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Las lecciones de inmigración de Broadway para Trump y Bush

El musical 'Hamilton' es un concierto de hip hop y una clase de historia con mensaje político. Obama lo ha visto ya dos veces.

Una escena de la obra.

Una escena de la obra. The Public Theater

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Lin-Manuel Miranda, escritor, compositor y actor de Broadway, buscaba una biografía para leer en el verano cuando se topó con el libro de Ron Chernow sobre Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de Estados Unidos. Lo compró, y mientras lo leía, tuvo una idea: convertirlo en un musical.

El resultado es Hamilton, una obra única con elementos inéditos para la historia de Broadway, que ha tenido un resonante éxito y está en boca de todos, y a la cual el presidente Barack Obama ha ido a ver no una, sino ya dos voces. Hamilton, además, está dotada de un inequívoco mensaje político a favor de la inmigración, justo cuando la campaña presidencial pone a la inmigración en el centro del debate político.

Hamilton relata el ascenso de Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro, mano derecha de George Washington y diseñador central de la primera economía mundial. Miranda, un inmigrante de Puerto Rico que ya había logrado éxito y reconocimiento en Broadway con otra obra suya, In the Heights, quedó fascinado con el personaje y creó algo inédito: Hamilton es, a la vez, un musical de Broadway, un concierto de hip hop y una clase de historia.

Dos de los protagonistas.

Dos de los protagonistas. The Public Theater

“Me impresionó mucho, primero, que fue el único inmigrante de nuestros padres fundadores”, comenta Miranda en una entrevista con EL ESPAÑOL. “Y, también, que en cada momento importante de su vida, su habilidad para escribir lo llevó al éxito y a salir de sus circunstancias. Trascendió escribiendo. Me pareció una movida muy hip hop –dice el actor y guionista–, escribir sobre tus dificultades y trascender tus circunstancias. Pensé que eso era una historia de hip hop”.

Miranda decidió escribir esa historia para Broadway: un inmigrante huérfano nacido en el Caribe que termina por escribir –literalmente– la historia fundacional de Estados Unidos.

“Siempre supe que la historia era especial”, dice el actor. “Lo difícil fue dramatizarlo de una manera tal que ayude al público a conectar con esta historia, que es la historia de nuestro primer inmigrante, un padre fundador, y es un cuento trágico porque vivió la mitad del resto de los padres fundadores”, agrega. [Alexander Hamilton murió a los 49 años, tras un día de agonía, debido a una herida mortal sufrida en un duelo de armas].

A ritmo de hip-hop

Miranda utilizó dos ingredientes para su fórmula. El primero es el repertorio de canciones, que recorre un arco impensado entre las lírica tradicional de Broadway y el ritmo frenético del hip hop del Bronx. El ritmo del rap marca el ritmo de la obra: un debate entre Hamilton y Thomas Jefferson, rivales políticos, queda convertida en una “batalla” rapera, una síntesis entre Eminem y el diseño de una política pública.

El segundo ingrediente es el elenco, predominantemente negro y latino, tan étnicamente y racialmente diverso como Estados Unidos hoy, pero alejado del tejido demográfico de las antiguas colonias británicas.

Ésta es la cara de Estados Unidos ahora. Es de todos colores, de todas raíces.

Por esa decisión, en Hamilton, Thomas Jefferson luce un incipiente peinado afro; George Washington tiene la cabeza rapada y la tez oscura, y Aaron Burr, el vicepresidente de Jefferson que mata a Hamilton en un duelo, es negro, y no blanco, como marcan los libros de historia.

“Queremos eliminar la distancia entre la audiencia de hoy y esta historia”, explica Miranda. “Queremos que esta historia sea sienta tan relevante hoy como en 1776 y 1789. Parte de eso es que nuestros actores se parecen a Estados Unidos como parece ahora. Ésta es la cara de Estados Unidos ahora. Es de todos colores, de todas raíces. Eso ayuda a eliminar la distancia. No sientes que estamos viendo un espectáculo de historia, con gente en pelucas blancas”, agrega.

La puesta en escena de la obra es minimalista. El vestuario, acorde a la época, tiene algunos destellos de color –Jefferson viste un traje color púrpura brillante; Hamilton en un momento viste verde– que, en cierto modo, profundizan el quiebre temporal.

La obra, que  Obama vio dos veces ya.

La obra, que Obama vio dos veces ya. The Public Theater

Poco de esto importa cuando los actores empiezan a hacer lo suyo. Por momentos, es muy difícil seguir todo el contenido que Miranda, compositor y escritor del musical, logró poner en cada tema. Varias “perlas” sobresalen. Una de ellas encuentra al Marqués de La Fayette, el militar francés que peleó en la Guerra de la Revolución, y a Hamilton frente a frente, en el primer acto, celebrando el éxito que marcó la independencia de Inglaterra. Después de chocar las manos en un saludo de sello urbano, ambos sentencian, en ritmo rapero: “¡Los inmigrantes!¡Hacemos el trabajo!”.

En esa línea descansa el inequívoco mensaje político de “Hamilton”: los inmigrantes son la fibra que ha construido el tejido de Estados Unidos.

Agenda política 

“Fue una de las razones por las que conecté con Hamilton, entender que él fue un inmigrante, su tenacidad y dedicación, su implacabilidad. Él, antes que todos los padres fundadores, es el primero en pensar en los Estados Unidos, y no sólo en 13 colonias”, afirma Miranda. “Una de las razones por las cuales esa línea es tan genial es porque es un recordatorio de que los inmigrantes siempre han formado parte de esta nación. No sólo son los latinos ahora, son los judíos, los italianos, los irlandeses o las miles de personas de otros países que vinieron a buscar una vida mejor y a participar de nuestra nación”, define el puertorriqueño.

El secreto de hacer esto es la audiencia –apunta–, una audiencia nueva cada noche.

No sólo Obama y su mujer, Michelle Obama, han visto la obra. John Kerry, el secretario de Estado, también encontró un hueco en su agenda para pasar por el teatro (Jefferson fue el primer hombre en ocupar su cargo actual), al igual que tres secretarios del Tesoro: el actual, Jacob Lew, y dos de sus predecesores, Tim Geithner y Rober Rubin.Miranda dice que el público lo mantiene humilde. Hacer un musical, explica, es como ser chef en un restaurante: de nada sirve una buena crítica si una persona va a comer y come mal.

“El secreto de hacer esto es la audiencia –apunta–, una audiencia nueva cada noche. Antes de montarme en el escenario, siempre me digo que puede ser el primer espectáculo de Broadway de alguien, y puede ser el último espectáculo de Broadway de alguien. Y quizá es la única oportunidad que tiene de verlo. Entonces tengo que dar todo lo que tengo.”