Música

No toques mi canción, Donald

El rock n’roll ha entrado en campaña en EEUU. Aerosmith, R.E.M. y Neil Young a un lado. El provocador republicano a otro.

Donald Trump, durante un acto de su campaña en septiembre

Donald Trump, durante un acto de su campaña en septiembre Reuters

Lo de darle guitarrazos -metafóricos- a un aspirante a la Casa Blanca es una tradición que se remonta a los tiempos de Ronald Reagan. El protagonista esta vez es el candidato republicano que las tiene todas consigo, aparentemente, para llevarse la precampaña, el magnate Donald Trump. En dos meses, ha logrado que Neil Yong, R.E.M. y Aerosmith, sucesivamente, arremetan contra él. No deja de tener mérito. Da, por lo menos, para una canción.

El grupo de Steven Tyler ha sido el más reciente en lanzar sus iras contra el millonario por utilizar en uno de sus mítines Dream On, uno de los temas más conocidos de Aerosmith. El otro morritos del rock, con permiso de Mick Jagger, le ha enviado una notificación al candidato: o deja de usar el tema o habrá denuncia. Y eso que, como recogen varias webs norteamericanas, como "TMZ" y "Rolling Stone", el rockero y el político son amigos. Trump se ha declarado fan del grupo en Twitter y ha ido a algún concierto de la banda. Pero de ahí a identificarse con su línea política, como podría sugerir el uso autorizado de la canción, va un trecho.

Tyler ya le avisó una vez, el pasado 21 de agosto, después de que el político usara Dream On en un mitin en Alabama. Pero el baladón sinfónico siguió sonando en la campaña. Lo hizo, al menos, una vez más, en Georgia, según "The Hollywood Reporter". Los representantes de Aerosmith han decidido que a la segunda va la vencida. La siguiente, en los tribunales.

El caso del grupo de Boston es un suma y sigue en la relación salvaje de Trump con el mundo del rock. Sólo le falta el sexo y las drogas.

It's The End of The World As We Know It (And I Feel Fine) sonó por los altavoces durante un acto organizado por el Tea Party en contra del acuerdo con Irán en su campaña. Otro temazo. Cualquier aficionado al rock identificará rápidamente la voz aguda de Michael Stipe y el ritmo alegre de la guitarra de Peter Buck. Un clásico contemporáneo de 1987. Un “melocotonazo” de R.E.M., el grupo de Athens (Georgia, EE UU), según la terminología radiofónica.

El Payaso Naranja

Pero a R.E.M. no le hizo tampoco ninguna gracia la apropiación. “Mientras que no autorizamos ni aprobamos el uso de nuestra música en este evento político, y pedimos que estos candidatos cesen y desistan de hacerlo, permítanos recordar que aquí hay cosas más importantes en juego. Los medios de comunicación y los americanos deberían centrarse en tener una perspectiva más amplia, y no permitir a políticos grandilocuentes que les distraigan de los asuntos urgentes de cada día y de la actual campaña presidencial”, aseguraba el grupo el pasado 9 de septiembre en un comunicado en su web oficial.

La protesta de Stipe no se ha quedado en el educado mensaje. Entrevistado por "The Daily Beast", el cantante mandó al candidato republicano, literalmente, "a la mierda" (en la traducción más aproximada de la expresión inglesa, aunque no la más literal). "Personalmente, creo que el Payaso Naranja [en referencia a Trump] hará cualquier cosa por llamar la atención. Odio dársela" dijo Mills a ese mismo medio. Stipe fue más directo: "Iros a la mierda, todos vosotros, hombrecillos tristes, acaparadores de atención y hambrientos de poder". El cantante respondió por escrito, y añadió: "No usen nuestra música ni mi voz para su estúpida locura de campaña".

Por segunda vez en pocos meses, el mundo del rock se encaraba con el poderoso candidato. Antes de R.E.M., el canadiense Neil Young había protestado por una apropiación similar: Trump había hecho suyo Rockin' in the Free World, otro de esos temas de fondo que suenan invariablemente en las emisoras de "oldies" y en los bares de etiqueta rockera. La canción se escuchó a todo volumen, según las crónicas de la prensa norteamericana, el 16 de junio en la sede de Trump, cuando anunció que quería convertirse en el presidente que llenara América de empleos.

Quizá ni Trump ni sus asesores eran conscientes de que en 2006 Young había "postulado" al entonces joven senador por Illinois Barack Obama como posible candidato a la Presidencia en Looking for a leader, uno de los temas de Living With War, un álbum que fue toda una reacción a la política bélica de George W. Bush en Iraq y Afganistán. La reacción no se hizo esperar: el manager de Young emitió un comunicado recordando que su cliente es un ciudadano canadiense y que, en cualquier caso, su apoyo sería para el candidato Bernie Sanders.

De Bush a Palin

El rechazo de Neil Young y R.E.M. a Trump no es una rabieta aislada. No es la primera vez que la música en general y el rock en particular piden abiertamente a un político estadounidense que deje de usar sin permiso una de sus canciones en beneficio propio. A veces, por no compartir sus ideas; otras, por sentir que se está empleando su mensaje de forma poco apropiada; a veces, porque sí, sin más explicaciones. Sting, Boston, Jackson Browne, Bobby McFerrin, Foo Fighters, Heart, Van Halen, John Mellencamp, Rush, Don Henley, David Byrne, Tom Petty, Cindy Lauper... Son sólo algunos de los nombres del universo musical que se las han visto con Sarah Palin, George Bush, Newt Gingrich, John McCain y otros candidatos, tal y como recoge un completo artículo de la revista "Rolling Stone".

La mayor parte de los casos tienen como protagonistas a políticos republicanos, aunque también hay alguno demócrata, como el soulman Sam Moore, que pidió en 2008 a Obama que dejara de utilizar su canción Hold On, I'm Coming.

De todas las anécdotas de encontronazos entre políticos y rockeros, quizá la más famosa sea la que protagonizaron en 1984 Bruce Springsteen y Ronald Reagan. El Jefe de Asbury Park había dejado de ser una promesa con The River, cuando John Landau, en un célebre artículo, dijo que en él había visto "el futuro del rock n'roll". Born in the USA, nueve años después, era el segundo disco más vendido del país durante la campaña que enfrentaba a Reagan con el demócrata Walter Mondale. Asesorado por uno de sus hombres de campaña, que había asistido emocionado a un directo del cantante de New Jersey, Reagan hizo una referencia a su espíritu de trabajo durante un discurso.

El músico le respondió días después durante un concierto haciendo alusión a un disco anterior, Nebraska, cuyas letras están plagadas de perdedores sin esperanza, asesinos en el corredor de la muerte y policías fatalistas. Fue la forma de Springsteen de situarse frente a Reagan y de entrar, por primera vez en su vida, en política. Una inclinación que no ha abandonado desde entonces. Sobre Born in the USA, aún hoy puede leerse en su web oficial: "El título que da nombre al disco se confunde a menudo con un himno patriótico". Vista su trayectoria posterior -ahí está la gira de 2004 contra Bush- está claro que alguien no le tomó bien la medida política.