Lo que actualmente es el Instituto Pedro de Luna, en el barrio de la Magdalena, fue durante siglos el epicentro del saber en la capital aragonesa. La Antigua Universidad de Zaragoza, cuyo edificio se alzaba entre la calle de la Universidad y la plaza de la Magdalena, fue mucho más que un centro de estudios: fue símbolo de tensiones sociales, motor de reformas educativas y testigo silencioso de los vaivenes políticos de España.
Ya en época medieval existían en Zaragoza unos “estudios”, donde se impartían enseñanzas superiores como Derecho y Teología, además de Medicina y otros saberes. Así lo explica a este diario Jesús Martínez, historiador, quien señala que fueron el germen de lo que luego sería la Universidad.
En 1542, el emperador Carlos I otorgó el título de universidad a estos estudios, lo que equivalía a que la institución adquiría pleno rango universitario. Sin embargo, esta creación no fue acogida con entusiasmo general.
Capilla Cerbuna reconvertida en Archivo de la Universidad.
Algunos sectores sociales expresaron su rechazo al establecimiento de la Universidad. "Entre los temores de la época estaban que la gente joven se volviera 'de mal vivir', que subieran los precios en la ciudad debido al incremento de población estudiantil, y que nadie quisiera ya trabajar, si todos aspiraban a ser abogados o notarios", explica.
Pese a estas resistencias, la Universidad de Zaragoza se puso en marcha en 1583, bajo el impulso del prior y arzobispo Pedro Cerbuna, que fue uno de los grandes valedores del proyecto.
El edificio y sus características
"Se construyó un edificio universitario de grandes dimensiones, con una entrada por el Coso Bajo", cuenta Martínez. Contaba con una capilla (que sería muy importante en el futuro), un paraninfo y nueve aulas. Este espacio acogió las distintas enseñanzas universitarias durante siglos, hasta que la historia y la guerra cambiaron su destino.
Durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue prácticamente destruido. "La causa fue una explosión minada, provocada por las tropas francesas", detalla. Solo la capilla sobrevivió, lo que sería relevante en las décadas posteriores.
Escalera principal.
En el siglo XIX, el edificio fue reconstruido parcialmente y pasó a albergar el primer Instituto de Bachillerato de Zaragoza, lo que más adelante sería el Instituto Goya. La reforma fue llevada a cabo por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer, quien también diseñó el actual Congreso de los Diputados.
En esa reforma, se reutilizó la antigua capilla, que fue convertida en archivo y biblioteca. Esto permitió que ciertos documentos históricos se conservaran durante más tiempo, "aunque no para siempre".
El nuevo Paraninfo y la Universidad Literaria
Con el avance de los estudios médicos y científicos, que necesitaban mejores instalaciones, se construyó fuera del centro histórico un nuevo edificio para albergar las facultades científicas y médicas. "Es el edificio que hoy se conoce como el Paraninfo", avanza Martínez.
El edificio de la Magdalena se mantuvo entonces como sede de la Universidad Literaria, donde continuaron impartiéndose carreras como Filosofía y Letras, y Derecho.
Durante las décadas de 1920 y 1930, la Universidad fue también centro de vida política y cultural. En ella se produjeron, por ejemplo, manifestaciones contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña, en la época de la Segunda República. "Era una época de gran efervescencia política, y los estudiantes estaban profundamente implicados en los debates de su tiempo", explica.
Fachada de la Universidad Literaria a la plaza de la Magdalena.
A partir de los años 30, y especialmente después de la Guerra Civil, comenzó a ejecutarse un proceso planificado desde antes: el traslado de la Universidad al nuevo campus de San Francisco, más amplio y moderno. De esta forma, "el edificio de la Magdalena fue abandonado por la Universidad".
Uso como instituto y abandono
Según señala Martínez, el edificio pasó a ser sede de varios institutos de enseñanza secundaria. Uno fue el instituto masculino, que era el heredero del Instituto Goya. El otro fue el instituto femenino, que con los años se convertiría en el actual IES Avempace.
Sin embargo, en 1973, el edificio fue abandonado definitivamente. La administración decidió no conservarlo. Fue dejado a su suerte, y finalmente derruido, pese a su valor histórico. Solo quedó en pie la antigua capilla, donde se encontraba el archivo universitario.
Durante el proceso de abandono y mudanza, se produjeron robos de documentos, muchos de los cuales nunca se recuperaron. La falta de medidas de seguridad adecuadas provocó una pérdida importante de material histórico.
Un dato interesante es que Santiago Ramón y Cajal, el primer español en recibir el Premio Nobel de Medicina, estudió Medicina en este edificio de la Magdalena. Aunque hoy mucha gente asocia sus estudios con el Paraninfo, en realidad fue en la antigua sede universitaria donde recibió su formación médica.
Hoy en día, sobre ese solar se encuentra el Instituto Pedro de Luna, que continúa la tradición educativa del lugar. Aunque el edificio original ya no existe, su legado sigue vivo entre los muros del actual centro educativo, testigo silencioso de siglos de historia académica en Zaragoza.