Hace unos días un compañero me decía: “Ya hablamos del pasado con un “antes del COVID, después del COVID”. Está claro que esta pandemia nos ha marcado. No es para menos, 13.252 ingresos y 1.244 personas que pasaron por una UCI aragonesa antes de terminar el primer año de pandemia. Según las estadísticas de OPEN Data Aragón, 312 muertos solo en el primer mes de confinamiento, a 10 personas diarias. En un año, 3.129 muertes y la cifra llegó a alcanzar los 5.301 y 5.456 muertos, en función de las fuentes consultadas.

Cómo no vivir con incertidumbre, incluso miedo, sobre todo en los primeros momentos. Vivíamos una situación que no conocíamos y que no sabíamos cómo íbamos a salir. Pero salimos, al menos nos recuperamos por lo menos en lo que a datos de enfermedad se refiere.

Tengo más dudas si también nos hemos repuesto de las repercusiones emocionales que provocó. A veces me planteo si la situación de crispación y el aumento de violencia son una “resaca de la pandemia”. Siempre se ha dicho que las situaciones malas son las que unen más a las personas, no parece que haya pasado lo mismo en este caso. Harán falta más años de 5, o 10 años para sacar conclusiones objetivas, de hasta qué punto ha afectado a la sociedad y que secuelas son las que se están viviendo en esta época post pandemia.

Como enfermera conozco que tras un accidente uno de los peores momentos es realizar las curas posteriores al mismo. Porque quitar un apósito muchas veces duele, limpiar la herida duele, y volver tapar esa cura duele. Veo las caras de los pacientes en esos momentos y se ve la tensión en sus mandíbulas.

¿Está ocurriendo eso mismo en el tejido social? Lo desconozco. Puede que el aumento de las agresiones sea una secuela. Afecta también a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado… Y eso me hace pensar, si no hay problemas en agredir a un policía, profesionales que sabemos que están preparados y equipados para disuadir de una acción violenta… ¿Qué voy a esperar del trato a un profesional que trabaja en la sanidad?

Todas las situaciones traumáticas tienen una repercusión emocional posterior, tras una catástrofe los individuos suelen necesitar apoyo psicológico. Pero, ¿cómo se consigue lo mismo a nivel social?

También hará falta tiempo para evaluar si hemos aprendido como sociedad de esta situación, o no. Si mañana ocurriese otra situación parecida, espero que no, pero si ocurriera, la población entendería el confinamiento y habría aprendido de la experiencia para llevarlo mejor.

¿Los profesionales habríamos aprendido a reaccionar mejor? porque en ese momento no todos los profesionales reaccionaron igual. Dentro de las primeras filas de actuación, compañeros se pusieron delante, otros retrocedieron y otros directamente desaparecieron. El miedo es un sentimiento humano, ¿sabremos gestionar mejor ese miedo en una situación parecida?

La mayor catástrofe ocurrió en las residencias. Conocemos el número de fallecidos en residencia, pero desconocemos temas como la pérdida de habilidades mentales, motoras, que un aislamiento de tanto tiempo le supuso a las personas que sobrevivieron a la pandemia.

El sistema sanitario está dolorido, como ocurre después de un accidente… Y la población lo está con respecto al sistema sanitario. En este artículo quiero recordar que la carga no solo fue para la enfermedad, el último impulso de fuerza fue la vacunación… 3.262.117 dosis puestas en Aragón hasta abril del 2023 son muchas dosis que administrar. En estos momentos ya se han alcanzado las 3.673.758 dosis.

El trabajo en la pandemia no fue igual entre todos los profesionales, la carga en la asistencia para las enfermeras fue enorme, la de la vacunación fue exclusiva para mi profesión. La cercanía con los enfermos sumados a los escasos medios de protección que hubo al principio provocaron que más de 312 enfermeras se contagiaran de COVID solo en los primeros meses.

Desde aquí todo mi reconocimiento a todas mis compañeras, tanto de lo público como de lo privado. A las que sudaron tinta en las UCI y lloraron por los pasillos; a las que en las plantas hicieron mucho más de lo que podían en medio de tanta saturación; a las compañeras de Urgencias no podían saber si esa persona a la que atendían podía contagiarles; a las enfermeras de Primaria que vivieron el drama de las residencias y acometieron los millones de test diagnósticos y vacunas que se administraron.

Mi preocupación por este tema es porque la pregunta no es si volveremos a tener una situación parecida. La pregunta es cuándo ocurrirá, lo que es seguro es que no vendrá con aviso previo.