Zaragoza
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La gran mayoría de la población asocia un aeropuerto al tránsito de personas y mercancías, pero Teruel ha sabido darle la vuelta a este concepto y convertirse en un referente mundial en el mundo de la aviación. Lo hace sin pasajeros, pero con un espacio de 650 hectáreas lleno de aviones, cohetes, dirigibles y más que estarán por llegar en los próximos años.

Y es que, en el corazón de una provincia históricamente castigada por la despoblación y el olvido, el Aeropuerto de Teruel ha conseguido en poco más de una década lo que parecía imposible: transformar un antiguo aeródromo militar en uno de los centros industriales aeronáuticos más importantes de Europa, con 850 trabajadores directos que pasan cada día por sus instalaciones.

Lo que comenzó en 2002 como un proyecto con más dudas que apoyos, el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Teruel crearon una infraestructura que hoy es referencia en mantenimiento, estacionamiento y reciclaje de aeronaves, y aspira a volar aún más alto: convertirse en el primer “estratopuerto” español, una base para el lanzamiento de vehículos reutilizables y ensayos espaciales.

Así, en un terreno de 200 hectáreas, el aeropuerto comenzó a tomar forma con la pista de aterrizaje más larga de España para uso civil -2.825 metros- y amplias zonas de aparcamiento destinadas al almacenamiento de aviones de gran tamaño. La altitud, el estado del cielo y el clima seco de la zona ofrecían condiciones óptimas para la conservación de flotas, atrayendo pronto a gigantes del sector.

Aviones estacionados en el Aeropuerto de Teruel

Como todo, sus inicios no fueron sencillos. Alejandro Ibrahim (Las Palmas de Gran Canaria, 1965) se puso al frente desde 0, y ha conseguido pilotar esta nave con las ideas claras y un rumbo bien marcado.

“El proyecto fue muy atractivo para un ingeniero aeronáutico, ya que era una actividad poco habitual en España con un planteamiento disruptivo. No había que copiar el modelo de AENA, sino buscar una alternativa con visión de futuro”, recuerda Ibrahim.

Con ello, el primer avión llegó el 6 de agosto de 2013. Fue un Boeing 747. Y dos días después aterrizó el segundo. Durante estos días tienen unos 60, ya que el tráfico aéreo está en un gran momento de expansión, aunque su pico llegó a duplicar esta cifra durante la pandemia de Covid.

Desde ese momento, el Aeropuerto ha consolidado un modelo de negocio basado en tres ejes: mantenimiento, reparación y reciclaje de aeronaves. La empresa Tarmac, filial de Airbus y GICB Aviation, fue una de las primeras en instalarse. Su llegada marcó un punto de inflexión que permitió atraer inversión, generar empleo y proyectar una imagen de éxito industrial en una provincia que buscaba reindustrializarse.

Del despegue a la vanguardia

El crecimiento no se ha detenido. En los últimos dos años, el Aeropuerto de Teruel ha inaugurado uno de los hangares de mantenimiento más grandes de Europa, con capacidad para albergar dos Airbus A380. También se han ampliado las plataformas de estacionamiento hasta poder acoger simultáneamente más de 130 aeronaves.

Naves de Tarmac y AIC en el Aeropuerto de Teruel

El mayor ejemplo de su funcionamiento es que su espacio ya se ha triplicado en varias ampliaciones. De las 200 hectáreas iniciales se ha llegado a 550, y el Consejo de Administración aprobó en octubre la urbanización de otras 100 para operaciones de defensa y actividades aeroespaciales.

“Nosotros somos los propietarios de los terrenos, pero tenemos la suerte de que las empresas ya están invirtiendo también. El hangar de pintura es una inversión de 20 millones de la empresa IAC y Tarmac hizo también el hangar para los A380”, resalta Ibrahim.

Pero el verdadero salto cualitativo está en curso. A finales de 2026 estará construido el primer estratopuerto español, que, de la mano de la empresa Sceye, permitirá dotar al aeropuerto de Teruel de capacidad para aeronaves de vuelos estratosféricos con dirigibles tipo HAPS que volarán a una altitud de unos 20 kilómetros. De hecho, ha habido que soterrar parte del hangar para que su altura, hasta 57 metros, no interfiera en el resto de la actividad.

Transformación y orgullo local

El impacto social y económico de la infraestructura va más allá de las cifras. La ciudad y su entorno viven un fenómeno inédito de atracción de talento cualificado y retorno de profesionales aragoneses. Al tratarse de un trabajo tan especializado, una de las metas es la formación de los trabajadores, que tienen que esperar ocho años hasta que obtienen una cualificación adecuada.

“Al principio fue una dificultad, porque no había actividad de este tipo en Teruel y muchos tuvieron que venir de fuera, pero ya se está realizando una FP en un instituto y la rectora de la Universidad anunció su intención de implantar Ingeniería Aeronáutica en la ciudad. Somos el mayor generador de empleo de la provincia”, subraya.

Y es que el Aeropuerto de Teruel no solo repara aviones; está ayudando a diseñar el futuro de la aviación sostenible. Varias empresas trabajan ya en proyectos de reciclaje integral de componentes, producción de biocombustibles y almacenamiento seguro de aeronaves eléctricas o híbridas. La colaboración con el Instituto Tecnológico de Aragón (ITA) y universidades de la región refuerza su papel como laboratorio aeroespacial.

“Hemos ido especializándonos según las necesidades de las empresas y adaptándonos a sus requerimientos. La idea original la hemos transformado en un aeropuerto innovador, con 25 actividades y negocios diferentes. Nosotros somos el vehículo que cohesiona todo el ecosistema y lo mantenemos en funcionamiento”, explica Ibrahim.

Además, la infraestructura participa en programas europeos de investigación para mejorar la eficiencia logística y reducir la huella ambiental de las operaciones. Todo ello ha consolidado su identidad como aeropuerto “verde” y centro de excelencia en economía circular aplicada al sector aeronáutico.

Mirando hacia el futuro

Y aún van más allá. Porque el Aeropuerto de Teruel cerró el año 2025 en pleno proceso de expansión de sus instalaciones, con la ampliación de la campa de estacionamiento de aviones Fase V a punto de finalizarse, que dará cabida a entre 70 y 140 aeronaves, según su tamaño.

También está pendiente la obra en marcha de ampliación de la sede, la construcción del segundo hangar de IAC, la urbanización de la parcela de AIR en el nuevo PIGA y la ejecución del gran hangar y nave de producción para dirigibles estratosféricos, cuyas estructuras ya son visibles, que será una realidad en diciembre de 2026.

Todo ello en una tierra acostumbrada a la prudencia, el Aeropuerto de Teruel representa la audacia: demostrar que, con planificación, innovación y confianza en el propio territorio, hasta los lugares más inesperados pueden conquistar el cielo.