El merodeador

Piqué da una lección a todos los que le pitan

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El gol in extremis de Gerard Piqué contra la República Checa que permite a España iniciar con buen pie su participación en la Eurocopa de Francia debería hacer reflexionar a quienes le pitan una y otra vez cada vez que juega con la Selección. Piqué nunca se ha borrado del equipo, ha dado la cara en cada partido y, pese a los abucheos, jamás ha bajado los brazos, como ha vuelto a demostrarse este lunes. Es decir, desde el punto de vista estrictamente deportivo -el más importante en este caso- no hay razones para esas muestras de repudio.

Es cierto que Piqué es controvertido, en parte por su disposición a la polémica. Gestos como el de mostrar la manita a los madridistas tras una goleada o sus reiteradas puyas a los blancos sin venir a cuento en las celebraciones del Barcelona podrán ser censurables, pero nunca deberían dar lugar a silbidos contra quien defiende la camiseta y la bandera de tu país. Son actitudes que forman parte de la salsa del fútbol y, en todo caso, ese tipo de cuentas deberían saldarse en el ámbito de la rivalidad Real Madrid- Fútbol Club Barcelona.

Quizás lo que pueda resultar más polémico para algunos son las posiciones políticas de Piqué. Es cierto que el futbolista apoyó la consulta soberanista que promovió Artur Mas o que es partidario de las selecciones deportivas catalanas; tan verdad como que ha manifestado abiertamente que "siente" que debe jugar con la Selección o que prefiere que Cataluña siga unida a España: "Lo mejor es estar juntos", ha dicho en más de una ocasión.

Claro que existe la libertad de expresión y que cada cual es muy libre de manifestar lo que quiera, sin ofender, pero es una contradicción que haya quien critica que se pite al himno español y luego haga lo mismo con un jugador que lucha, con todas sus fuerzas, para que ese himno suene ante millones de espectadores en todo el mundo.

Tras el partido con la República Checa Piqué alardeó de que su hijo estaba en la grada vestido con "la camiseta de España". El gesto debería servir al menos para que quienes le silban reconsideren su postura. Y, en cualquier caso, la mejor forma de que se sienta más español -si ése es el problema- no es abroncarlo, sino demostrarle el afecto que merece un compatriota que representa con entrega y calidad a tu país.