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El cielo de Zaragoza está vigilado por un ángel, nunca mejor dicho, ya que desde hace diez años la Unidad Aérea de la Policía Nacional sobre el 'Ángel-28' ponen el ojo en cada punto de la capital aragonesa.

Si en el día a día esta unidad resulta crucial, en las Fiestas del Pilar el helicóptero y los drones conforman un trabajo indispensable para controlar las aglomeraciones y puntos críticos de la ciudad.

Antes de echar a volar para hacer un vuelo de control, el 'Cóndor' de la Policía Nacional debe pasar una inspección minuciosa por parte de los agentes. José María Flores, mecánico de la unidad, vigila que todo esté en condiciones, un trabajo que complementan también el resto del equipo, ya que como aseguran "seis pares de ojos ven mucho más que dos".

Con todo asegurado y listo, toca echar un ojo a una Zaragoza que bulle en plenas Fiestas del Pilar con la unidad conformada por el piloto, copiloto, operador de cámara y mecánico: "Estamos a lo que nos necesiten, pero sobre todo nos concentramos en aglomeraciones, peleas, problemas médicos", explica Jonathan Jiménez, jefe de la base territorial en Aragón.

Para poder ver a más de 2.000 pies de altura -500 metros-, la cámara giroestabilizada permite vigilar la ciudad de cerca, la cual controla José María Camarillo. Esta permite ir al detalle de tumultos y matrículas.

Las vistas a tal altura imponen ya que la capital aragonesa está presidida por una Basílica del Pilar que vive unos días en los que es la reina de las Fiestas y todo gira a su alrededor. Así, desde el cielo se ve cómo la gente viene y va por las intersecciones más importantes de Zaragoza en donde ninguna de las principales calles se ve vacía.

Coordinación y vigilancia

Durante estos diez días de fiestas, su trabajo se nutre principalmente de dos variantes. Por un lado, comprobar que no entra ningún elemento dentro del espacio aéreo que está restringido por la Policía Nacional y, por otro, mantener la coordinación y apoyo a otras unidades.

Con una afluencia tan extensa que se concentra en los conciertos de la plaza del Pilar, la visión desde el aire puede llegar a conformar la diferencia: "Para el dron o para el helicóptero es muy sencillo ver lo que está pasando dentro de esa concentración de gente. Y si se producen concentraciones más allá de lo normal, posibles avalanchas, en todo momento el jefe del dispositivo ya tiene claro por dónde tiene que abrir o por dónde tiene que cerrar porque lo está viendo", detalla Jiménez.

Lo mismo ocurre con posibles peleas: "Al tenerlas ubicadas gracias a los drones los agentes ya saben dónde tienen que ir y dónde intervenir", completa.

De esta forma, el trabajo que hacen desde el aire conforma un papel esencial para todas las unidades que operan en estos días ya que gracias a ellos se puede ver "todo en el minuto y en el momento". Así, la unidad aérea concentra su trabajo sobre todo en la plaza del Pilar y alrededores, en la plaza de toros de la Misericordia, y en algunos puntos de Valdespartera.

Si el helicóptero permite una mayor visibilidad y presencia, los drones desde hace cinco años complementan un trabajo y ofrecen una mayor operatividad al poder estar volando largas horas al cambiar las baterías.

Ejemplo de ello es la Ofrenda de Flores, donde mantienen activo un dispositivo desde las 6.30 hasta casi medianoche, en el que se van turnando servicios en helicóptero con los drones y antidrones para cubrir el evento más importante de las Fiestas.

"En este caso, el espacio no es muy amplio y nos concentramos en los recorridos de los grupos desde su salida hasta la llegada a la plaza por todas las calles que confluye la ofrenda desde paseo de la Independencia, calle Alfonso y Don Jaime I", indica.

La Unidad Aérea de Aragón, concretamente, es muy dinámica y lleva horas de vuelos a sus espaldas en varias fiestas patronales como San Fermín en Pamplona o San Mateo en Logroño. Sin embargo, como bien reconoce Jiménez, Zaragoza tiene algo especial: "Emociona ver tanta gente, ver el pregón, los fuegos artificiales. El dispositivo en sí emociona estar, es un honor y una responsabilidad", admite.

Para ello, durante estas Fiestas del Pilar, la Unidad Aérea, compuesta habitualmente por nueve personas, se refuerza en personal con hasta 12 personas, ya que acuden de otras bases a hacer refuerzo. Ejemplo de ello es Óscar Arroyo, piloto procedente de Madrid.

La Unidad Aérea de Aragón de la Policía Nacional Raúl Gascón

200 horas de vuelo al año

Además del dispositivo especial de estos días festivos, la Unidad Aérea se centra sobre todo en patrullas aéreas de seguridad ciudadana en la capital aragonesa. Aunque no solo se concentran en Zaragoza sino que también dan servicio a Huesca y Teruel, y controles en Canfranc.

"Si no hay servicios, hacemos entrenamiento, formación", detalla Jiménez. A lo que añade: "Nosotros tenemos motivación por hacer ese trabajo de presencia, de vigilancia, de seguridad".

De esta forma, la capacidad de vuelo que tiene el helicóptero es de una media de 6 o 7 horas a la semana, depende de los servicios y las condiciones meteorológicas. Así, al año pueden llegar a acumular 200 horas de vuelo que puede llegar a sobrevolar a 12.000 pies, aunque lo habitual es volar a 1.500 pies por ciudad.

Entre los servicios que más concentran es en la búsqueda de desaparecidos. En Zaragoza han tenido un papel crucial en este último año ante los últimos casos que se han ido dando.

"Hacemos servicios de búsqueda tanto con el helicóptero como con drones. Al final es un poco ir marcando una zona en la que puedas interpretar que está esa persona", explica.

Así, a 500 metros de altura, el Ángel-28 son los ojos que todo lo ven de la capital aragonesa y de todo el territorio aragonés.