La tribuna

¿Venezuela como punto de partida?

Riki Blanco

Ilustración

Con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela el 6 de diciembre de 1998, se inició en América Latina un proceso de giro político hacia la izquierda. Los presidentes y los partidos políticos que encararon esta transformación, si bien compartían miradas ideológicas amplias, no eran completamente asimilables. Por un lado, se han encontrado figuras políticas como el propio Chávez, Evo Morales o Rafael Correa con un discurso marcadamente antiimperialista y proyectos refundacionales del sistema político. Por otro lado, han existido figuras como Michelle Bachelet, Lula da Silva, (la hoy defenestrada) Dilma Rousseff, Tabaré Vázquez o José Mujica que han gestionado con marcos discursivos y plataformas de acción que pueden equiparse a los que son expresados en Europa por las socialdemocracias históricas. En algún lugar entre ambos extremos y con variaciones a lo largo de sus mandatos, es posible ubicar los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Para cualquiera de las categorías mencionadas, ha habido, según reconocen organismos internacionales y con matices según países, avances fundamentales en reducción de la pobreza y de la desigualdad.

Un nuevo 6 de diciembre parece abrir ahora un escenario distinto. La victoria de la oposición venezolana en las elecciones legislativas parece enmarcarse, otra vez, en un proceso de giro político en la región. Distintos factores pueden aventurarse como causantes de este viraje electoral. Todos ellos requieren de sesudas verificaciones empíricas postelectorales. El primero de ellos, lógicamente, se vincula a los largos periodos de tiempo que la izquierda ha gobernado en determinados países. Mientras el chavismo cumplirá en enero 17 años en el poder, el kirchnerismo ha llegado a los 12 años. En contextos como éstos, incluso ciudadanos que se han adherido a estas consignas deciden mutar a otras opciones que representen frescura y novedad.

El aumento del desempleo y de la inflación han servido de catalizador para los cambios políticos

El segundo de ellos está relacionado con el estancamiento económico que han sufrido algunas de estas economías en los últimos años. El aumento del desempleo (en el caso brasileño) o de la inflación (en Venezuela y Argentina) ha fungido como catalizador también de los cambios recién acontecidos. Las tasas chinas de crecimiento que exhibieron estas sociedades como consecuencia del apetito -también chino- por sus materias primas forma parte de un ya lejano pasado.

En tercer lugar, ciertos sectores de la población parecen acusar cierto desgaste o cansancio en relación a la retórica confrontativa expuesta por algunos de estos liderazgos. Este discurso, que era tolerado y apoyado tras los altos costos que en materia de exclusión social dejó el llamado "periodo neoliberal", ya no genera hoy el mismo nivel de adhesiones.

La población ha demostrado su hartazgo con la corrupción tras no poder ya ni satisfacer sus necesidades

Existe un cuarto factor sólo aplicable a la situación chavista. Es el que se encuentra relacionado con la mala calidad en el diseño y ejecución de políticas públicas. A ello se añade la corrupción en un sistema político que nunca se ha caracterizado por la institucionalización de profundos mecanismos de accountability. La población, tolerante de estas prácticas mientras había posibilidad de satisfacer necesidades, ha demostrado su hartazgo.

En cuanto a las consecuencias que puedan tener en la región los resultados de las elecciones legislativas venezolanas, diferirán según los rasgos de cada sistema político concreto. En el caso argentino -dividido en bandos electorales semejantes-, la derrota chavista insufla energía extra al macrismo como fuerza política, porque se supone que confirma su lectura del escenario, pero también le ha obligado a suspender sus pretensiones de activar la "cláusula democrática" para excluir temporalmente a Venezuela del Mercosur. Como contrapartida, el kirchnerismo, con un apoyo indiscutible por parte de la mitad de la población, ve disminuida la fuerza de un aliado internacional estratégico. Ello puede conducir a que sus enemigos en el interior del peronismo se vean envalentonados para dar batalla y generar nuevos contenidos discursivos y programáticos que definan a este movimiento/partido político.

Los resultados de las elecciones venezolanas influirán negativamente en los planes de Correa en Ecuador

No es mera coincidencia que el proceso de preimpeachment de Dilma Rousseff se haya activado ahora. Los resultados electorales adversos a la izquierda en Argentina y Venezuela han sido catalizadores de estas decisiones en el contexto brasileño. La situación es aún más compleja en este país por dos factores que, actuando de manera combinada, resultan letales. El primero de ellos es el carácter multipartidista de este sistema político. El Partido dos Trabalhadores siempre ha necesitado de muletas externas para gestionar su agenda legislativa cuando ha estado en el poder. El segundo es que la correcta actuación del Poder Judicial contra la corrupción ha generado una guerra de todos contra todos en la que antiguos aliados no dudan en traicionarse en vistas a mantener su parcela de poder político.

Finalmente, los resultados venezolanos también influirán negativamente en los planes de Rafael Correa en Ecuador. El gobierno ecuatoriano parece oscurecer lo acertado -desde el punto de vista técnico- de sus políticas públicas con la modificación constitucional en favor de la reelección indefinida. El argumentario de la oposición a estos cambios se verá ciertamente ampliado y profundizado por los registros en las recientes elecciones. Ello augura, en principio, un escenario de mayor conflictividad social y apartamiento, por parte de ambos bandos, de canales de diálogo constructivo.

*** Pablo Biderbost es profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas. Ha sido consultor para BID, BM, UNESCO, OIM, EULAC Foundation, UE y PNUD.