sobre la que crecer este curso.