Juegos Olímpicos 2016

La princesa feminista que abandera a las olímpicas de Arabia Saudí

Reema Bint Bandar Al Saud ha sido designada para representar a la Mujer en el ministerio de Deportes.

La princesa Reema bint Bandar Al Saud.

La princesa Reema bint Bandar Al Saud.

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Cuando Reema bint Bandar Al Saud salió a escena en una conferencia de empresarios que se celebró el año pasado en Los Ángeles, lo primero que hizo fue reprender al moderador que se encargó de presentarla. "Ella viene de un país en el que las mujeres no pueden conducir ni salir a la calle. No pueden ir a un restaurante o, simplemente, socializar", había expuesto unos segundos antes aquel incauto presentador a los asistentes. A lo que Reema, princesa de Arabia Saudí, empresaria, feminista y madre soltera, contestó: "Todo lo que has dicho sobre la vida en Arabia Saudí es erróneo. Excepto que las mujeres no podemos conducir".

A sus 41 años, Reema acaba de ser designada al frente del Departamento de Mujeres de la Autoridad Pública de Deportes, un organismo que actúa 'de facto' como un ministerio del que carece el régimen saudí. El deporte, como otras cuestiones, no figura entre las prioridades del rey Salmán bin Abdulaziz, quien tomó el testigo de su hermano Abdalá en enero de 2015. En cuanto a la mujer, desde el sufragio femenino logrado hace un lustro tampoco hay muchas novedades. "Yo puedo salir a pasear, voy a trabajar, tengo empleados... Somos una comunidad muy dinámica", defiende, no obstante, Reema.

Se trata de un argumento que repite en cada intervención pública que hace, aunque la realidad del país se empeña en no darle la razón. Criada y educada en EEUU, Reema pertenece a la reducida élite de mujeres que pueden trabajar y que no necesitan permiso de sus padres para casarse, estudiar o viajar. Su lucha nace de la conciencia de clase. De 'su' clase, por supuesto. Por ello, Reema reclama desde hace años que sus privilegios sean extensibles al resto de mujeres del país. Empezando por el derecho a trabajar libremente. Actualmente, sólo un 13% de la población femenina está empleada. Normalmente en colegios u hospitales sólo para mujeres.

Empresaria, asesora de Uber y activista

Desde su condición de noble, Reema se ha hecho con una posición privilegiada en el entramado empresarial de su familia, actividad que compagina con su labor como asesora de la multinacional Uber. No es casual; la empresa de transportes compartidos se ha asentado hasta tal punto en Arabia Saudí que actualmente la mayoría de las mujeres utilizan sus servicios para desplazarse en un país en el que la conducción es un derecho exclusivo de los hombres.

"Las mujeres [saudíes] no saben cómo llegar por sí mismas a un aeropuerto", razona Reema, quien continúa con desazón: "O reservar una habitación de hotel. Sólo en los últimos años han empezado a abrirse cuentas bancarias al margen de sus padres o esposos". El problema de fondo es, según esta empresaria activista, que "muchas ni siquiera saben qué pueden hacer y qué no".

Hasta hace poco, ni siquiera podían hacer una actividad física reglada. Sin una gran tradición, el deporte se circunscribía al plano estético, casual y elitista. Organizar un torneo anual para que acudieran las estrellas de un determinado deporte -y que lo disfrutasen unos pocos- era una cosa. Implementar un sistema que estructurase y promocionase el deporte en el país, era otro. Entre los hombres, la falta de cultura deportiva era importante. Para la mayoría de las mujeres, el problema directamente ni existía. Hasta ahora.

A partir de que en Londres 2012 participasen las dos primeras atletas saudíes de la historia, personalidades como Reema han venido reclamando una mayor atención para las mujeres deportistas. Aún hoy, no reciben clases en la escuela y, aunque la legislación no prohíbe que practiquen su actividad de manera profesional, no ha sido hasta los últimos años cuando los clubes y centros del país han abierto sus puertas a las mujeres. El resultado: en Río 2016, cuatro mujeres (de una delegación de 11) representarán a Arabia Saudí. Una cifra que duplica a la de hace cuatro años; una cifra que la princesa Reema pretende ridiculizar en un futuro no muy lejano.