Cuando Iván Acedo mira atrás y vuelve al 15 de septiembre de 2012, lo recuerda con vértigo y emoción compartida. Ese día inauguró Aura con dos bodas y un evento para BTV, y tan solo 10 días después, más de 2.000 invitados a la fiesta de inauguración cruzaban el jardín junto al puente de la Almozara.
La apertura se planteó como un recorrido gastronómico y sensorial, ofreciendo una degustación de su gastronomía hasta llegar a la terraza superior con el Pilar como telón de fondo, donde se ubica la discoteca del complejo AURA Restaurante.
"Recuerdo a mi padre llorando al verme darle las gracias desde el escenario de la discoteca. Ese día entendí que aquello ya no era solo un negocio, era la historia de una familia", ha recordado.
Acedo viene de una saga hostelera que un día decidió dar un giro de 180º a su modelo de negocio. Durante muchos años, la familia regentó un local en plena Plaza del Pilar, 'Restaurante Hispanidad', pero los tiempos cambian, y las tendencias en las celebraciones de las bodas también. Fue entonces cuando empezaron a ver limitaciones.
"El modelo se nos quedaba corto porque no podíamos alargar horarios ni ofrecer espacios exteriores, que era lo que empezaban a demandar los clientes. Los cambios en el sector nupcial provocaron que cada vez hiciéramos menos bodas y por eso vimos que teníamos que buscar una solución", recuerda Acedo sobre aquellos años.
Durante casi cuatro años, Iván recorrió fincas y solares, a veces con los niños en el coche, parando en carteles de "se vende" para dar con la mejor opción. La pieza encajó cuando surgió la posibilidad de ocupar un solar municipal en la ribera del Ebro, condicionado a la construcción de instalaciones deportivas y a un proyecto que, en plena resaca de la crisis financiera de 2008, muchos veían como "una locura", detalla.
En ese camino, y una vez que ya tenía el solar, se supo rodear de los mejores profesionales para que el complejo hostelero AURA Restaurante fuera todo un éxito.
Desde el diseño del logotipo y la imagen corporativa, que confió en la agencia de comunicación líder en aquellos años, ZARAGON, así como en la decoración del espacio, liderado por Joaquín Carbó, que entendió que Aura debía ser, ante todo, flexible y capaz de integrar el paisaje.
"No buscábamos un edificio icónico para la foto, sino un lugar modulable, capaz de transformarse para cada cliente, donde el río y el Pilar entrasen en escena", resume Acedo.
Las vistas de una de las terrazas del Restaurante Aura.
El resultado fueron unos 7.000 metros cuadrados levantados en unos 15 meses, con un gran salón de 900 metros cuadrados divisible y sin columnas, así como salones más pequeños, como el Salón Rojo, ubicado en la parte más alta del edificio, River Hall, único restaurante panorámico de la ciudad, y sus terrazas que miran al Ebro y a la basílica.
Aura nació con el propósito de atender a bodas, bautizos y comuniones, pero las necesidades y las empresas de la ciudad marcaron otro rumbo. Hoy, los eventos corporativos de empresa representan en torno al 60% de la actividad del complejo.
Uno de los eventos de empresa celebrados en la discoteca SUPERNOVA.
Desde congresos médicos, presentaciones de coches, foros empresariales o cenas de gala encuentran en el edificio un escenario que se adapta a cada relato. Desde reuniones de 20 personas en un salón panorámico hasta congresos cercanos al millar de asistentes.
Una de las obsesiones del equipo es que nada se deje al azar. De hecho, el complejo dispone de distintos planes de contingencia ante la meteorología: terrazas que se trasladan a la discoteca de techos altos, salones que cambian de formato en cuestión de horas y espacios que se reservan precisamente, además del servicio y la magia de sus instalaciones, para poder reaccionar a un cambio de parte sin renunciar a la estética del evento.
"Esa tranquilidad de saber que en Aura no solo hay plan B, sino C y D si hace falta, es algo que valoran muchísimo las empresas; no todo el mundo puede ofrecerlo", subraya el hostelero.
Así es el complejo de Aura desde una vista aérea.
Cara y alma
La esencia de Aura no se entiende sin el cliente en el centro y un equipo que cuida tanto el servicio como los detalles que no se ven.
Desde el primer correo, el departamento comercial -liderado por Laura Esteban y formado por un equipo de cinco personas- acompaña a empresas y particulares en una hoja de ruta muy pautada: visitas, información, pruebas de menú, documentación, minutas, cartelería y coordinación con cocina, sala y contabilidad.
Además, cuenta con un equipo de cocina y sala excepcional que hacen de cada evento un recuerdo. Mientras que Manel García está al frente de la cocina, Santiago Pastor es el jefe de sala. Entre los dos hacen la combinación perfecta para que cada cliente que visita Aura se quede con buen sabor de boca y ganas de repetir.
En paralelo, un técnico de sonido e iluminación se sienta con el cliente para diseñar la parte más tecnológica: pantallas LED de gran formato, conectividad para eventos híbridos, ambientaciones digitales o proyecciones especiales forman parte de un servicio que ha permitido acoger desde congresos del hidrógeno hasta entregas de premios con escenografías complejas.
Anécdotas, compromiso y futuro
Son capaces de servir menús simultáneos para más de 800 personas y todo ello sin renunciar al mimo y cuidado en cada plato.
Más allá de las cifras, hay imágenes que resumen el espíritu inconformista de Acedo. Una de las más recordadas fue la subida de un Porsche Panamera a la terraza del River en 2013, para una acción de marca que muchos consideraron imposible y que hoy forma parte de la memoria del lugar.
Aura ha sido también escenario de iniciativas solidarias junto a entidades como Ibercaja, que celebra un evento solidario todos los años en junio, o El Refugio, con jornadas en las que cocinaban personalidades del ámbito político, cultural, deportivo y empresarial, y cuya recaudación se destinaba a proyectos sociales. Acedo no esconde que le gustaría recuperar este tipo de acciones cuando el ritmo del día a día lo permita.
"Cada evento es una oportunidad para demostrar que aquí se pueden hacer cosas extraordinarias con rigor, gusto y corazón", resume Acedo. Fiel a esa mezcla de experiencia, profesionalidad, riesgo y emoción, Iván explica por qué el edificio junto al puente de la Almozara se ha convertido en mucho más que un sitio para eventos: "Es una forma de entender la hostelería y la ciudad".
Para los que están planteando hacer el evento de su empresa en Aura, Iván tiene algo que decir: "La celebración de más de 1.200 eventos al año es sinónimo de que estamos haciendo las cosas bien".
