La tribuna

El último socialista

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Ilustración

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Pedro Sánchez puede pasar a la historia como el hombre que enterró al PSOE. Falto de proyecto y de apoyo interno, con más errores que aciertos y sin espacio electoral, deambula tristemente por el espectáculo político español. No ha conseguido interpretar la crisis institucional de la democracia, ni el estado de ánimo de la sociedad. Despreció las voces de la moderación que le llamaban a un acercamiento al PP y a Ciudadanos, y eligió echarse en brazos de Podemos y de sus marcas blancas para reforzar su izquierdismo y plantar cara a Susana Díaz. Y se equivocó.

Empezó errando en la estrategia. En septiembre de 2014, siguiendo los dictados de la jefa andaluza, Sánchez dijo que jamás pactaría con el populismo. Sin embargo, el rápido cuestionamiento interno y la volatilidad del electorado español hicieron barruntar al equipo de Pedro Sánchez -y a Zapatero, y a José Bono- que el país se decantaría por el populismo socialista de Podemos, y que ahí estaba la renovación de la izquierda, el futuro. Es más; creía que la senda abierta por ZP, anclada en el izquierdismo de la "memoria histórica", la aceptación del victimismo nacionalista, la ideología de género y el gasto social incontrolado, le aseguraba una identidad y un espacio electoral.

La estrategia era resucitar los frentes, volver a los tiempos de Almunia y Frutos, allá por el año 2000, pero con más telegenia. La apuesta le parecía segura y se empeñó en pactos de gobiernos locales y autonómicos con los podemitas para tener un "mapa rojo" de España. Sánchez sabía que el Congreso del PSOE no le había elegido por devoción, sino para quitar de en medio a los Rubalcabas y demás supervivientes de Suresnes. Aquel "mapa rojo" mostraría que él, Sánchez, era capaz de sacar al PP de las instituciones, resucitar así al socialismo, y convertirse en un auténtico líder.

El votante de centro izquierda quiere una alternativa tranquila al PP, por eso se acerca a Ciudadanos

Pero el populismo es un cáncer de la democracia, no una solución. Mientras el socialismo europeo, que se reunió en Madrid para respaldar a Pedro Sánchez en febrero de 2015, cargaba contra Podemos y el populismo tras el fiasco griego, el español se empeñaba en abrazar a Pablo Iglesias. Y así pactaban en Madrid, Cartagena, Cádiz o Valencia, al tiempo que los "hermanos socialistas" de Podemos hundían Grecia, y el electorado los echaba de Argentina y ahora de Venezuela. Esa preferencia de Pedro Sánchez por los podemitas ha acercado a Ciudadanos al votante de centro izquierda que quiere una alternativa tranquila al PP, y ha abierto un conflicto interno muy grave dentro del PSOE.

El segundo error fue el federalismo como solución territorial. Da igual que digan que Sánchez repite la Declaración de Granada, de 2013, tan vacía de contenido como simple. Es que propuso la alternativa federal como camino intermedio entre el constitucionalismo del PP -que considera "inmovilismo"- y el independentismo de Junts pel Sí, y no supo definir la vía de federación ni el modelo competencial, dejándolo todo "al diálogo entre las partes". Esta fórmula federal hueca y sin personalidad no caló en Cataluña ni en el resto de España en medio de la escala verbal secesionista -siempre insultante-, el referéndum ilegal del 9-N y el falso plebiscito del 27-S.

En el pulso al nacionalismo catalán los vencedores fueron otros: el PP y Ciudadanos. Rajoy ha sabido capitalizar su cuidada lentitud e idea de dar la batalla a través de terceros -los tribunales- y animando a un pacto de Estado con Sánchez y Rivera, reforzado, además, por el esperpento de los independentistas para formar gobierno. Rivera y los suyos, a los que no se puede tildar de cobardes, tibios o retrógrados en la lucha por la libertad en aquella parte de España, se han convertido en la alternativa en Cataluña.

Los resultados electorales del 20-D pueden llevar al PSOE a seguir la misma senda del PASOK

Si los resultados electorales de Rubalcaba en 2011 fueron malos (los peores de la historia del PSOE desde 1977), los que se aventuran para la candidatura de Pedro Sánchez pueden ser definitivos para un socialismo español que parece seguir la senda del griego -el histórico PASOK ya no existe- y del francés –hundido en las últimas elecciones regionales-.

Sánchez se ha quedado sin espacio electoral para un programa social indistinguible en el consenso socialdemócrata que nos rodea, sin una alternativa ilusionante de la que se ha apropiado Rivera y que ha fallado en la cuestión territorial cuando lo que se juega es la unidad de España y la defensa del imperio de la ley democrática.

Los partidos no son eternos, y menos cuando las luchas internas y la falta de proyecto y liderazgo impiden un análisis medianamente correcto del momento político y de las aspiraciones sociales.

*** Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense de Madrid.