Zaragoza
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El mundo mira hacia el Pirineo aragonés. Llega el fin de semana y los partes meteorológicos se confirman como el mejor aliado de aquellos que pretenden subir a la montaña a disfrutar de deportes invernales como el esquí, raquetas o montaña.

Este fin de semana volvió a ser uno marcado por grandes nevadas y, sobre todo, por la presencia de peligro de aludes. El parte que elabora Aemet elevó a peligro 4 la posibilidad de que alguno sucediera.

"El boletín de peligro de aludes es mucho más que un número, que nos está hablando de unos problemas de aludes en unas altitudes y unas orientaciones. Este se publica cada día porque cada día cambian las condiciones de la nieve", resalta Marta Ferrer, coordinadora de la campaña Montaña Segura.

Así, señala que no solo es ver el nivel de peligro, sino que quien quiera acudir a hacer deporte de invierno tiene que consultarlo ese mismo día y "leer siempre la letra pequeña para que nos sirva para gestionar nuestra exposición al riesgo".

Lamentablemente, a pesar de todas las indicaciones, la montaña aragonesa vivió este domingo una jornada de consternación y luto tras el conocimiento del fallecimiento de un joven atrapado en un alud. Este se dio tras sucederse dos avalanchas en el barranco de Piumestre, fuera de la estación de esquí de Cerler.

El fallecido resultó ser un joven de 26, vecino de Huelva, que quedó sepultado por el alud mientras practicaba snowboard. Durante la práctica iba acompañado de un hombre de 42 años que pudo salir ileso de la avalancha.

La Guardia Civil de montaña (Greim) acudió hasta el lugar donde encontraron a la víctima herida de gravedad y se le practicó el RCP, pero finalmente falleció por las heridas.

Esto eleva el número de fallecidos a cinco en cuestión de tres semanas. Esta cifra iguala así al cómputo de los últimos 15 años. Echando la vista atrás, desde 2010 a 2018 se tuvo que lamentar cinco muertos a causa de avalanchas.

En 2010 se produjo el fallecimiento de un grupo de tres montañeros navarros en Pico Collarada. A este se suma el trágico accidente que se cobró la vida de una menor de edad tras ser sepultada por un alud en las pistas de esquí de Formigal en 2013.

En el mismo entorno deportivo pero fuera de pistas, una avalancha provocó el fallecimiento de un monitor de esquí en 2018.

Ante estas cifras que se ponen a la misma altura que las de hace 15 años, Ferrer muestra su preocupación, pero si bien atañe el cambio de condiciones ya que "hacía muchos años que no teníamos un diciembre y un enero como este".

Así, señala que los riesgos de los últimos años apuntaban a la presencia de hielo y este año a la de las avalanchas ante la presencia de nieve.

"Ahora hemos tenido un problema de aludes de capas débiles persistentes que sigue presente en el manto. O sea, que sigue siendo un problema de seguridad para la gente que va a la montaña. Eso el montañero o la montañera lo tiene que saber y gestionar su actividad para evitar esa exposición que es una exposición muy alta", subraya.

El peor alud hasta la fecha

Según el histórico de víctimas de aludes que proporciona la revista Lucas Mallada, desde 1953 a 2017 se tuvo constancia de 80 fallecidos. A estos hay que sumarle el recién nombrado en las inmediaciones de la estación de esquí de Formigal y los sucedidos en este último periodo del año, lo que da un total de 86.

Uno de los aludes más numerosos se produjo en Candanchú en 1985 cuando cinco jóvenes vascos y navarros fueron arrastrados por una avalancha.

El más trágico hasta la fecha se data de marzo de 1991. Una cifra marcada en el calendario tras el fallecimiento de 9 militares en una expedición que llegó a congregar a un centenar de ellos.

La avenida de una avalancha de 200 metros arrastró a los militares, lo que conllevó al accidente más grave hasta la fecha. El rescate de los fallecidos se alargó por hasta 10 días.

1991 fue un año trágico ya que fuera de las pistas de esquí de Astún una avalancha causó el fallecimiento de dos montañeros franceses.

Lamentablemente, cuatro años después seis jóvenes perdieron la vida cuando descendían el pico de Respomuso. El grupo de la expedición estaba formado por montañeros de entre 17 y 23 años.

Últimas tragedias

Una situación que recuerda a la sucedida no hace mucho. Exactamente el Pirineo aragonés lleva viviendo una encadenación de estos trágicos sucesos desde el pasado 29 de diciembre cuando una avalancha de gran tamaño, de 300 metros de ancho y 600 de largo, acabó con la vida de tres montañeros experimentados en pico Tobalto a 2.700 metros de altura(Panticosa).

Los zaragozanos Jorge Dihixin-García (55 años) y Natalia Romeo (34) fallecieron mientras hacían esquí de travesía junto a Eneko Arrastua, montañero de 48 años y vecino de Irún. En el alud también se vio afectada una joven por contusiones y signos de hipotermia leve. Dos compañeros más pudieron salir ilesos y fueron quienes dieron parte a la Guardia Civil.

Dos días después, el 31 de diciembre, se produjo un nuevo alud sobre las 20.00 que atrapó a Ángel Sánchez mientras practicaba raquetas en la zona de Urdiceto (Valle de Bielsa). El que era trabajador social del Ayuntamiento de Zaragoza y profesor de la Universidad de Zaragoza se vio sorprendido junto a un compañero que avisó a las unidades de emergencia de lo ocurrido.