El tenista balear celebra su victoria.

El tenista balear celebra su victoria. Efe

Tenis

Este Nadal también gana sin brillo

El mallorquín llega a las semifinales del torneo de Acapulco tras exprimirse ante el japonés Nishioka (7-6 y 6-3) y jugará el viernes contra el croata Cilic por una plaza en la final.

3 marzo, 2017 03:21
Dubai

Rafael Nadal jugará este viernes por una plaza en la final del torneo de Acapulco, donde reapareció hace unos días tras estar un mes sin competir después de su exitosa gira australiana. En cuartos de final, el mallorquín venció 7-6 y 6-3 a un combativo Yoshihito Nishioka y peleará por una plaza en la final con Marin Cilic, que avanzó sin jugar porque el estadounidense Johnson se retiró antes de saltar a pista como consecuencia de una lesión en su tobillo derecho. El encuentro dejó una conclusión rotunda: el Nadal que en algunos partidos de los dos últimos años no sabía cómo salir adelante si un cruce se le empinaba ha pasado a la historia.

“Los dos primeros días jugué muy bien, hoy no ha sido así, pero lo básico es saber ganar cuando uno no juega tan bien”, explicó Nadal, que terminó el encuentro con 31 errores no forzados. “Estos son los partidos que me han faltado en estos últimos años, ganando sin jugar tan bien”, continuó el mallorquín, que vio luego cómo Nick Kyrgios dejaba fuera de las semifinales a Novak Djokovic (7-6 y 7-5) después de propinarle 25 saques directos. “No todos los días es fiesta. Lo importante es mantenerse mentalmente preparado en la pista”.

Nadal salió del vestuario sin el vendaje en la rodilla derecha que le había acompañado en los dos primeros partidos del torneo y con esa decisión confirmó que efectivamente había sido solo un mal gesto durante el calentamiento del primer día contra el alemán Zverev (sintió “algo”) y reafirmó su positiva evolución en la articulación, algo que ya explicó tras ganar a Paolo Lorenzi en la segunda ronda. Olvidada la venda, olvidado el viejo fantasma de la rodilla, el número seis mundial se enfrentó a un partido que le obligó a exprimirse, agachando la cabeza para sufrir.

De entrada, a Nadal le molestaron tres cosas en el arranque. La primera, que Nishioka fuese zurdo como él, porque eso le quitó la ventaja que suele tener contra la mayoría de sus rivales (la de encontrar con su derecha cruzada el revés del oponente). La segunda, que el japonés le pelease los intercambios desde el fondo de la pista con solidez y se llevase a menudo los más apretados sin ser ni mucho menos un kamikaze, empleando un tenis sólido y seguro, sorprendiéndole con unos tiros combados que se le atragantaron. Y la tercera, las condiciones que se encontró en su primer partido diurno (28 grados y un 70% de humedad) tras haber jugado los dos días anteriores por la noche.

Sudando a chorros mientras empapaba una camiseta tras otra, Nadal fue perdiendo la intención agresiva y se enredó estrellando varias derechas sencillas contra la red. Así, del jugador decidido a restar metido dentro de la línea de fondo se pasó a otro arrinconado contra la grada, posiblemente intentando detener la cantidad de errores que fue acumulando según fue avanzando el reloj. Ocurrió que el mallorquín se desenredó a tiempo, porque su versión de 2017 es muy parecida en sensaciones a la de sus mejores temporadas (2010 o 2013), aunque todavía queden muchos resultados para que la comparación sea real.

A los 21 años, y en su primer cruce contra el campeón de 14 grandes, Nishioka compitió sin que la leyenda de su rival le pesase lo más mínimo, hasta que llegaron los momentos importantes. El japonés, amamantado como Kei Nishikori en la Academia de Nick Bollettieri, dejó el rastro de un tenista que podría decir mucho en el futuro, pese a que no tiene la percha (1,70m y 64kg) que demanda el circuito actual, donde los jóvenes son cada vez más grandes, más fuertes y más potentes. El número 86 mundial, lo opuesto todo eso, enseñó su velocidad (¡qué rapidez de manos y de piernas), su inteligencia para leer las jugadas y una facilidad fantástica para emplear distintos ritmos, según le vino en gana.

El partido, en cualquier caso, demostró que al japonés todavía le falta mucho por vivir y algo por madurar para gestionar con garantías las situaciones de ventaja contra los mejores. Dos veces llegó a estar por delante Nishioka en el partido (4-3 y saque en la primera manga, 2-0 y servicio en la segunda) y dos veces dejó que el español recuperase el terreno perdido para acabar quitándole la victoria de las manos. Para vencer a este Nadal, que está lejos de ser el tenista abordable de sus peores años, hace falta jugar muy bien durante mucho tiempo, y a veces ni con eso basta.

Aunque durante buena parte del encuentro estuvo en serios problemas, obligado a remontar un break en cada set, el mallorquín celebró su primer partido exigente en el torneo. A diferencia de Zverev y Lorenzi, que intentaron atacar la victoria sin consistencia y acabaron sacando bandera blanca demasiado pronto cuando vieron el filo del mallorquín, Nishioka obligó a Nadal a dar un pasito más hacia su límite, que todavía está lejos de cruzar. El sábado, ante Cilic, quizás necesite hacerlo para intentar discutir por el título de campeón.