Picalagartos

España, Rajoy y la súplica

De la Ley a la Ley, sostenía Fernández Miranda en la Transición. De Rajoy a Brey, canta Mariano con un pensamiento simple, circular, y que triunfa en este intento de segunda Transición que ha abortado la Brunete nacionalista. Se ha zancadilleado a nuestro futuro gracias a Rajoy, tapón eximio de nuestra Historia y así disfruten lo votado. Tanto intríngulis, tanta tierra quemada desde diciembre hasta hoy mismo, tantos mirlos blancos que agonizan en el centro político (pobre Arrimadas, pobre niña) para que al final se imponga el gris compostelano. Ese gris negro de sombras con el que Rajoy aspira a la eternidad y a enterrarnos junto a nuestra propia inteligencia.

"Pido que se me deje gobernar", proclamaba el otro día el presidente en funciones en una escena tan lamentable como efectiva, pues ocurre que el ruego no deja de ser una forma de persuasión para esa España que lo bendice o lo tolera.

Y los nacionalismos, entretanto, empozoñando el futuro patrio, que ya sabemos que los mueve más el cupo que las banderas ahora y en la hora de la verdad. Son perros viejos que dicen una cosa en la aldea, otra en Madrid, y que en la tramoya piratean lo indecible a esa hora en que el ujier cierra luces, apaga el aire y cotillea. Su argumentario es la mentira, y en eso reside su coherencia y lo taimado de su chantaje.

El guiso español por julio vuelve a lo mismo. A que los peneuves y los convergencias nos reprochen que no se nos puede dejar solos y nos endiñen de nuevo a Mariano; a otra legislatura más en la que según el BOE no quedan ya patria ni patriotas. Es en este guiso de verano, en este cocido político con tropezones forales, donde España se ahoga a sí misma. Occidente está amenazado por barbados de la barbarie, pero en este bendito país hay que maltratar a la viuda de un torerillo o cazar pokémones por pasar el rato, o mandarle una bala a Barberá para que se nos crezca en la amenaza y se nos haga más vitalicia si cabe.

Se dice que el podemismo ya no pastelea con el niño de teta en el escaño de Bescansa; sin embargo, Cañamero procesiona al mastuerzo ausente de Bódalo en Cortes con una camiseta de ésas que llevan un mensaje barato y directo. Ocupar una finca de la Casa de Alba, ocupar el Congreso, ocupar lo que sea y que vivan los jornaleros de Marinaleda; los héroes del carrito del Mercadona en Écija. Vivan.

Más Rajoy, sí, que insiste en que se le deje gobernar, ya transitando sin dignidad por la vía del suplicatorio y del ruego -qué más dan las formas-, mientras que España persevera en ser ese mustio collado, esos campos de soledad que cantara el poeta.