Carlos Rodríguez

Carlos Rodríguez

Opinión

Pla añora a Xenius (D'Ors)

(24 de octubre de 1935, jueves)

24 octubre, 2015 02:27

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Resumen de lo publicado. -En pleno escándalo del estraperlo, con una comisión de investigación ya aprobada en el parlamento y con un Lerroux en la cuerda floja, Josep Pla se pregunta qué habría dicho su escritor más admirado acerca de lo sucedido: Xenius D'Ors.

Y de repente pensó en Xenius. Cada vez que estaba en Madrid pensaba en él. Seguramente porque era lo que más odiaba: un catalán que renegaba de su lengua y su tierra, para venirse a vivir entre castellans. Gente que no entendería jamás su temperamento, ni su música, ese catalán tan jugoso –algo pretencioso, cierto, pero tan suculento a nivel de matices- al que había renunciado para arroparse con esa carraca barroca postiza, tan falsa, tan…

Al pensar en ello a Josep Pla le bullía la sangre. En Barcelona no se habían dado cuenta de lo que perdían. No había habido, en su tiempo, otro escritor tan cargado de cultura, con miras tan altas, con pensamientos e intuiciones tan variados, tan iluminadores, sugerentes, tan libres, tan universales y al mismo tiempo tan catalanes. Solo una persona en la península se le igualaba: Ortega.

Don José Ortega y Gasset era, junto con Pío Baroja, el escritor que más admiraba Pla dentro del panorama ibérico. Quizás el que estuvieran fuera de su órbita hacía que les tuviera un respeto que tal vez le había faltado con Xenius… a lo mejor por la familiaridad con que leía sus columnas en La Veu. ¡Cómo echaba en falta aquellas glosas tan certeras y jugosas! Durante años, fue su comida intelectual favorita en los diarios. Empezaba La Veu por su artículo, lo rumiaba y apuntaba mentalmente las referencias. Se podía decir que buena parte de su cultura clásica se la debía a Xenius. Tampoco es que estuviera al cien por cien de acuerdo con todas esas premisas noucentistes. Pla tenía en mucha consideración talentos como Picasso o Gaudí, a los que Xenius, por principios estéticos clasicistas (¡cómo se le notaban sus lecturas francesas!) pretendía desdeñar. Pero, con todo, su influencia en el país había sido muy positiva. Había enseñado a mirar con criterio el conjunto de la historia estética, a apreciar el legado histórico, a desconfiar del romanticismo…

¡Ah, de haberse quedado en Barcelona, Xenius habría sido el Goethe de Cataluña! Se merecía el título de príncipe intelectual bastante más que otros que ocupaban actualmente el puesto. Solo que un aciago incidente en la Mancomunidad –un absurdo caso de linchamiento ideológico- había permitido que se defenestrara al personaje, obligándolo a despedirse despechado de la ciudad. Y a raiz de aquello Xenius aterrizó en Madrid, donde por desgracia ya había un príncipe intelectual. Todos sabían que envidiaba a Ortega. Cuando se sentaban cerca, en La Granja el Henar, era notoria la electricidad que pasaba de una mesa a la otra. Pero en la misma ciudad no había sitio para dos príncipes, y Ortega le llevaba demasiado terreno ganado. Era castellano, madrileño castizo, estaba enraizado, tenía relaciones, talento, revista…
Todo lo que le faltaba al pobre Xenius. Todo lo que habría tenido, de haberse quedado en Cataluña.

La última vez que lo vio –recordó, comprendiendo que era la vista del periódico sobre la mesa del salón de casa lo que le llevaba a pensar en él- fue en la antesala de la dirección de El Debate de Ángel Herrera. Era el año de la proclamación de la República y D’Ors, más corpulento que nunca, hecho un verdadero oso, le había saludado cordialmente… en castellano.

- Señor Pla. ¡Cuánto tiempo! No lo he visto desde que usted votó por mí cuando me echaron de la Mancomunidad. ¡Qué años aquellos! Y usted, ¿cómo se encuentra? Yo, ya lo ve, ¡escribiendo siempre! Toda mi obra está en La Veu. La estoy repitiendo en castellano y a los intelectuales de aquí les gusta. Es para ellos cosa tan nueva… Sin duda, sabrá usted que se declaró la República. Le haré una profecía, porque los filósofos han de hacer profecías. No, mejor, dos. Si la República es de derechas, se mantendrá. Si es orteguiana y catalana, como tiene todo el aire de ser, se hundirá fatalmente...

¿Qué glosa habría hecho d’Ors, de estar en Madrid, sobre la farsa de la comisión parlamentaria?, se preguntó. ¿Qué habría escrito sobre el escándalo del estraperlo? Era difícil saberlo, pero desde luego algo que hubiera elevado la anécdota a nivel de categoría –esa era la verdadera muestra del genio de Xenius- y que lo pusiera en relación con otros escándalos históricos como Dreyfuss o Stavinsky….

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