Mundial de ciclismo

Peter Sagan consuma en Doha su segundo Mundial consecutivo

El eslovaco gana en un agónico y reducidísimo sprint de apenas 15 corredores y se viste de nuevo con el maillot arcoíris. 

Peter Sagan celebra su victoria en Doha.

Peter Sagan celebra su victoria en Doha. REUTERS

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Peter Sagan lo ha vuelto a hacer. Cuando desde el mundillo ciclista se insiste en que estamos ante un corredor único, de esos que sólo aparecen una vez cada década, es por algo. Y este año no sólo se ha propuesto hacer pedazos la conocida como ‘maldición arcoíris’ –que también-, sino que además se ve que le ha cogido gustillo al maillot y ha decidido quedárselo durante el año que viene. Con un esprint agónico y repleto de inteligencia, el eslovaco se ha anotado en Doha su segundo Mundial consecutivo y se convierte en el sexto hombre capaz de lograr tal hazaña. El último fue el italiano Paolo Bettini (2006 y 2007).

Porque un Mundial no es una carrera como cualquier otra. Ni siquiera en un circuito tan plano –en todos los sentidos- como el de Catar. Sólo en una prueba como esta, de gran exigencia al superar con claridad los 200 kilómetros, es posible que un circuito donde apenas hay 20 metros de desnivel no termine en un esprint masivo. En la recta de meta –prácticamente el único punto ascendente de todo el circuito- se han presentado 15 corredores, los restos de un corte de 30 formado en el árido desierto que servía de camino hacia el circuito final en la Perla. Un grupo donde Sagan, por cierto, entraba de chiripa: “He tenido mucha suerte. He sido el último en entrar al grupo del abanico”, ha confesado.

Y de esos 15, el campeón ha empezado el esprint prácticamente el último. A conciencia: “Sabía que el viento en esa recta daba de cara y quería empezar a esprintar tarde. A los demás se les podía hacer largo”, ha dicho justo después de la prueba. Y, efectivamente, así ha sido. Boonen, Nizzolo y Matthews, con Kristoff, abrieron fuego tras echar abajo, ya dentro del último kilómetro, un ataque de Tom Leezer buscando sorprender. Las fuerzas estaban ya muy justas y, efectivamente, la recta final se hizo eterna. Desde atrás, Sagan y Cavendish empezaron a remontar posiciones… Hasta que tuvieron que separar sus trayectorias. Mark lo intentó por el centro y se vio ligeramente obstaculizado. Sagan remontó por fuera y ganó con suficiencia, mientras el británico mostraba su rabia por ser segundo.

Con lo poco que le quedaba, Boonen consiguió cerrar el podio. Un bronce más que merecido tanto por él como por su equipo. Porque fue Bélgica, y no otra selección, la que armó toda la gresca a falta de 170 kilómetros de meta. Hasta 11 etapas de la pasada Vuelta a España tuvieron menos distancia. Desde ahí, con el viento soplando fortísimo de costado, los curtidos belgas montaron una verdadera batalla campal y dejaron el pelotón hecho añicos. Llegaron a meter hasta seis corredores –de nueve que presentaban- en el grupo de 30 que cazó con facilidad a la fuga. Italia respondió bien con cuatro y Noruega, con tres.

La parte amarga fue para Alemania y Francia. Los germanos traían a Greipel, Kittel y Degenkolb como puntas de lanza de un equipazo, temible en cualquier sprint, pero ninguno de ellos consiguió entrar. Sólo Degenkolb consiguió meterse en el corte bueno hasta que una avería lo dejó fuera de sitio: “Contra las averías no puedes hacer nada. Para nosotros ha sido una carrera de mierda”, resumía con bastante franqueza. Precisamente Alemania fue el equipo encargado de capitanear la persecución, en un segundo paquete donde también estaba Bouhanni. Su compañero Démare, ni eso. Por otra parte, sólo Erviti iba con ellos representando a España.

Los alemanes mantuvieron durante un rato la distancia en torno a los 40 segundos hasta que Jens Debusschere se puso a hacer el trabajo sucio para Bélgica detrás rompiendo la persecución, molestando en los relevos y siendo un quebradero de cabeza para los perseguidores. Tanto fue así que, ya en el tramo final de la carrera, Degenkolb le roció la cara con agua. Mientras, Juanjo Lobato se quedaba fuera de la prueba todavía con 97 kilómetros por disputar, en el primer paso por meta en la Perla. La única baza española posible al esprint entró en el circuito con más de 10 minutos perdidos. El resto de españoles también fue cayendo y sólo Erviti (33º) pudo terminar.

Acaba de este modo un Mundial olvidable por muchos aspectos. El calor o la falta de público estarán durante mucho tiempo en la memoria del aficionado en un campeonato que, finalmente, contó con uno de los mejores podios que podían esperarse y con tres campeones del mundo en la foto: Sagan confirmando su doblete con el oro, Cavendish (ganador en 2011) lamentando ser segundo y Tom Boonen (2005) con el bronce. Un ciclista legendario que se retirará tras la próxima París-Roubaix y ha dejado su última huella de calidad rematando un gran trabajo de Bélgica. Con esto acaba también, prácticamente, la temporada 2016. Noruega cogerá el testigo, y seguro que el calor y la afluencia de gente no serán allí un problema. Veremos si Sagan logra ser el primero en lograr tres mundiales seguidos. Para alguien como él, nada es imposible.