Cargada de material y terminando de preparar todo. Así pillas a Sandra Pardos a mitad de enero. Los nervios hacen mella en esta joven zaragozana que ultima los preparativos para comenzar un nuevo capítulo en su vida, aunque es parte de una espiral de emociones en la cual la ilusión y las ganas están siempre presentes.
Esta joven de 29 años tiene motivos para vivir este frenesí ya que está a punto de lanzarse a la aventura de abrir su propio negocio en el que dará servicio de manicura y pedicura bajo el nombre Malibú Nails a partir del 26 de enero.
La juventud y el vértigo de adentrarse en el mundo de los autónomos no la frena. Según cuenta, la semilla de esta idea fue plantada por su padre y su pareja. "No estaba en mis planes, pero de tanto decirlo se me quedó en la cabeza", cuenta Sandra.
Entre negocios hipotéticos y pequeños empujones por parte de sus seres queridos, en agosto optó por labrarse un futuro propio. "Llevaba cinco años trabajando en un salón solo con la jefa y se me presentó la oportunidad y me dije a mí misma que 'adelante'", rememora.
Si bien hasta que llegó el local perfecto para instalarse le costó. Esta joven tenía muy claro que quería ubicar su negocio en el barrio del Actur y reconoce que el camino de encontrar el espacio fue "complicado": "Todos los locales había que adaptarlos a salón de manicura y había que hacer muchas reformas", explica.
Hasta que al final encontró el idóneo, ya que había sido salón de peluquería, por lo que la reforma era menor. Este se sitúa en la calle Pablo Iglesias número 20. Para adecuarlo ha contado con la ayuda de su padre, que se dedica a las reformas, por lo que reconoce que "ha sido un poco más fácil".
Todo este proyecto ha supuesto una gran inversión: "Llevaba tiempo ahorrando y he tenido que utilizarlo todo para poder abrir", reconoce. No ha sido lo único ya que ha pedido una ayuda para jóvenes autónomos para poder hacer frente a la apertura.
Para hacer frente a esta nueva incertidumbre ha sido importante su familia, a la que agradece su ayuda: "Gracias a ellos y a una gestora ha sido posible porque yo sola imposible".
Calidad y cercanía
Ahora su interior se adueña de la personalidad de Sandra, donde el rosa y los colores vivos transmiten la esencia de cercanía y el carácter vibrante de esta joven. Su identidad también se ha tomado forma al nombre del negocio: "Malibu viene de mi adolescencia porque todos mis amigos me llamaban así con 16 años y me pareció un buen guiño", comenta contenta.
Los cinco años de experiencia a sus espaldas le avalan y señala que "empieza de cero como autónoma, pero tengo suerte con los clientes". Así, cuenta que algunas de sus ya habituales conformarán sus primeros clientes en esta nueva etapa.
Esto es gracias al trato que ella misma busca dar en el que además de profesionalidad y calidad quiere que su espacio se convierta en un lugar seguro "cercano, familiar y amistoso".
