Del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, al regreso de Trump a la sede del Congreso para su investidura como presidente; de suspender su perfil en Twitter por incitar a la violencia, a la transformación de esa red social a su imagen y semejanza… Y la última (por el momento), de la promesa de cerrar TikTok por considerarlo una amenaza a la seguridad nacional a una intervención, in extremis, para salvarlo.
El multimillonario que se hizo famoso por su aparición en un reality show vuelve a la Casa Blanca en un panorama político y comunicativo transformado, a su favor. Controla absolutamente el Partido Republicano, ha extendido su influencia social y política y ha logrado la simpatía de las plataformas digitales, que le ofrecen una preeminencia para consolidar su narrativa y, por ende, su poder. Centrémonos en este último punto.
Queda lejos aquel enero de 2021 cuando el equipo de Jack Dorsey, fundador y exdirector ejecutivo de Twitter, bloqueó la cuenta del presidente de EEUU. La plataforma que lo silenció en los días posteriores al asalto al Capitolio se ha convertido ahora en un escaparate perfecto para su estilo de comunicación. Bajo la dirección de Elon Musk, Twitter (ahora X) ha dejado de ser una herramienta de comunicación para convertirse en un arma política.
Y hablemos de cómo la ideología está permeando en las redes sociales más allá de Trump para contextualizar el panorama actual. En 2024, la era de una plataforma para todas las ideologías ha llegado a su fin y podemos adaptar el clásico “dime qué periódico lees y te diré a qué partido votas” al más contemporáneo “dime en qué red social estás y te diré qué ideología tienes”.
Con la optimización de algoritmos, las grandes plataformas digitales personalizan cada vez más los contenidos que ofrecen a sus usuarios, lo que ha producido una fragmentación de sus audiencias en nichos. Como consecuencia, más polarización y reducción, a la mínima, de otros puntos de vista que enriquezcan el debate público. Hoy, las redes, aíslan a las personas en burbujas ideológicas fomentando las ‘cámaras de eco’, es decir, el consumo de unos contenidos que amplifica y refuerza las creencias propias. Facebook, TikTok, Instagram o Youtube son ejemplos que reflejan esta división.
Sin embargo, ¿qué está pasando con X? Desde que Musk adquirió la plataforma son habituales las conversaciones acerca de la despersonalización del algoritmo. El enfoque ha cambiado y ahora todos compartimos la fórmula que define el propio Musk. Hoy, narrativas alineadas con las causas de Trump y Musk han ganado visibilidad, lo que nos plantea una pregunta: ¿Este cambio de estrategia busca optimizar ingresos o responde a una agenda ideológica?
Pero en este artículo no solo vamos a poner el foco en X. ¿Qué me dicen del cambio de posicionamiento de la oligarquía de Silicon Valley? Si antes, de manera tradicional, las tecnológicas estaban alineada con el Partido Demócrata, este mes, Zuckerberg y Bezos han donado millones a la nueva administración para la ceremonia de investidura. Este apoyo de las big tech da pistas acerca de cómo va a ser la relación entre el poder tecnológico y el político en los próximos años.
Y la última. Les recuerdo que el domingo, la Corte Suprema de EEUU prohibió a TikTok operar en el país si no se desvinculaba de su matriz china alegando preocupaciones de seguridad nacional sobre la recopilación de datos. Pues bien, al día siguiente, nos despertamos con la sorprendente intervención de Trump para reactivar la plataforma. Y atentos al mensaje de Tik Tok: “¡Bienvenido de nuevo! Gracias por tu paciencia y apoyo. Como resultado de los esfuerzos del presidente Trump, ¡TikTok está de vuelta en los Estados Unidos!”. Ojiplática me hallo… ¿Contradicciones? ¿Y a quién le importan?
En definitiva, las plataformas digitales moldan el debate público y con el 59,3% de la población mundial en ellas, son las nuevas trincheras de la política global. Tienen el poder de decidir quién tiene voz y cómo se amplifica esa voz. Y todo apunta a que en la nueva era Trump, van a poner en marcha su capacidad para redefinir las reglas del juego democrático y moldear el futuro político global.