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Regreso al futuro de Paul Pierce

Cuatro abierto y tirador, a sus 38 años aprovechó la lesión de Griffin para liderar la revolución de los Clippers.

Paul Pierce lanzando a canasta

Paul Pierce lanzando a canasta Getty Images

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Cuántos acontecimientos llegan a sucederse por una decisión equivocada. Blake Griffin saltó a una ayuda innecesaria y al intentar recuperar su posición notó un desgarro. Los Clippers no tenían buenas noticias por Navidad en 2015. Pese a terminar el año con un 56.5% de victorias, la lesión del cuádriceps izquierdo de su jugador franquicia dejaba un poso de preocupación tras superar a los Lakers. Nunca vencer al glamuroso vecino había sabido tan amargo.

Apenas un mes después de aquel suceso, John McEnroe se echa las manos a la cabeza ante la sonrisa, aún irresistible, de Naomi Watts. “Vaya inicio de partido. Este sí que es un viejo rockero”, declara el tricampeón de Wimbledon desde el Delta Lounge del Madison Square Garden, al descanso de la visita de los Clippers.

Uno de los abuelos de la liga está liderando un juego majestuoso con 16 puntos, 13 asistencias y una defensa capaz de congelar las ideas de la pujante estrella local, Kristaps Porzingis, quien no había cumplido los 3 años cuando su rival ya era seleccionado por Boston Celtics con el número 10 en el Draft de 1998.

DEL OJO DE KIDD A LA VERDAD DE SHAQUILLE

Jason Kidd, genial base y uno de los entrenadores más respetados de la liga, conoce muy bien a Pierce. Lo tuvo a su lado en Brooklyn hace dos campañas. Por eso ahora, cuando apura su recuperación tras una intervención en la cadera antes de reaparecer como entrenador de los Bucks la próxima semana, no duda en afirmar que “incluso cuando jugaba poco a principios de temporada, sabía que él estaría ahí al final y ayudaría a su equipo a ganar partidos".

"Lo vi de cerca en Brooklyn y también lo padecí como su rival muchas veces. Es un jugador que no arranca rápidamente, pero cuando coge velocidad no hay quien lo pare”, añadía Kidd.

Y es que hablamos de una leyenda activa de la NBA. Actualmente el quinto jugador más veterano de la competición tras Kevin Garnett -con quién compartió vestuario en los Celtics campeones de liga de 2008-, Tim Duncan, André Miller y Vince Carter. Quinteto de lujo en el que “The Truth”, como le apodaba Shaquille O’Neal, ha recuperado en un mes su papel protagonista.

LA REVOLUCIÓN TRANQUILA

Glenn ‘Doc’ Rivers es un tipo jovial. Le encanta atender a los aficionados y periodistas que se le acercan. No para de gastar bromas y destila cercanía. Por algo pertenece a una generación irrepetible de jugadores con los que compartió quinteto tras ser elegido MVP del Mundial de Cali’82. Kikanovic, Epi, Myshkin y Tkachenko completaban aquel equipo ideal de un torneo que regaló a la URSS un campeonato para el recuerdo y a los Estados Unidos de Pinone una generación maldita.

De ella se salvaría Rivers, con una notable carrera NBA antes de empeñarse en mejorarla como técnico, donde fue nominado Entrenador del Año en 2000 y conquistó el anillo con los Celtics en 2008. Desde entonces, maneja una relación especial con Paul Pierce, al que conoce “hace muchos años. De Paul todo lo que puedo decir es que es un jugador inteligente. El resto es mejor sentarse en la grada y disfrutarlo por uno mismo”.

Sobre su impacto en el equipo, el entrenador de los Clippers se muestra “encantado. No pensaba que íbamos a jugar tan bien sin Griffin. No dudaba de Paul. Sólo necesitaba tiempo y confianza para que sus tiros entraran, pero con él el equipo está anotando incluso más ahora. Además, nos ha dado un nuevo registro gracias a su capacidad para anotar de más lejos y su sabiduría sobre la pista en la lectura del juego”.

UNA NUEVA RESURRECCIÓN

La resurrección de un Pierce cuyo ocaso se comparaba con el de Kobe Bryant hace cuatro semanas ha sido tan espectacular como inesperada. Él no se inmuta. "Tenemos que seguir trabajando. Estoy muy feliz. Con gran confianza desde que me siento titular de nuevo. Creo que he dado un paso al frente y el equipo está en una buena dinámica. Pero esto es sólo el principio. Nos queda mucho camino”.

Y es que el jugador de Inglewood ya había sido capaz otras veces de volver de la otra vida. Como cuando en septiembre de 2000 recibió más de una docena de puñaladas en el cuello a la salida de un club.

Se recuperó a tiempo y cerró la temporada si perderse un partido con los Celtics, con los que firmaría una de las trayectorias más fieles de la historia de la liga, permaneciendo en Boston durante 15 temporadas. O cuando volvió a la pista en silla de ruedas en 2008 tras una caída que enmudeció el Garden para levantarse y anotar dos triples que encarrilarían la final ante los Lakers de Bryant.

Paul Pierce con Chris Paul

Paul Pierce con Chris Paul REUTERS

“Me siento vivo porque compito. No hay que engañarse. Tu cuerpo no responde como antes, pero hay que aceptarlo y ser listo mientras que puedas seguir compitiendo. La mayoría de estos chicos podrían ser mis hijos, pero entre ellos me siento como uno más”, afirma reacio a acaparar protagonismo en el vestuario del equipo. “Habla con CP3 -Chris Paul-. Él es la estrella y merece las entrevistas”, bromea.

Tercia DeAndre Jordan. "Algunos tienen a los que más camisetas venden. Las estrellas del futuro. ¿Quién sabe? Nosotros tenemos a la estrella del pasado, del presente y le queda mucho futuro. Es este tío”.

Algún crédito tendrá el pívot zurdo tras firmar un 7 de 7 con 7 mates para el recuerdo. Hazaña que celebra orgulloso mientras Pierce se pierde por la puerta trasera del vestuario aprovechando la confusión. Su equipo acumula 11 victorias y sólo 2 derrotas desde la ayuda equivocada de Griffin. El efecto mariposa que resucitó a un mito.