La tribuna

Guerra Fría en el Golfo Pérsico

Guerra Fría en el Golfo Pérsico

Ilustración

El año 2016 ha comenzado de forma muy conflictiva en Oriente Medio después de que Arabia Saudí ejecutara a 47 personas acusadas de delitos vinculados con el terrorismo islámico. Entre ellas estaba el clérigo árabe chiita Nimr al-Nimr que fue protagonista de revueltas durante las Primaveras Árabes. Las autoridades saudíes acusaban a Teherán de apoyar a Al-Nimr quien habría estado, según Riad, preparando atentados en su territorio. La respuesta iraní ha sido contundente y la población llegó a asaltar la embajada saudí en Teherán, lo que ha provocado la ruptura de las relaciones diplomáticas.

Históricamente la zona del Golfo ha sido de gran conflictividad. De hecho, ni siquiera hay acuerdo sobre el nombre que debe recibir la región: para Teherán, debemos hablar del Golfo Pérsico; para Riad, el nombre correcto es el de Golfo Arábigo. Tres han sido los estados que se han disputado la hegemonía de la región: Irak, Irán y Arabia Saudí. La guerra de 1991 y la posterior invasión de 2003 anularon a Irak, reduciendo por tanto la rivalidad a los otros dos.

En buena medida, el equilibrio se ha podido mantener en la zona gracias a que Arabia Saudí ha contado con Estados Unidos como aliado y con un grupo de países satélite: los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Kuwait y Qatar).

La lucha regional se recrudecerá en los próximos años tras el desinterés de EEUU en la zona

La ejecución del clérigo Nimr al-Nimr y el asalto a la embajada saudí en Teherán no son más que los últimos episodios de una lucha regional que en los próximos años se recrudecerá, sobre todo después del acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán y del desinterés norteamericano en la región. Para analizar la situación cabe preguntarse por qué se produce este enfrentamiento, en qué lugares se va a desarrollar y cuáles pueden ser los escenarios de futuro.

¿Por qué se produce este enfrentamiento? La división de fondo entre Irán y Arabia Saudí es claramente religiosa. Arabia Saudí pretende ser el referente suní en el mundo musulmán por ser el custodio de los Santos Lugares del Islam. Por su parte, Irán pretende ser el referente chií, aunque en este caso no puede presumir de ser el custodio de los Santos Lugares del chiismo (Kerbala y Nayaf), que están en su vecino Irak. Por ello Riad es muy celosa de las acciones que Irán pueda llevar a cabo en la próspera zona este de Arabia Saudí, ya que es ahí donde se encuentra la población chiita del país. Es en esta zona donde Nimr al-Nimr llevaba a cabo sus predicaciones.

Pero además del enfrentamiento religioso hay otras causas que abonan el conflicto. Desde principios del presente siglo las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí no han hecho más que empeorar. Por un lado, las oscuras relaciones del Riad con grupos radicales islámicos y, por otro, el rechazo de la población saudí a la presencia militar de Estados Unidos en su territorio, provocaron el desencuentro que acabó con la retirada de la gran mayoría de las tropas americanas.

El acuerdo nuclear permite a Teherán ejercer más influencia en las zonas que se disputa con Riad

Ante la falta de credibilidad de Arabia Saudí como socio regional, Estados Unidos ha ido abandonando progresivamente a Riad como aliado y ha buscado a otro más fiable. Así, el acuerdo con Irán, que va más allá de las opciones nucleares que puedan plantearse en el futuro, permite a Teherán ejercer su influencia regional en muchas zonas que hoy son escenario de la Guerra Fría con Riad.

¿Cuáles son los escenarios del enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudí? Esencialmente son tres: Bahréin, Yemen y Siria. Bahréin es un pequeño emirato que depende en todo de Arabia Saudí. De hecho, se trata de una isla que solo está unida al continente por un puente que fue construido por Riad y que hoy sigue controlando.

La monarquía suní de Bahréin está apoyada por Arabia Saudí hasta el punto de que, cuando la población (70% chiita) se rebeló contra el emir tras las Primaveras Árabes, Riad lideró una intervención militar que restauró el orden establecido. Detrás de estas protestas, los sauditas veían la mano de Irán, que siempre ha ansiado la zona como parte de su territorio. De hecho, en muchos programas de la televisión iraní, Bahréin aparece como territorio propio.

Irán y Arabia Saudí están moviendo sus hilos en Siria, lo que complica la solución de la guerra civil

Yemen, por su parte, es la principal preocupación de seguridad de Arabia Saudí. Riad teme que la inestabilidad estructural yemení pueda extenderse a su territorio provocando el caos y alentando revueltas. Por ello, y contrariamente a lo que es su comportamiento habitual en política exterior, Riad está liderando una fuerza de intervención en la que también participan otros estados árabes como Emiratos o Qatar. Frente a la intervención saudí, Irán apoya a los rebeldes chiíes.

En cuanto a Siria, es el mayor problema regional. Tanto Irán como Arabia Saudí consideran que el equilibrio en la zona pasa por este país, roto por la guerra. En Siria las fuerzas revolucionarias iraníes combaten codo con codo con Al Asad. Y es que Irán considera a Siria como un espacio de seguridad frente a Arabia Saudí. Por su parte, Riad apoya a grupos rebeldes contrarios a Al Assad como el Ejército de la Victoria o el Frente Islámico. Esa tensión no ayuda, precisamente, a la solución de la Guerra Civil que vive Siria.

¿Qué escenarios de futuro podemos esperar? Aunque resulta complicado hacer predicciones, podemos afirmar que en los próximos años veremos una carrera armamentística en el Golfo Pérsico, sobre todo después de que Irán consiga descongelar fondos tras la aplicación del acuerdo nuclear. Así, los presupuestos de defensa de Irán -y por lo tanto de sus vecinos árabes- comenzarán a crecer, lo que podría desembocar en un enfrentamiento armado.

Por otra parte, en la medida en que las ambiciones nucleares de Irán vayan creciendo, otros actores regionales seguirán sus pasos. De hecho, tanto Egipto como la propia Arabia Saudí ya están inmersos en programas nucleares, en principio de naturaleza civil. El futuro es, ante todo, incierto.

*** Alberto Priego es director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia de Comillas.

*** Ilustración: Ana Yael.