LITERATURA Y POLÍTICA

La librería hispana que le gustaría cerrar a Trump

La última librería de Nueva York que sólo vende libros en español se erige como la resistencia ante el menosprecio a la cultura latina por parte del candidato republicano a la presidencia. 

La librería Barco de papel.

La librería Barco de papel. Cedida

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Según el Instituto Cervantes en 2050 EEUU será el primer país hispanohablante del mundo. El sueño americano habla español. Hoy 41 millones de personas tienen nuestra lengua como idioma nativo en EEUU y 11,6 millones son bilingües. La llegada de los inmigrantes latinos al país conlleva un auge de su importancia como grupo social, cultural y electoral.

Frente a la integración de la comunidad latina en la vida política y económica, está Donald Trump, el adalid de la Gran América, para el que impera el miedo como garante de la seguridad. La campaña del candidato republicano se incendió con los ataques a los hispanos y la amenaza de construir un muro que separase EEUU de México. Entretanto, Trump camina hacia la Casa Blanca con la promesa de quitar la ciudadanía por nacimiento y expulsar a los inmigrantes del país que sueña con recuperar.

Barco de papel.

Barco de papel. Cedida

Pero en una esquinita del neoyorkino barrio de Queens se erige la resistencia. Como si de una aldea gala se tratase, la librería Barco de papel lleva trece años vendiendo libros sólo español. Ramón Caraballo, su responsable, afirma que es la única de la Gran Manzana que centra su actividad en la literatura hispana, pese a que la ciudad de Nueva York encabeza la lista de las urbes en las que más se habla español de EEUU, con un 24,5% de sus habitantes hispanohablantes.

Barco de papel tiene función de refugio. En el revuelo de la ciudad donde la cultura masificada llena las grandes librerías de extras, el libro ha quedado en segundo plano. Pero Barco de papel existe como una casualidad o una misión divina: dejar la cultura del mismo lugar de donde sale, el pueblo.

La librería tiene función de refugio, frente al revuelo de la ciudad, existe como una casualidad o una misión divina: dejar la cultura del mismo lugar de donde sale, el pueblo

Ramón dejó en los noventa su Cuba natal cargado de historias en sus maletas y la ciudad de la libertad lo acogió con las calles abiertas. Y allí se plantó. En las aceras de Nueva York montó una mesa llena de libros, porque para él la vida que transcurre por las avenidas y la literatura son lo mismo. Cada día descubría a los transeúntes un gran inventario de libros: “El mismo que podrías encontrar en una librería”, cuenta a EL ESPAÑOL. “Así daba acceso a gente que no solía ir a una tienda de libros, gente que tiene un comportamiento diferente”. Años después, Ramón atiende a los clientes desde su propia librería a la par que recuerda sus comienzos y analiza el presente.

Frente al Nueva York de las películas, Ramón reivindica los barrios, como Queens, “donde vive gente de clase media, con diferentes inquietudes y necesidades y a las que hay que dar respuesta”. “Esta ciudad tiene una particularidad y es que tiene universidades y cursos que atraen a gente interesada por la literatura latinoamericana. Pero hacen sus doctorados, escriben sus libros y regresan, no quieren relacionarse con los barrios. Hay dos culturas que se diferencian y no se relacionan”, cuenta Ramón.

Barco de papel.

Barco de papel. Cedida

Mientras que en las instituciones culturales estudian la literatura y a sus autores desde el inmovilismo teórico, acercándose a los pueblos desde una perspectiva lejanísima, Ramón afirma que la visión que se tiene de la comunidad hispana es “de personas que vienen a trabajar desde los suburbios, gente que tiene poca educación y poco interés por la cultura”. Sin embargo, el librero asegura que de esa visión se escapan “aspectos muy interesantes y un gran bagaje que se puede transmitir”. De este modo “se puede cambiar esa visión mercantilista y permitir que todos caminemos juntos”.

La visión que se tiene de la comunidad hispana es de personas que vienen a trabajar desde los suburbios, gente que tiene poca educación y poco interés por la cultura

Barco de papel sobrevive como una librería tradicional, pequeña. “Es un pequeño tesoro, donde la gente entra y ahonda en una cultura muy rica y encuentras historias que sorprenden”, cuenta Ramón. La librería cuenta con un amplio fondo de libros barrocos y medievales que se mezcla con los manuales que piden las universidades. “Prestamos menos atención a los best sellers y apostamos por libros raros, antiguos y la literatura en español clásica y los autores del 'boom' que tienen muy buena acogida porque de alguna manera hay mucha información que al lector le dice que debe pasar por ella”.

“Yo soy el último mohicano de este tipo de cultura, porque vengo de una herencia donde llevar el libro es una forma de ser, no se identifica como una mercancía. Se contrapone con la cultura donde una librería es lo mismo que una cafetería, que está bien, pero el libro es otra cosa, forma parte de una manera de ser, de los valores humanos”, cuenta el librero.

Barco de papel.

Barco de papel. Cedida

Con Ramón termina una generación de libreros neoyorkinos que satisficieron las necesidades de la literatura en español pero que se vieron abocados al fracaso. En 2007 cerraron las librerías Macondo y Lectorum. Cuando falleció la primera, el entonces director del Instituto Cervantes de Nueva York afirmó que era “una tragedia” porque el centro de la ciudad se quedaba sin librerías en español.

Sigue habiendo muchos clichés y estereotipos, al final se trata de una manera de hablar de esto desde la distancia, en lugar de acercarte a verlo

Los hispanohablantes crecen, pero la cultura que envuelve a su lengua se presenta como un factor secundario. “Sigue habiendo muchos clichés y estereotipos, al final se trata de una manera de hablar de esto desde la distancia, en lugar de acercarte a verlo. En Estados Unidos existe una segunda generación de inmigrantes latinos, pero no existe una segunda de inmigrantes irlandeses, por ejemplos. Eso es una manera de diferenciar, pero no de integrar, sentencia Ramón.

“Lo que se exporta de la cultura hispana es la comida rica y la fiesta. Pero no se suma la Cultura, en lo hispano se asocia al baile, a lo ameno y lo jocosos que somos, pero no al Conocimiento”, cuenta Ramón. En la causa que Ramón ha decidido tomar como propia, se han unido diferentes voluntarios, amantes de la cultura hispanoamericana y de diferentes partes del mundo. La librería acoge una suerte de centro cultural, donde poetas, escritores y cantantes se reúnen para alzar la palabra Literatura. Como si buscasen mantener aquel Macondo de sueños que lanzó la parte sur del continente al mundo. Siempre bajo la atenta mirada del Gabo, que los aguarda en la puerta de la librería como el cabeza de familia de los Buendía.