UNO MÁS UNO

Pedro y Pablo, lecciones de la historia del baloncesto

Uno no deja de ver con cierta satisfacción como el deporte al que ha dedicado toda una vida salta al primer plano de la actualidad. Estamos más acostumbrados en las tertulias y en los ambientes políticos a las metáforas taurinas o a las del fútbol, un deporte más conectado con este mundo, así que un cambio de aires puede que nos venga bien. A nueva política, nuevas referencias. Y desde luego, para los tiempos que corren y lo que buscamos los españoles me parece mucho más apropiada la historia del baloncesto que un Juego de Tronos.

Pero me parece que hay otras razones por las que el asunto está bien traído por parte de Pablo Iglesias. Amén de ser el deporte que les une, seguro que al repasar su historia recordarán ustedes una buena parte de su esencia, que, a veces, las turbulencias de la actualidad terminan por nublar los principios de cada cual.

Para empezar con el recordatorio, el respeto a las normas, al compañero, al propio equipo, al rival, a la autoridad arbitral y al público son algunos de los muchos elementos que conducen al baloncesto hacia algo tan alejado de la política como la ejemplaridad. Nuestro juego es una de las escasas modalidades deportivas en las que el sancionado con una falta reconoce su error levantando la mano para que todo el mundo lo vea. Un alarde público de contrición que escasea en el juego político y que ha llevado a la escasa consideración de su clase representativa por parte de los ciudadanos.

La sociedad, de forma perentoria, intenta recabar referentes que marquen el camino y, por desgracia, por más que buscamos no terminamos de encontrarlos en el ámbito político. Las excusas, las rectificaciones, las reinterpretaciones del propio discurso han estado tan a la orden del día que ni los cronistas son capaces de seguir la actualidad sin recurrir a las malditas hemerotecas que dejan las vergüenzas al aire.

En la cancha, cinco contra cinco, sin dobleces y sin posibilidad de escurrir el bulto ni eludir las normas

Así que lamento confesarles que por ésta y otras cuestiones no estoy entusiasmado con lo que ustedes dos, entre otros, han bautizado como la nueva política. Desde que comenzó la campaña electoral, y no digo ya en los últimas semanas, hemos asistido a un teatrillo muy lejos de la verdad del baloncesto. El éxito de este juego, como el de la mayoría de los deportes, se debe en gran medida a su veracidad. En la cancha, cinco contra cinco, sin dobleces y sin posibilidad de escurrir el bulto ni eludir las normas. Un encuentro en el que no sirven las excusas y una representación sin dobles sentidos. Lo que se ve es lo que hay. Y tan justo que siempre gana el mejor. Tanto das, tanto recibes. Tanto entrenas, tan bien o tan mal juegas.

Sin trampa ni cartón, el baloncesto te pone en tu sitio. Ya entiendo que el escenario político es más complicado, pero lo que no creo es que sea tan elástico como para ser estirado y encogido a gusto de los actores. Las reglas nunca las marcan los artistas ni los deportistas. Al contrario, están obligados a respetarlas.

En otro orden de cosas, me da la impresión que en ocasiones ustedes olvidan que, al igual que los jugadores se deben a su afición, ustedes se deben a sus votantes. Por más que me lo expliquen, conducir el actual partido a la prórroga cuando la afición te está pidiendo un acuerdo al contraataque no tiene ningún tipo de justificación. Cada partido tiene su ritmo, pero están jugando ustedes un basket-control del que el personal anda bastante harto.

En resumen, no se es forofo de un equipo por aproximación, pero hoy no queda más remedio que ser votante por intuición. Los partidos políticos y los líderes dan tantos bandazos que a veces uno no sabe si situarles en la derecha, en la izquierda, arriba o abajo. Ah, perdón, que se me olvidaba el centro.

Sólo el color anaranjado, el mismo del balón, se salva de momento de las crisis

El panorama desde luego parece desalentador para el ser humano de a pie, o quizá sea la impresión que trasmiten los medios. No sólo no sabemos cuáles son las intenciones de cada uno, sino que el ambiente en todos los partidos políticos más parece, en efecto, Juego de Tronos que un partido de baloncesto. Quizá por eso, sólo el color anaranjado, el mismo del balón, se salva de momento de las crisis.

Bien es verdad que, de cuando en cuando, hay detalles que te hacen recuperar la fe. Tras la reunión con Sánchez, Pablo Iglesias se ofreció a quitarse de en medio para facilitar un pacto de la izquierda. Un acto de generosidad, una asistencia de las que pueden dar fluidez al juego y que bien podría ser imitada por otros que taponan.

Pero no olviden una cosa y aunque ustedes eran muy jóvenes quizá se acuerden, y si no para eso está el libro que ahora comparten. Durante los años 80 el Barcelona y el Madrid libramos encarnizadas batallas por la supremacía en España. Pero al final de la temporada liguera, nos quitábamos la azulgrana y la blanca y nos reuníamos a defender el equipo nacional porque, en última instancia, muy por encima de todos nosotros, estaba el interés del baloncesto español.