Derbi madrileño

Simeone desnuda al Madrid de Zidane (0-1)

Partido de manual del Atlético, que inutiliza al equipo blanco en otra lección de solidaridad y juego colectivo. Primera derrota del técnico francés, regreso de los silbidos al Bernabéu y gol de Griezmann.

Cristiano se retira del campo

Cristiano se retira del campo Efe

  1. Liga BBVA
  2. Real Madrid
  3. Atlético de Madrid
  4. Zinedine Zidane
  5. Diego Pablo Simeone
  6. Antoine Griezmann
  7. Competiciones
  8. Derby

El Bernabéu ha interiorizado que Zidane no es Merlín y ha dejado definitivamente atrás la euforia de Año Nuevo para transitar entre arranques de fe y una discreta preocupación que a veces deja escapar algunos silbidos. El técnico francés, leyenda salvadora del madridismo, perdió parte de su encanto este sábado después de que su equipo no superase al Atlético de Madrid de Simeone en ningún momento y coprotagonizase uno de los derbis con menos calidad futbolística de los últimos tiempos.

El partido fue embarullado desde el principio, más del gusto del Atleti que de la parroquia local: Varane primaba sobre Torres y Godín desactivaba cualquier amenaza merengue con suficiencia. La superioridad numérica de los 'colchoneros' en el centro (Gabi, Augusto, Saúl y Koke contra Modric, Isco y Kroos) pronto metió al croata en una red de difícil salida y condenó, otra vez, al malagueño a la irrelevancia.

Amparado en su solidaridad colectiva y sin hacer apenas ruido, el Atleti fue haciéndose con el balón (una sorpresa) merced a su presión sofocante: Simeone, de pie, mantenía a sus hombres con el pistón al máximo y obligaba al Madrid a encadenar largas posesiones infructuosas, horizontales y algo premiosas. No había pases entre líneas y no estaba Marcelo para romper con incursiones hacia el centro. Al Madrid le costaba un mundo pasar la doble barrera rojiblanca: siempre aparecía alguien para cortar los ataques antes o después. (No en vano es, defensivamente, el mejor equipo de Europa).

Varane cabeceó un córner al cuarto de hora, en el primer acercamiento con un mímino peligro, pero el toque paciente del Madrid daba poco fruto, a medio camino entre el dominio y la impotencia. Pitos primerizos poblaban la grada. Danilo el más consistente en su banda (izquierda), hacía méritos para congraciarse con el Bernabéu. Un par de disparos intrascendentes de Ronaldo daban fe de las ganas del ‘crack’ portugués, pero poco más.

EFECTIVIDAD SIN ALARDES

El Atleti hace mucho tiempo que abdicó de cualquier código estético y es un equipo con una capacidad admirable para incordiar al rival. Cualquier balón suelto en la retaguardia blanca producía pánico en la tribuna. Sin autoridad, con dificultad para sobrepasar la presión adelantada del rival, el Madrid vivía de los arranques de Danilo y la voluntad oxigenadora de Kroos y Modric, bien sujetos por los cuatro centrocampistas visitantes; con las líneas juntas, dejando muy poco aire entremedias, siempre había una camiseta rojiblanca para interceptar el balón.

Una falta directa de Ronaldo despejada a puños por Oblak a la media hora fue el primer tiro del partido entre los tres palos. Voluntarioso pero impreciso, el Madrid no lograba superar a una defensa sobresaliente y Augusto, discreto y ubicuo, empezaba a sacar nota en el Bernabéu. Griezmann forzó una buena parada de Navas antes del descanso. Koke pisó área un minutos después y volvió a exigir a Navas. Godín cazó el córner siguiente. El viento hacía volar los papeles en la grada y el Madrid llegaba al descanso habiendo sido ligeramente inferior a los puntos. Se retiraban cabizbajos los madridistas: seguían siendo terceros en Liga. Pero faltaba lo peor.

Borja Mayoral por Benzema

Benzema metió al canterano, la joven esperanza blanca, por Benzema (lesionado) en el descanso. El panorama no cambió, pero CR7 tuvo a los dos minutos la oportunidad más clara del Madrid tras un error incomprensible de Godín, quizá forzado por el viento. El estadio se animó con el disparo cruzado, pero a los pocos instantes volvió a la dura realidad: el visitante era infranqueable y se desoblaba con rapidez venenosa al contraataque. Ganaba los balones divididos y aumentaba la impaciencia del Benabéu: hasta a Isco empiezan a pedirle resultados. Sin chispa, sin movimientos sin balón, sin velocidad punta, presuntas estrellas como James permanecían en su estado general de intrascendencia.

En el 54 llegó el golazo de Griezmann, forjado en una genial asistencia de Filipe Luis tras un contraataque marca de la casa, favorecido por las dudas del Madrid en el repliegue. Se terminaba la sequía goleadora del francés de forma inapelable, en un escenario idóneo.

El Madrid se puso nervioso, sacó a Lucas por James (efluvios de la era Benítez) y empezó a escuchar gritos de “¡Florentino dimisión!” en la grada. El Atleti asumió su superioridad y empezó a buscar el segundo gol. El Madrid llevaba ya dos cambios, Simeone no necesitaba hacer retoques. Embarcado de nuevo, como en la primera parte, en una posesión horizontal y estéril, extrañamente imprecisa, el Bernabéu comenzaba a exasperarse y la directiva, en el palco abarrotado de autoridades, asimilaba la reapertura de una herida nada superficial.

Navas volvió a salvar a su equipo en el 65 tras una magnífica jugada colectiva y Mayoral, que debutaba en una tarde muy complicada, se llevaba los únicos aplausos de la segunda parte. CR7 pudo empatar en el 67, pero sigue necesitando el doble de ocasiones que el año pasado para anotar. Mientras, Saúl crecía en el partido, alimentado de las dudas blancas, y hacía de Koke en el Atleti (una tendencia que se consolida). Los de Simeone eran mucho más verticales y bastante más rápidos que los locales. Jesé sustituyó a Isco en el 70 (hubo, por fin, pitos para el malagueño).

Es cierto que el Madrid se volcó al ataque y llegó sin desproteger demasiado su espalda, que no perdió la concentración, que no se divorció de su entrenador, que Gabi hizo un penalti claro (no pitado) a Jesé. Pero tenía enfrente al equipo más molesto del mundo y adoleció de la chispa que hace falta en situaciones tan exigentes. Es un equipo fuera de punto desde hace un año y no hay nadie, ni Zidane, que pueda arreglar eso en unas semanas. No se puede jugar sin chispa en la élite. Ante la impotencia demostrada, volvieron los gritos contra la directiva mientras la 'Undécima' se perfila en el horizonte como un sueño tan bello como improbable. Volvieron los altavoces ensordecedores al Bernabéu tras el pitido final. Primera derrota del Madrid de Zidane y primera jaqueca fuerte de 2016.