Vanesa y Raúl, autónomos con un negocio de reformas en Ejea de los Caballeros (Zaragoza), no siempre tuvieron la agenda llena ni el año 'cerrado'.
Como tantos otros profesionales, la crisis inmobiliaria de 2008 marcó un antes y un después en su carrera. Tras años trabajando para constructoras en Zaragoza, no quedó otra alternativa que reinventarse. Vanesa en una empresa de instalaciones de aire acondicionado y Raúl en el sector primario.
Él, hijo de albañil y heredero de un oficio que vale oro; ella, con una visión práctica y comercial que acabaría siendo fundamental. Hace casi una década, tras el nacimiento de su hija, decidieron dar el salto y empezar de cero como autónomos.
Tras unos primeros años en los que el 'boca a boca' y la confianza de los vecinos fueron clave, a día de hoy cuentan con tienda física en Ejea de los Caballeros y una lista de espera que se extiende hasta finales de 2026.
Sobrecarga laboral
El volumen de trabajo que manejan actualmente poco tiene que ver con aquellos comienzos.
"Tenemos el 2026 casi cubierto. La semana pasada, di un presupuesto y es que tal y como lo mandé me lo aceptaron, pero es que eso me pasa con el 99% de los presupuestos que doy", explica Vanesa.
Una realidad que acaba condicionando los tiempos, inevitablemente. "Un baño lo podemos colar, es una semana", pero para reformas integrales de pisos, que suelen alargarse unos dos meses (sin contar con los meses previos de preparación) ya se están presupuestando con plazos de prácticamente un año.
Para ellos, el motivo es claro y tiene doble lectura. "Nos conocen y luego es que no hay albañiles. Hay veces que digo es que trabajamos por castigo porque es que no hay nadie", resume.
El compromiso con los clientes y la presión de los plazos no entienden de imprevistos. "Trabajamos de 8 a 8", asegura Vanesa, recordando que Raúl ha llegado a ir a la obra incluso con fiebre.
Raúl en la obra
Falta de trabajadores
La solución lógica pasaría por crecer y contratar personal. Sin embargo, el contexto actual del sector hace que delegar no sea una opción realista.
Vanesa asegura que forman parte de la última generación que ha apostado de lleno por la construcción. Muchos oficiales de mediana edad se hicieron autónomos en su día o, tras la crisis de 2008, optaron por empleos con horarios más estables.
Sin embargo, para quien lo sepa aprovechar, el panorama a medio plazo es alentador. "Yo veo que de aquí a 10 años el que quiera aprender el oficio no se va a hacer millonario, pero casi. No va a haber profesionales porque los compañeros que tienen ahora entre 50 o 60 se van a jubilar, y no hay relevo generacional".
La falta de mano de obra tiene una raíz clara, la formación. En su entorno más cercano, Ejea de los Caballeros, "no hay un centro donde puedan formarse mínimamente en albañilería, aunque sea un año".
A esto se suma el problema del convenio. Actualmente no existe una fórmula flexible para incorporar aprendices al oficio sin asumir un coste elevado desde el primer día.
"A un peón que está aprendiendo letengo que pagar 1.500 euros al mes, más los casi 1.000 euros que cuesta la Seguridad Social de cada empleado", explica.
Una condición positiva para el trabajador, pero complicada para el autónomo, que tiene que formar y apostar por una persona que, en la mayoría de casos, prefiere cambiar de empleo al poco tiempo.
