Quedan menos de siete días para que los estudiantes de medicina se presenten a una fecha decisiva, el examen mir. La prueba a médico residente para acceder a una especialidad médica se celebra este sábado 24 de enero a nivel nacional.
Los aspirantes aragoneses comienzan a ver cómo se acerca el día entre cafeína, nervios y muchas ganas de aparcar los apuntes por un tiempo. Así, en Aragón se ofertan 375 nuevas plazas, de ellas 271 se destinan para los mir.
A por una de esas plazas se postula Alba Charneca. Esta zaragozana de 24 años se enfrenta al examen con un objetivo muy claro: ser psiquiatra. Una vocación que comenzó a coger gusto en sus años de adolescencia por su interés por la salud y querer compartir su día a día con gente.
"Vi que estudiar medicina era el camino para llegar ahí y solo pensé en intentar ver si podía entrar en Zaragoza", explica. Un sueño que se convirtió en realidad al conseguir una plaza en la Universidad de Zaragoza.
De sus años de carrera los recuerda con cariño y, sobre todo, con cierto asombro al tener que hacer frente a tanta cantidad de temario. Impacto que también vivió en sus primeras prácticas: "No fue como esperaba porque vi que tenía menos contacto con el paciente y era mucha tarea de ordenador".
Ahora tras seis años de intenso estudio de carrera, prácticas y nueve meses exclusivos de preparación sigue con el objetivo claro. "Me sorprende a mí misma y creo que soy de las pocas personas que lo tiene bastante claro", señala.
Su primera opción se ha mantenido a lo largo de los años a pesar de que le atrajera también la medicina familiar: "Me atrae mucho la salud mental y todas las enfermedades mentales y poder trabajar de ello para ayudar a la gente me llama", explica desde una llamada telefónica en los pocos momentos que puede sacar para desconectar.
Tiempo para todo
La preparación para el examen no deja de ser un 'sprint'. A pesar de que Alba cuenta que en cuarto ya comenzó el camino apuntándose a una academia y en sexto comenzó la preparación con cuatro horas de academia entre semana más un día de clase los sábados, el choque con la realidad fue cuando terminó la carrera.
"A pesar de que te vas acostumbrando un poco a ir estudiando, sí que es verdad que cuando llegó el verano fue un choque porque de normal tienes tres meses de vacaciones y de repente tienes que pegarte de ocho de la mañana a las diez de la noche estudiando", menciona.
Y es que las horas invertidas no son pocas, ya que los preparadores marcan unos horarios estrictos para que dé tiempo a dar todo el temario.
Así, Alba completa un horario de 8.00 a 22.00 con dos horas y media para comer de lunes a sábado y el domingo es el día de descanso.
"Tengo la sensación de que a veces no me puedo permitir un día de descanso porque si ese día de descanso lo pierdo, lo tengo que recuperar en otro momento y no hay tiempo", admite. A pesar de ser así, esta estudiante señala que "se agradece que sea así porque si no sería imposible".
Si bien recalca que a ella le ha costado acostumbrarse a esos ritmos, sobre todo, en verano al tener que decir que no a algunos planes de viaje que, por cuestión de horario, no podía realizar.
Más allá de ello, la futura médica mira hacia atrás y valora que se "ha organizado bastante bien": "He podido hacer planes sociales e ir a todo lo que podía dentro de respetar el estudio".Un deporte que ha dejado en 'stand by' hasta que el 25 de enero pueda quedar libre.
Una sensación de libertad que ya toca con los dedos. A pocos días de que sea cierto, esta joven reconoce que "no está tan agobiada como pensaba" sino que lo que le pesa más es el cansancio: "Todo lo que tenía que estudiar, creo que ya lo he estudiado, ahora simplemente es repasar y solamente tengo ganas de terminar".
