El dolor mandibular es una señal silenciosa que muchos confunden con el estrés. Lo que para muchos es una simple molestia al final del día puede ser, en realidad, una señal de alerta que tu cuerpo lleva tiempo enviando en silencio.
Durante años, estos signos se normalizan y se achacan al ritmo frenético de vida, a las prisas o al cansancio, mientras por debajo se gesta un problema que afecta a la forma de comer, hablar y hasta de dormir.
En EL ESPAÑOL DE ARAGÓN hemos hablado con el doctor Camilo Chávez de Torres Centro Dental Integral, odontólgo especialista en trastornos temporomandibulares y dolor orofacial. El doctor, lo resume con una frase que desmiente este mito: "El dolor mandibular no debe considerarse algo normal ni convivir con ello de forma continuada sin prestarle especial atención".
Detrás de esas molestias aparentemente inofensivas suelen esconderse trastornos de la Articulación Temporomandibular (ATM) o bruxismo, condiciones que, si no se abordan a tiempo, pueden deteriorar seriamente la calidad de vida y la salud dental de quienes las sufren. Además, el dolor puede llegar a cronificarse.
En este sentido, el Dr. Chávez señala que los trastornos de la ATM rara vez irrumpen de golpe "aparecen poco a poco en la rutina, casi sin hacer ruido", señala. Además, advierte: "Pueden comenzar por leves molestias, una sensación de rigidez, de cansancio matutino o durante el día o incluso cuando comemos".
Pero cuando el tiempo va pasando, el cuerpo empieza a enviar señales más claras. Por eso, hay personas que cuentan que "la mandíbula se les fatiga, que tienen que detenerse a mitad de una comida o trocear en pedazos diminutos porque el dolor ya no les permite seguir".
Aunque algunos de los signos destacados de esta dolencia son: ruidos articulares, como crujidos delante del oído, dificultad para hablar con naturalidad, desgaste dental visible e incluso bloqueo mandibular -cuando abrir la boca más de dos dedos se convierte en un reto.
No es raro que estos síntomas confundan incluso a los propios pacientes. El Dr. Chávez lo explica muy claro: "Muchos acuden primero al otorrino convencidos de sufrir un problema de oído, cuando en realidad el foco del dolor está en la articulación temporomandibular".
Apretar o rechinar
Durante años, el bruxismo -pretar o rechinar los dientes de forma inconsciente, sobre todo al dormir- se ha colocado en el cajón del estrés. Pero la ciencia de hoy matiza este dato. De hecho, no se considera una enfermedad en sí misma, sino un signo de que algo está ocurriendo en el cuerpo.
"El bruxismo es una contracción muscular que está manejada o inducida por el cerebro; cuando tú estimulas al cerebro, se genera una actividad del sistema nervioso autónomo", explica Camilo. Esa actividad puede encenderse por múltiples disparadores: problemas respiratorios del sueño, como la apnea; reflujo gastroesofágico que altera el descanso nocturno; y el consumo de sustancias estimulantes tan cotidianas como el café, las bebidas energéticas, el alcohol o el azúcar en exceso.
Lo que para muchos es solo "una mala noche" puede ser, en realidad, un cóctel perfecto para tensar la musculatura mandibular.
Por eso, el diagnóstico de estos trastornos no se limita a mirar dientes y radiografías. Requiere una investigación profunda de las patologías de base del paciente, de sus hábitos de vida y de su entorno, para comprender por qué el cuerpo ha elegido precisamente la mandíbula para expresar su malestar.
Un diagnóstico biopsicosocial
En centros de vanguardia como Torres Centro Dental Integral, el enfoque ha evolucionado hacia el llamado modelo biopsicosocial, que integra lo físico, lo emocional y lo social. No se trata solo de una articulación que duele, sino de una persona que convive con ese dolor en su trabajo, en su descanso y en sus relaciones personales.
"Nos damos el tiempo de entender al paciente y de conocerlo; no es una valoración rápida. No hay una receta de cocina para todos por igual, sino que cada paciente recibe un diagnóstico y un tratamiento preciso", señala Camilo.
El éxito del tratamiento, subraya, depende en buena medida de que el paciente asuma un papel activo, dispuesto a modificar hábitos, realizar ejercicios y cuestionar rutinas que nunca había asociado con su mandíbula. "Hay cosas de la vida del paciente que ellos no creen o no saben que pueden contribuir al desarrollo de esta patología", añade.
Aliviar y proteger
Una vez identificado el problema, la meta es aliviar el dolor, proteger los dientes y devolverle a la mandíbula su movimiento natural. Para ello se combinan varias herramientas, adaptadas a cada caso, pero sin perder de vista un principio común: cuanto más temprano se actúe, más sencillo y conservador será la solución.
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Férulas de descarga: dispositivos hechos a medida, cómodos y estables, que ayudan a disminuir el dolor muscular y articular y protegen el esmalte al hacer que el paciente rechine sobre el acrílico y no sobre sus propios dientes. En Torres Centro Dental Integral cuentan con Ferúlas de Relajación Individualizada (FRI) y Férulas de Reposicionamiento Terapeútico (FRT).
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Fisioterapia orofacial: ejercicios y técnicas de movilización guiados por un profesional que mejoran el movimiento y reducen el miedo a usar una articulación dolorida, favoreciendo que las estructuras vuelvan a funcionar con normalidad.
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Técnicas infiltrativas: en casos seleccionados se pueden realizar infiltraciones musculares con anestésicos locales y también en la ATM con ácido hialurónico y plasma rico en fibrina que ayudarán a controlar el dolor y promover la regeneración de los tejidos. Además, Torres Centro Dental Integral cuenta con tecnología láser para mejorar el dolor y promover la regeneración de tejidos, es indoloro y muy cómodo para el paciente.
Una vez más, la solución a esta cuestión es un tratamiento integral para arreglar el problema desde la raíz.
La detección temprana marca la diferencia entre un tratamiento conservador y un camino más complejo. Si se deja avanzar, el desgaste dental sigue su curso, la articulación se deteriora y el dolor se vuelve una sombra constante, más difícil de manejar y con un pronóstico menos favorable.
