Cada vez que hay un cambio dentro de la legislación que permite un cambio en el trabajo de las enfermeras se produce un tsunami de quejas por parte de otras profesiones, que curiosamente deberían ser los primeros en reconocer la mejoría que se aporta al sistema sanitario, a los pacientes y, por lo tanto, a la sociedad.

En estos momentos, se ha dado un paso más para que las enfermeras podamos prescribir. Esto no ha sentado muy bien a otros profesionales, argumentando que ponemos en peligro la atención sanitaria de los pacientes.

Como exponía Marisa de la Rica, enfermera, y vocal del Colegio de Enfermería de Zaragoza y vicepresidenta segunda de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), en uno de sus trabajos: Un estudio independiente realizado por Juan F. Hernández Yáñez, sociólogo y ex consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), revela que el 99% de las universidades españolas, tanto públicas como privadas, que imparten el grado de Enfermería incluyen en su programa créditos básicos u obligatorios sobre conocimientos farmacológicos.

No solo eso… Proporciona "conocimiento imprescindible para poder evaluar la evolución clínica de dichos pacientes, y los potenciales efectos beneficiosos o indeseables de los medicamentos" entre 150 y 360 horas se dedican a:

  • Conocimiento de los diferentes grupos farmacológicos.

  • Principios de indicación, uso y autorización.

  • Mecanismos de acción farmacológica.

  • Beneficios esperados y posibles efectos adversos.

  • Riesgos asociados a la administración y consumo.

Aun así, organizaciones médicas se oponen a que la enfermera utilice estos conocimientos poniendo como excusa que las enfermeras no “saben”.

Pero es que la práctica clínica desmiente rotundamente este prejuicio, porque la enfermera hace años que prescribe, eso sí utilizando al médico de “secretario”, ya que era la única forma de cambiar el apósito de una cura; dar un paracetamol después de que vacunamos, o aumentar la cantidad de insulina que puede retirar un diabético; cuando comprobamos que no le llegaba con la prescrita… Y puedo utilizar miles de ejemplos, no solo con diabéticos, también con hipertensos, ostomizados, anticoagulados y muchos etcétera.

Otro de los temas que están suscitando malestar estos meses es que la enfermera no puede ocupar puestos de gestión. La justificación en este caso es: "no puede mandar quien sabe menos que nosotros".

¿Menos de qué? No veo a un traumatólogo diagnosticando una bronquitis, ni a un otorrino operando una rodilla.

La gestión precisamente de lo que se trata es de tener una visión de conjunto, y de todas las profesiones.

Otro argumento es que los créditos u años de carrera son menos que los de los médicos, también lo son los de otras profesiones, equiparables con las enfermeras y que están en ese grupo profesional en grupo A1. Pero eso no parece molestar.

Entonces… ¿qué será, será lo que enfada tanto? Desde luego no es por los argumentos que se esgrimen, tal vez, los verdaderos argumentos no se pueden decir en voz alta, porque no son todo lo honestos que deberían.

El tronco del trabajo enfermero son los cuidados, del que no queremos salir, ni ser otra cosa que enfermeras, aunque curiosamente si lo observan verán que curiosamente, ahora todos cuidan. Solo queremos herramientas para hacerlo mejor, investigar dentro de nuestro campo y ser finalistas en una atención.

Una de nuestras predecesoras, Florence Nightingale, enfermera en la guerra de Crimea, demostró que los hombres morían en mayor número tras una intervención quirúrgica que en el campo de batalla. Simple y llanamente porque no se realizaba un lavado de manos correcto antes de la intervención. Por supuesto le costó muchísimo introducir cambios porque total “era una enfermera”.

Pero bien está que nos pasemos todos al carro de los cuidados, que no se nos olvide, que una persona es más que un pulmón, o una rodilla. Que hagamos lo difícil y se nos olvide lo simple, aconsejar sobre hábitos saludables…

Que tampoco se nos olvide que “Clínica” significa “inclinarse sobre el paciente”. Que las pruebas deben ser “complementarias”, “no diagnósticas” y que como dice el Dr. Calatayud “una técnica hace falta tres meses, para dominarla, tres años, para utilizarla en el paciente adecuado y 30 años para decidir que no le va a mejorar a la salud, por lo que es mejor no usarla”.

Ya sé que insisto mucho en argumentar que la sociedad ha cambiado y su salud y las enfermedades que sufren o sufrimos también.

Pero señores la medicina que tenemos ahora ya no sirve, pero lo peor es que puede perjudicar.