Sánchez y Gibraltar: tarde mal y nunca

El presidente Pedro Sánchez, a su llegada a la cumbre del 'brexit' Piroschka van de Wouw/Reuters

El Gobierno español acaba de perder una oportunidad de oro para recuperar sus derechos sobre Gibraltar, la última colonia en Europa. Con las negociaciones del Brexit, España se encontraba en una posición de fuerza única frente a un Reino Unido debilitado, que tendría que haber hecho concesiones antes de firmar con la Unión Europea el mejor divorcio posible.

Y es que ante la debilidad del los británicos, España tenía por primera vez en más de 300 años una ocasión histórica, si bien no me gusta usar ese término que se utiliza ya para cualquier situación, ¡hoy todo es "histórico"!; pero éste sí que lo era y no volverá a presentarse, al menos que el Reino Unido pida en el futuro reincorporarse a la UE. Y no son, desde luego, esas declaraciones de intenciones, sin ningún valor jurídico frente al Tratado de Retirada británica entre Londres y Bruselas, las que van a cambiar las cosas. El hecho de que el Gobierno nos lo intente vender como una victoria "histórica", ¡cómo no!, resulta un insulto a la inteligencia de los españoles.

Hoy nos podemos sentir triplemente engañados y se entiende perfectamente la alegría y la sorna de los británicos, que han vuelto a ganar la batalla sobre el Peñón. En primer lugar, a diferencia de un país mucho más pequeño como es Irlanda, que ha defendido con uñas y dientes su frontera, el Gobierno español no ha sabido o querido defender los intereses de España. En segundo lugar, estas negociaciones llevaban meses encima -¿o debajo?- de la mesa. ¿Por qué no saltaron antes las señales de alarma? ¿Para qué sirven entonces nuestros eurodiputados, aparte de cobrar sueldos y dietas exorbitantes? ¿Nos van a hacer creer que nadie de nuestros representantes en Bruselas estaba al tanto de lo que se estaba fraguando? 

En tercer lugar, y esto es muy grave para el futuro de la maltrecha "Unión" Europea, Bruselas ha vuelto a darle la espalda a España. La verdad es que se está convirtiendo en una costumbre, cuando recordamos por ejemplo la falta de apoyo, por no llamarlo de otra manera, de países como Bélgica o Alemania frente al secesionismo catalán. Si el Gobierno español no se hace respetar en su propio territorio, difícilmente le van a tomar en serio fuera. Con episodios así, va a resultar cada vez más difícil combatir el discurso de los populismos anti-europeos. Porque ha quedado más que patente que en la Unión Europea, no hay amigos sino solo intereses. Y España no interesa.

Con estas negociaciones del Brexit en las que España no sólo no ha pintado nada sino que además ha capitulado solita ante el resto de sus socios, al no ejercer su derecho de veto, los españoles hemos recibido también nuestro peculiar escupitajo europeo. Parafraseando el tristemente famoso: "Más vale honra sin barcos, que barcos sin honra". España ha perdido tres cosas: la posibilidad de recuperar la soberanía sobre su territorio bajo ocupación británica, su maltrecha honra y lo que quedaba de su prestigio internacional, que ya va tocando fondo. Gracias, señores del desGobierno.

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