El pequeño Lucas cumplirá un año en solo unas semanas. Nació en Catarroja apenas unos días después de la dana, cuando sus calles, negocios y viviendas estaban aún cubiertas de barro. Fue un milagro en medio de la tragedia, una historia con final feliz en la que los efectivos aragoneses que ayudaron a Valencia en los peores momentos de la catástrofe tuvieron un papel decisivo.
Su madre, Ailen, estaba a punto de dar a luz cuando el agua arrasó con todo. A su casa entró metro y medio de agua, y por momentos temió lo peor. Aunque no hubo que lamentar daños personales, los materiales fueron cuantiosos. Su calle se llenó de coches, barro, cañas y basura que obligaban a sus familiares a brincar por encima para salir al exterior, un auténtico caos que hizo que tuviera que quedarse hasta tres días encerrada en casa.
Su suerte cambió cuando, días más tarde, se encontró con el dispositivo del 112 de Aragón, voluntarios que se convirtieron en sus ángeles de la guarda y con quienes, un año después, sigue manteniendo relación. Lo primero que hicieron fue despejar la calle y asegurarse de que estaba bien, poniendo, incluso, una ambulancia a su disposición.
De aquella trágica experiencia surgió una amistad que durará "para siempre". La mejor prueba se pudo ver hace un año, cuando los propios efectivos se acercaron hasta su casa para entregarle un ramo de flores y llevarle un peluche al pequeño a modo de recuerdo, un vídeo que se hizo viral y que permitió ver la cara más amable de la catástrofe.
Hoy, Lucas está ya "muy mayor", cuenta Ailen. El próximo 13 de noviembre cumplirá su primer año, una fecha que ni ella ni su pareja ni su hijo mayor Jhonny podrán olvidar.
Aquellos días convertirán, cuando sea mayor, en una historia que contar. "Tengo fotos, vídeos y de todo para que no olvide que es un niño bendecido", dice.
Normalidad a medias
Un año después de la dana, Ailen y su familia aseguran vivir "felices en Catarroja". "Poco a poco se va recuperando la normalidad. Al menos tenemos una calle, un pueblo, las escuelas funcionan...", explica.
Para ella, aquellos fueron días de "angustia y desesperación". "Pero dentro de esas cosas malas que estaba viviendo tenía que mantener la tranquilidad. No quería que Lucas se adelantara a la fecha prevista, que naciera en esas condiciones, y gracias al esfuerzo de los vecinos y al gran apoyo de la gente de Aragón pudo venir al mundo con una calle limpia dentro de lo que cabe", recuerda.
El vínculo que hicieron con el operativo aragonés, y en especial con el director gerente de Sarga, Jorge Escario, hizo que en agosto Ailen y los suyos se desplazaran a Huesca para hacerles una visita. "No nos lo pensamos. Fuimos en plenas fiestas y pudimos conocer a los Danzantes. Se portaron muy bien en la distancia. Sin conocernos, obsequiaron a mi hijo mayor con una sillita para el coche", expone.
Con su visita querían dar las gracias por toda la ayuda que recibieron aquellos días: "Y en el caso de Jorge, que nos viera en otro escenario diferente, que supiera que estábamos bien y que gracias a su trabajo habíamos podido seguir adelante. Estamos súper agradecidos, fue un viaje muy emotivo que recordaremos siempre".
Pese a que lo peor ya ha pasado, en Catarroja faltan "muchas cosas por arreglar". Al menos, cuentan con "lo básico". "Las calles están medianamente bien, hemos recuperado parte del pueblo, pero toca seguir", agrega.
