Contrapicado

Más Mas, pero despeinado

  1. Opinión

Un amigo de la infancia de Artur Mas lleva años y años aconsejándole que, por favor, muestre sus emociones alguna vez, que deje a un lado su pétreo gesto inconmovible entre jesuita y cartesiano. “Despéinate un poco, collons”, le ha llegado a decir alterado. Pues ayer, en el pleno del Parlament que eligió un nuevo president de la Generalitat, de manera inesperada se soltó el pelo hasta tal punto que resultó irreconocible.

Irreconocible porque, en realidad, Mas no era Mas, pero era Mas por persona interpuesta. Porque quien habló como candidato in extremis y fue elegido president era Carles Puigdemont, ex alcalde de Gerona, con su melena rockera de los 80, siguiendo al pie de la letra la canción escrita por el saliente. Tanto es así que Inés Arrimadas, la líder de Ciutadans, segunda fuerza parlamentaria en Cataluña con 25 diputados, bautizó al nuevo inquilino de San Jaume como “Más-Mas-de-lo-mismo”.

Puigdemont prometió, sin despeinarse, porque más no podía, una Hacienda Pública catalana, una Seguridad Social catalana, un Banco Central catalán, una Ley Electoral catalana… En suma, iniciar las bases para construir en esta legislatura agitada un nuevo estado independiente, en un tiempo limitado. En unos términos tan explícitamente independentistas como jamás lo había hecho ningún candidato en su discurso de investidura.

Más allá de Companys

Ni Lluis Companys, el héroe del independentismo, aquel 6 de octubre de 1934, sábado, llegó tan lejos cuando declaró: “El Gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña”. Para a continuación proclamar el Estado catalán “de la Federación de la República Federal Española”. O sea, dentro de España. El resto de la historia ya se sabe: unas horas después, estaba detenido por orden del Gobierno central de Madrid, que presidía precisamente el llamado "emperador del Paralelo", Alejandro Lerroux. Balance: 34 personas muertas en el enfrentamiento entre los militares afectos al gobierno legítimo de Madrid y los fugaces defensores del estado catalán.

El nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña es un político experimentado en mantener las formas, al menos cuando está delante de las cámaras, como periodista que ha sido durante muchos años. Muy dado a citar a escritores, Josep Pla, el paisano ampurdanés, no parece figurar entre los favoritos del ex alcalde de Gerona.

Puigdemont no mencionó la corrupción

Decía Pla que lo bueno de ser periodista es que esta profesión “permite observar uno de los fenómenos más extraordinarios de la vida humana, el fenómeno de la corrupción de casi todo y sobre todo del periodismo”. Como diferentes portavoces echaron en cara a Puigdemont, éste no pronunció en ninguna de sus intervenciones la palabra corrupción.

Puigdemont ha manifestado en alguna ocasión su devoción por Jordi Pujol, quien tiene su residencia veraniega en el Ripollés gerundense, la provincia natal del sustituto de Mas. Con flores a la familia Pujol han ido todos los que han ocupado cargos en Convergencia: Mas, Puigdemont y, por supuesto, el portavoz parlamentario de Junts pel Sí, Jordi Turull, que fue quien recibió en la alfombra a Jordi Pujol el día en que el ex Molt Honorable acudió a abroncar a la comisión de investigación parlamentaria catalana.

Apuntes de la legislatura y las pérdidas de Mas

La sesión de ayer mostró varios apuntes interesantes de lo que será una legislatura corta y agitada: que Puigdemont tiene incluso más cara que Mas (habló de una mayoría de catalanes por la independencia como si 48 fueran más que 52, sin inmutarse), que Inés Arrimadas, como sucedió con Albert Rivera, es otro brillante milagro parlamentario salido de la nada (¿quién hace el casting político en Ciudadans? ¿Boadella?, ¿Arcadi Espada?), que la tibieza y educación del portavoz del PSC, Iceta, desayuda a la marca socialista en el resto de España y no parece que aporte nada en Cataluña, que el leal popular Albiol da el de sí que da y habla con un tricornio puesto, y que el grupo de Ada Colau-Podemos, a poco que se esfuerce, se comerá a los de la CUP, que han muerto matando a Mas.

ArturMas regresó ayer a su piso antiguo de la calle barcelonesa Tuset. Solo, derrotado y perseguido por el fantasma de Pujol. En el último año ha perdido mucho: una hermana que se le murió, otra muy enferma, su mujer, su bastión, que afortunadamente superó un cáncer, un partido semidestruido, Convergencia, una coalición ganadora, CiU, desaparecida, una sociedad catalana fragmentada… Dicen que con la mejor intención. En busca de un sueño. Y sin despeinarse.