No brindo por este sol

sino por el de otros días,

por antiguas melodías

que salvé del vil cantor.

Brindo porque eres el mosto,

cuando en la ciudad vacía

pinga la melancolía

bajo la luna de agosto.

Brindo por el paso firme

con que me llevó el caballo

a la bodega y de un trago

pude de ti despedirme.

Brindo por los solitarios

sabores de los crepúsculos

robados entre minúsculos

descuidos que hubo en tus labios.

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