Image: Luis Racionero

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Novela

Luis Racionero: "Lo del plagio fue una tontería, una cuestión política"

31 julio, 2003 02:00

Luis Racionero, por Gusi Bejer

Pregunta: Escribió El alquimista trovador hace veinte años en catalán... ¿tiene sentido recuperarlo?

Respuesta: Sin duda, porque me salió bien; el tema de fondo es muy interesante, la convivencia de las tres culturas (cristiana, árabe y judía) en el siglo XIII en España, y Lulio es un personaje universal.

P: ¿Ha cambiado algo?

R: Sí, lo he hecho más sobrio, he quitado párrafos, giros, expresiones cursis... Es lo que pasa cuando te vas haciendo mayor.

P: ¿Qué hubiera cambiado de haberlo escrito hoy?

R: Nada. He pasado un año revisándolo, pero era un libro que mucha gente no conocía porque hoy los libros viven tres meses en librerías y luego desaparecen para siempre.

P: Sí, pero ¿no es arriesgado utilizar una novela para explicar el pensamiento sufí y la cábala?

R: Creo que no, porque si hoy alguien quiere leer algo sobre los sufís o la cábala no sabe dónde encontrar los textos ni los de quienes los explican, como Asín Palacios, Corbin o Scholem. Yo los he leído, los he digerido, y puedo dar una idea mínima de esos saberes. Si alguien quiere profundizar, señalo en la bibliografía dónde encontrarlos...

P: Ahora que menciona la bibliografía, lo de explicar en las últimas veinte páginas del libro sus fuentes, ¿es una justificación o una provocación para los que le acusaron de plagio?

R: Je, je, escribí esas páginas hace veinte años, en la primera edición de la novela. Sí, je, veinte años antes de esa tontería del plagio.

P: ¿Tontería?

R: Desde luego. Se me acusó de plagio por un libro sobre Atenas publicado 12 años antes, en el que sí había una bibliografía con todas las fuentes... Pero me acababan de nombrar director de la Biblioteca Nacional y había que decir que yo era un indecente. Si me hubiera quedado al frente del Colegio de España en París o en mi casa... Fue una polémica política, no literaria.

P: Volviendo al libro, ¿de dónde nace su fascinación por Lulio?

R: De su carácter de hombre universal; fue uno de los pocos de la cultura española que lo han sido verdaderamente. Era poeta, alquimista, místico, viajero, político, trovador...

P: ¿Qué le ha prestado a su Lulio de sí mismo?

R: Sus amistades con árabes y judíos. Me invento una amistad imposible con Ibn Arabí, que murió cuando Lulio tenía 10 años, que me permite explicar lo esencial del pensamiento sufí.

P: Escribe que en los tiempos de Lulio “el fanatismo y la codicia oscurecían el mundo bajo el vuelo de la violencia”. ¿No hemos aprendido nada?

R: Algo sí. Hoy en día no quemamos a los que no piensan como nosotros, somos más tolerantes, aunque es mejor no bucear demasiado...

P: ¿Ha sentido la “tentación de volver a su vida anterior”, de vivir “ignorante de todo aquello que a cual-quiera le parecería una locura”?

R: No sólo he sentido la tentación... Entre 1980 y 1990 viví aislado en el Ampurdán, lejos de todos.

P: ¿Como Lulio, escribe “para calmar la angustia”, aunque “luego sepa que a va a quemar lo escrito”?

R: A veces sí, pero en otras ocasiones escribir es un gozo inevitable.

P: ¿El autor que no vende no es?

R: Ni hablar, la calidad de una obra de arte es intrínseca. Sólo los necios confunden valor y precio, calidad y ventas, aunque haya obras excelentes que se vendan bien.

P: Le pregunto lo que Al Rusafi a Lulio: ¿hoy quién sabe leer?

R: Los mismos de siempre. Los mismos tres mil que leían en tiempos de Lulio. Bueno, espero que sean algunos más.

P: Escribió que el siglo XX comenzó con una crisis y acabó en el caos. ¿Cómo empieza el XXI?

R: Empezar, empieza en el caos. Ya veremos cómo termina...