La tribuna

La decencia electoral de los votantes bolivianos

Carmen Beatriz Fernández
sr.García

Ilustración

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Puede que Evo Morales todavía no se haya dado cuenta, pero el resultado electoral de Bolivia podría ser lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo. El referéndum que perdió ayer Evo buscaba hacer una reforma constitucional que le permitiera a él y a su vicepresidente aspirar a un cuarto período de gobierno. En política es muy importante cómo entras, pero lo es aún más cómo sales. El cómo te despides es lo que sella tu impronta en la historia. Evo lleva una década gobernando, le restan aún dos años y tiene ahora la espléndida oportunidad de dejar el poder como un gobernante muy exitoso y un demócrata. Que no es poca cosa.

Hace poco más de un año estuve por primera vez en Bolivia, trabajando en Santa Cruz de la Sierra. Viajaba desde Caracas y tenía por ello una serie de encargos de medicinas para llevar a amigos y parientes. Ya en Venezuela se vivía la escasez que hoy se ha agravado, por lo que cada viaje, en cualquier ruta desde Caracas, es la misma rutina: salir de casa con una lista de cosas imprescindibles para la vida cotidiana. En Caracas no conseguíamos nada y en Bolivia lo encontré todo con variedad. Entendí entonces, de sopetón, algo que leyendo los indicadores macroeconómicos no se me había hecho tan meridianamente claro: el modelo boliviano no copiaba el venezolano.

Bolivia tiene una década creciendo a un ritmo estable que ha oscilado entre el 3 y el 6% interanual. Sin pausa. Superior al promedio global y superior también al de la región latinoamericana. Hay una disonancia porque al escuchar la altisonante retórica anti-imperialista de Evo puede sorprender encontrar una región pujante, en su comercio, en su industria, en docenas de nuevos franquiciantes de marcas muy conocidas globalmente que se ven por doquier. Si bien región de los llanos ha sido históricamente más próspera que la región andina boliviana, y la que con más vehemencia adversa al gobierno nacional, no es menos cierto que el gobierno de Morales entendió que la convivencia entre las regiones resultaba imprescindible para lograr un crecimiento económico nacional que permitiera llevar el progreso al país como un todo.

Lamentablemente las luces de este crecimiento económico han venido en esta década acompañadas por las sombras de la tentación autocrática, tales como el voto comunitario que viola el voto secreto en las zonas más rurales, la inhabilitación de candidatos opositores en la región de Beni o lo ocurrido el propio domingo pasado en el referéndum, con el deliberado retardo en la apertura de las mesas electorales en las zonas más adversas al gobierno central.

Si los resultados oficiales (que no se conocerán hasta dentro de unos días) confirman las tendencias parciales, Evo habrá perdido el referéndum reeleccionista por un margen importante de al menos 10 puntos, pese a tener una buena y estable gestión económica. De alguna manera se quiebra ese axioma electoral según el cual la economía prima sobre los resultados electorales. También se sigue concluyendo el ciclo de los gobiernos de izquierda autoritaria en la región, a tres meses de la derrota de Kirchner en Argentina, y sólo dos de la derrota chavista en la elección parlamentaria venezolana del pasado diciembre.

Desde hace varios meses las encuestas pre-electorales venían hablando de un “empate técnico”, dos bloques de idéntico tamaño, alrededor del 40% cada uno se oponían entre el SI y el NO. Un tercer bloque, más pequeño, de cerca del 20% del electorado, usualmente votante de Evo, se lo pensaba: seguía apoyando a Evo, pero creía que "no estaba bien" cambiar la constitución porque dos personas deseasen permanecer en el poder. Finalmente, en los últimos diez días de la contienda tomaron su decisión, y lo hicieron a favor del NO. Los escándalos de corrupción que coparon la agenda pública los días finales de la campaña y el personalismo en la ambición de ese cambio constitucional, fueron castigados. Los electores bolivianos, en una inusualmente masiva cita con las urnas, dieron una muestra de decencia electoral.

***Carmen Beatriz Fernández es presidente de la consultora DataStrategia y es investigadora asociada en la Universidad de Navarra.