Giro de Italia

Los seis factores que marcaron el Giro 2016

Analizamos los puntos definitorios de la gran ronda italiana, finalizada este domingo con victoria para Vincenzo Nibali y podio para Alejandro Valverde.

Nibali, el ganador del Giro de Italia 2016.

Nibali, el ganador del Giro de Italia 2016. EFE

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Turín clausuró la 99ª edición del Giro d’Italia. Un sprint irregular de Giacomo Nizzolo (Trek-Segafredo), cerrando peligrosamente a Sacha Modolo (Lampre-Merida), otorgó la última victoria parcial al rocoso velocista alemán Nikias Arndt (Giant-Alpecin) y completó una curiosa estadística según la cual todas las llegadas masivas de esta ‘corsa rosa’ han tenido triunfo germano (dos Kittel, tres Greipel, uno Kluge y otro Arndt). Nizzolo, por su parte, se lleva el consuelo de la ‘maglia rossa’ de la Regularidad y la convicción de que el karma está en contra de que alce los brazos.

Fue un final a la altura de las tres semanas de Giro, tan bellas y tan emocionantes, tan sorprendentes y tan adictivas. La gran ronda italiana es siempre apasionante e imprevisible por la actitud ofensiva que los corredores suelen adoptar en sus magistrales recorridos. El triunfo final correspondió al ídolo local Vincenzo Nibali (Astana) para júbilo del fervoroso público transalpino, que coreó el nombre de su ‘Squalo’ incluso en sus momentos de mayor zozobra. A continuación, analizamos los que a nuestro juicio han sido los factores definitorios de la resolución del Giro d’Italia.

Al albur de Nibali

A priorihabía tres máximos favoritos al triunfo de la ‘corsa rosa’: Alejandro Valverde (Movistar), por su pedigrí; Mikel Landa (Sky), por el talento escalador mostrado en la anterior edición y un estado de forma sobresaliente y patente en la aproximación a la carrera; y Nibali, por todo.

Ya campeón de las tres grandes rondas, el ‘Squalo’ era el único del cuarteto de grandes vueltómanos que forma junto a Froome, Quintana y Contador presente en la salida de Appeldorn. Su peso específico condicionó la carrera en todo momento, incluso cuando mostró debilidad. El resto del pelotón corrió al albur de sus tácticas y las de su Astana: más que plantear, reaccionaban. Una vez poseía la batuta, su triunfo era cuestión de tiempo. Por factores tangibles e intangibles, éste era su Giro.

La determinación de los campeones

Nibali pasó muy malos momentos durante el Giro. Algunos, como Sestola, pasaron inadvertidos; otros, como Sant’Anna di Vinadio o Alpe di Siusi, quedaron registrados de forma explícita. Sin embargo, pese a algún momento de “humillación”, supo rebotar compitiendo con la determinación propia de los campeones.

En el otro lado de la balanza estuvo Steven Kruijswijk (LottoNL-Jumbo). ‘La Percha’ fue sorprendentemente el ciclista más fuerte de este Giro; en algún momento pareció su ganador. Sin embargo, apareció el momento de debilidad en el Agnello y el desgraciado talud para desvanecer su aura. Sin euforia y con una costilla rota, el neerlandés se cayó del podio final. ¿Será que los campeones nacen y el trabajo por sí solo no permite llegar a la excelencia?

A vueltas con la altitud

El recorrido del Giro d’Italia, tan proclive antes en puertos contundentes de pendientes imposibles donde la clave era tener una relación peso-potencia óptima, presentaba esta vez tres colosos que se coronaban por encima de los 2500 metros de altitud sobre el nivel del mar (Passo Giau, Colle dell’Agnello y Col de la Bonette) y muchos kilómetros de travesía por encima de los 1500. Son momentos en que el oxígeno escasea y unas piernas no acostumbradas a la circunstancia sufren para expresarse; especialmente, les cuesta acelerar.

“Es una incógnita cómo responderán los cuerpos de los corredores ahí”, nos confió el director de Movistar Team, Txente García Acosta, en la víspera. El técnico tenía razones para estar preocupado: su líder, Alejandro Valverde, no había realizado ninguna concentración en altura antes del Giro a diferencia de la inmensa mayoría de sus rivales. Efectivamente, el murciano cedió en Giau y Agnello. Fueron prácticamente sus únicos momentos de debilidad en todo el Giro: suficientes para apartarle de la ‘maglia rosa’.

En el otro lado de la balanza, Chaves y Nibali. Como no podía ser de otra manera, el bogotano se encuentra cómodo en las alturas: fue el segundo escalador más fuerte del Giro, tras Kruijswijk, y sólo la faringitis que padeció en los últimos días de competición limitó su rendimiento hasta ubicarle en el segundo cajón del podio. El siciliano, por su parte, reconoció que el sábado esperó para atacar a que hubiera más metros de altitud para que las piernas de sus rivales sufrieran más.

Tener equipo sigue siendo importante

“¿Qué más da que no tengamos tres tíos entre los 30 primeros de la general para trabajar con Steven [Kruijswjik] si cuando ataquen los mejores sólo quedarán en cabeza 10?”, argumentó Bram Tankink en The Cycling Podcast cuando le preguntaron por la relativa debilidad de LottoNL-Jumbo.

La realidad terminó por desautorizarle en la jornada del naufragio de su líder. Sea por la fatiga acumulada en los días previos, por la carencia de escaladores en su elenco o por negligencia táctica, el conjunto neerlandés cometió el mismo error que Giant-Alpecin en la pasada Vuelta a España: no filtró a nadie en la escapada de la jornada y Kruijswjik se encontró solo tras el Agnello como Dumoulin lo estuvo en la sierra madrileña. Fue la estocada para ‘La Percha’.

Hubo varios casos de gregarios notables en este Giro d’Italia. El primero, en el mismo LottoNL, un Enrico Battaglin que ofreció más que nunca en las subidas. Más brillante aún estuvo Michele Scarponi, ejemplar en su trabajo para Nibali tanto por fuerza como por espíritu: cómo renunció a la victoria en Risoul para apoyar al ‘Squalo’ en su ataque por la ‘maglia rosa’ resultó encomiable. Igualmente sobresalientes resultaron los Orica-GreenEdge, con Rubén Plaza y Damien Howson en un rol particularmente estelar en el trabajo para Chaves.

Valverde para la historia

Era la primera vez que Alejandro Valverde se enfrentaba al Giro d’Italia. Los motivos, diversos: desde un calendario que siempre ha priorizado las clásicas, el Tour y la Vuelta hasta el hecho de que durante varios años no pudo pisar territorio italiano a riesgo de una sanción del CONI que, efectivamente, se acabó consumando.

A juzgar por sus palabras, el murciano disfrutó de la ‘corsa rosa’. La filosofía de esta carrera entronca con la de un ciclista que, por encima de todo, disfruta de la bicicleta. Se le vio competir a gusto, atento, ofensivo e incisivo cuando estuvo en disposición de serlo, defensivo con uñas y dientes cuando las circunstancias estuvieron en su contra.

Así rubricó dos éxitos: la victoria de etapa en Andalo y el podio en Turín. Consigue así atesorar triunfos parciales y clasificaciones entre los tres primeros en las tres grandes vueltas, un hito más que sumar a la hoja de servicio de un corredor que ya se encuentra por derecho propio entre los mejores de la historia. Pese a sus 36 años, tiene ante sí muchas ocasiones más para agrandar su leyenda. Sin ir más lejos, los Juegos Olímpicos de Río.

Las atracciones abortadas

Lo más destacado de todo aquello que no sucedió en este Giro fue la confirmación de Mikel Landa como aspirante a triunfar en la general de las grandes vueltas. Por su carisma, por su calidad y por las exhibiciones realizadas en la previa, el escalador inexplicable era una de las grandes atracciones de la carrera. En el ecuador de la misma, incluso, era el favorito de los apostantes.

Sin embargo, una repentina gastroenteritis le eliminó con el drama correspondiente. Nos quedamos sin saber hasta dónde hubiera llegado con una forma física aparentemente plena y un equipo, Sky, tan poderoso como comprometido con su causa. De las cenizas del conjunto británico emergió Mikel Nieve para ganar una etapa a la heroica y adjudicarse el maillot de la montaña, convirtiéndose así en el otro gran protagonista español del Giro.

Otro de los ciclistas con mayor aliciente de la prueba, el ‘sputnik’ Ilnur Zakarin (Katusha), sí dejó una huella mayor. Antes de su desgraciada caída bajando el Agnello, el ruso realizó varias exhibiciones de fuerza y mostró una solidez que le colocaba quinto en la general del Giro y en disposición de atacar el podio. Mucho menos emocionantes fueron las actuaciones de Rafal Majka (Tinkoff), quinto sin aparecer en las fotos, y Rigoberto Urán (Cannondale), tan resiliente como relativamente débil.